default

¡No son suficientes!


En recientes ediciones de El Panamá América, aparecieron artículos sobre convenios firmados por Casa Esperanza con otras instituciones, destinados a proveer instalaciones físicas y otras facilidades para atender y, en cierta medida, solventar la problemática de los niños en la calle. Según nos percatamos, en una etapa inicial se han proyectado instalaciones para las provincias de Colón y Panamá; no tenemos la certeza, aunque tampoco podemos negarlo, de alguna para el interior de nuestra República.
En fecha posterior y en el mismo diario aparece información originada, se dice, del Instituto de Estudios Interdisciplinarios, adscrito al Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, que alude a la asignación de dos a tres millones de balboas para, entre otras tareas, la asistencia económica a las familias de los niños en la calle, con el fin, creemos, de eliminar las causas que motivaron la salida de éstos del entorno hogareño.
Eventos previos a los resumidos en los dos parágrafos que anteceden, dan fe de lo que destacamos en publicaciones que preceden a ésta, concretamente: El loable empeño de la Dirección Superior del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, principalmente en desmovilizar a los integrantes de las bandas juveniles, capacitarlos para un oficio legítimo y luego, incorporarlos al mercado laboral, principalmente privado, pues el sector público no posee la capacidad de generación de empleo para satisfacer la demanda de los aspirantes.
En esfuerzo paralelo, la Dirección Superior del Ministerio de Educación toma medidas que buscan conjurar la violencia estudiantil, partiendo del reconocimiento que una solución realista posee un mínimo porcentaje de medidas administrativas, que los factores que generan la violencia son de naturaleza intra y extra escolar, que la respuesta correcta no yace en la reacción represiva y que el remedio eficaz ha de contar con apoyo económico, participación profesional, familiar y de los grupos organizados de la sociedad civil.
Lamentablemente las instalaciones existentes y en proceso de creación de Casa Esperanza, a lo sumo, podrán dar cabida a unos pocos centenares de niños en las situaciones extremas ya descritas. Quedará una inmensa mayoría sin atención y marcada para el resto de sus vidas por una niñez sin afecto y plagada de carencias. Y lo que nos parece estéril, es el énfasis en el método curativo, pues poco se prevé para eliminar la cantera de la cual emergerán futuras generaciones de niños en la calle, los hogares disfuncionales con su cuadro de miseria. Resulta ingenuo concebir que, con escasos tres millones asignados al Instituto de Estudios Interdisciplinarios para las familias de los niños en la calle, se atenderá en forma efectiva a todos los hogares de donde salen estos miles de seres que deambulan por nuestra geografía nacional.
En el párrafo tercero alabamos el empeño puesto por la Dirección Superior del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia. Pero lo que vaticinamos ya ha comenzado a ocurrir: decepcionados por la pobre oferta de plazas de trabajo, los ex-integrantes de estas bandas manifiestan su inconformidad; no podemos garantizar cuánto tiempo se limitarán a las protestas pacíficas y continuarán distanciados del fenómeno del pandillerismo. Nos regocijó el esfuerzo inicial de la Dirección Superior del Ministerio de Educación. Pero no conocemos de la asignación adecuada de recursos económicos, de suficientes profesionales idóneos para tratar la violencia intrafamiliar y a los adolescentes víctimas de ella, de empleos a los cabezas de familia para neutralizar las tensiones propias de la pobreza y de integrantes de organizaciones cívicas, que contribuirán a la solución, según su vocación profesional. Sin tales recursos materiales y humanos, una verdadera y permanente solución parece lejana.
No censuramos los esfuerzos descritos en los primeros cuatro parágrafos de este artículo. Por el contrario, nos parecen magníficos y aplaudimos a las personas con la sensibilidad social, capacidad, tenacidad y valor para iniciar el camino hacia una solución. Pero, ¡no son suficientes! Imposible conformarnos con la actitud de "¡por algo hay que empezar!", como excusa para dejar de evolucionar más allá de los primeros y modestos esfuerzos. Requerimos de una asignación de recursos muy superior, puesto que el fenómeno del crecimiento demográfico pronto hará que nuestro actual nivel de inversión económica, material y humana (profesional y social) decrezca de la calidad de insuficiente a la de ridículo. Urge superar la mentalidad curativa y transitar hacia la prevención de los fenómenos sociales que fuerzan a los niños a salir de sus hogares a edad prematura; de no lograrlo, nuevas generaciones de niños en la calle crecerán para reemplazar a los que atendemos actualmente, así sea eficazmente.
Ya por remitir estos párrafos para su publicación, examinamos el artículo "Municipio amigo de la niñez y adolescencia" (sic), atribuido a Rosa Guizado y leído en El Panamá América, 18/8/2000, pág. D20. Nos complace la decisión del Municipio de David y la presentamos como ejemplo de las aportaciones que desde distintos sectores se han de hacer para lograr la coordinación a la cual se alude.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América