default

No todo lo que brilla es oro


Así dice un conocido adagio para prevenirnos que no nos dejemos guiar por las apariencias. En días pasados se llevó a cabo en Panamá una reunión de los gobernadores del Banco Mundial presidida por su Presidente. Nos percatamos de ello gracias a los medios de comunicación que suministraron cobertura al inicio del acto. Sin embargo, inesperadamente se les instó a retirarse "por cuanto a que los temas que allí se tratarían no eran para el conocimiento público". ¿Qué es lo que tanto oculta el Banco Mundial? ¿Por qué no desean que el público se entere de sus deliberaciones? ¿O se trata, más bien, de una decisión a nivel local del MIPPE para que el pueblo no se entere de la realidad económica producto de las medidas neoliberales implantadas por este gobierno? Eso está por verse.
Sea como sea deseamos traer a la atención de los apreciados lectores algunas consideraciones obtenidas de la lectura del libro intitulado "Cincuenta años es suficiente" que es un compendio de diferentes artículos que versan sobre aspectos todos referentes al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Se indica en uno de sus apartes que el Banco Mundial fue creado para fomentar el desarrollo, lo que significa "crecimiento", que está muy bien siempre y cuando sea controlado puesto a que "el crecimiento sin control" es casualmente el comportamiento de las células cancerosas.
El Banco Mundial, cuando se trata de la salud, el hambre y el trabajo sólo lo hace retóricamente pero su elocuencia no puede traducirla en acción. Su conservacionismo le impide concederle prioridad a la pobreza. La reducción de la pobreza la concibe solamente con ayudas humanitarias, además de que sus gobernadores no han sido empleados para el logro de la reducción de la pobreza.
En vez de estar el Banco Mundial sujeto a la medición absurda de un crecimiento incoherente sus metas deben ser dirigidas en términos de la reducción de la pobreza cada año en cada país y tratar, sino liberar al mundo de la pobreza, al menos disminuirla. Y es que la actual concepción que algunos erradamente tienen de la pobreza no ayuda a combatirla. Esta errada concepción descansa en el hecho de que los pobres son los únicos responsables de su estado. Que son pobres porque son perezosos, carentes de iniciativa y con viciosos hábitos como lo son las drogas y el alcohol. Esa falsa premisa los lleva a la creación de programas para combatir los malos hábitos y no lo que los causa.
Si damos una mirada global a la política del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional podemos percatarnos que los objetivos de estas dos instituciones están muy lejos de ser los que pregonan. Su principal propósito ha sido el integrar a los países al capitalismo mundial, dominado por las gigantes corporaciones internacionales. A través de los años el Banco Mundial se ha convertido en el árbitro que determina cuáles países recibirán préstamos internacionales y así logran que los países del tercer mundo se sujetan a las reglas de Washington, similares a tiempos de la colonia. La política de esta institución financiera persigue el repago de la deuda externa, o sea el traslado de la riqueza de los países del Tercer Mundo a los bancos y países industrializados. Poco les importa las devastadoras consecuencias que este hecho ha originado a las mayorías. el dinero que ha podido ser invertido en salud, habitación, educación y fuentes de trabajo ha tenido que ser trasladado a los ricos para engrosar más aún sus arcas.
El economista Kevin Donaher nos dice en contraposición a lo que las autoridades del MIPPE siempre han querido hacer ver, que a pesar de la declinación de las economías de los países bajo el tutelaje del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, estas instituciones insisten en sus políticas económicas, como único medio para fomentar el desarrollo. Los líderes del Tercer Mundo se les ha dicho que para conseguir nuevos empréstitos tienen que pagar los préstamos viejos y deben además implementar ajustes estructurales que incluyen: la venta de bienes estatales al sector privado con el objeto de hacer los gobiernos más eficientes; subir los precios de los productos agrícolas para que los agricultores tengan el incentivo de crecer y mercadear más comida; devaluar sus monedas nacionales para hacer más competitivos sus productos en el mercado internacional; reducir el déficit en presupuesto gubernamental cortando los subsidios al consumidor y cobrar por los servicios de salud y educación; promover el libre mercado bajando las medidas proteccionistas y reduciendo la regulación del sector privado y finalmente crear los atractivos necesarios para atraer el capital extranjero. La situación, no obstante la aplicación de estas medidas, más que mejorar ha empeorado. Y esto es comprensible, finaliza exponiendo Kevin Donaher y explica, en cierta manera, el porqué se ocultó a la ciudadanía lo tratado en la última reunión de gobernadores celebrada en Panamá: "El personal del banco vive y trabaja confortablemente en Washington, con todo el lujo del caso, viajando y hospedándose en primera clase, fuera de contacto con las realidades de la pobreza del Tercer Mundo. El personal del Banco Mundial trata fundamentalmente con ministros y funcionarios de alta jerarquía, son simplemente burócratas que hablan confidencialmente con autócratas obteniendo información de los gobiernos sobre el pago de la deuda".
Jesse Jackson, quien habló ante 11 Jefes de gobiernos africanos, denunció las políticas del Banco Mundial en mayo de 1993, cuando el Banco Mundial cumplía 50 años y expresó que ya no se usan balas ni sogas contra los países no desarrollados, ahora se usa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Se comenta que más de un tercio de los programas del Banco Mundial terminan en el fracaso, lo que ha llevado en círculos íntimos de la política de los Estados Unidos a cuestionar su credibilidad y legalidad.
Muchos han considerado que el Banco Mundial es una institución fuera de tiempo y lugar y que debe cesar de tantas mentiras y secretos. Que debe aprender de sus fracasos, no sólo de sus proyectos sino de sus fundamentos. El mundo, quien fue que le prestó su nombre, ya tiene suficiente de mentiras y secretos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América