Noé y Pipo, dignos de emular
Noé y Pipo, dignos de emular
Corrían los años de 1960 y 1970, cuando conocimos a Noé Alvarado Lay y a Luis "Pipo" Celis Gamboa, en el mundo deportivo del baloncesto.
Heriberto Torres A.
Educador
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Los dos fueron estrellas deportivas que representaron a nuestro país en torneos mundiales y olímpicos; y también supieron destacarse en puestos públicos. Pero a ambos les sacudió en la década del 80 -no recuerdo el año, pero eso no es lo más importante- accidentes que los dejó físicamente limitados en su funcionamiento corporal. Debió ser un instante trágico-doloroso a nivel personal y familiar, pero estos hombres, de cientos de encuentros con el aro y el balón, no se deprimieron y quizás, como fuertes conciencias formadas en una cancha donde se requiere coraje, inteligencia, perseverancia, paciencia y aprobación de lo colectivo para triunfar, aceptaron su nueva realidad de minusválidos para hacer un replanteamiento de sus vidas: descubrieron y desarrollaron otras cualidades que los hacen presentes y útiles a la sociedad.
Jamás se dieron por vencidos y tomaron la vida como un juego continuo que va más allá de la muerte física. Hoy Noe produce y dirige el programa radial "Despierta Darién" -pues ama mucho a su provincia-; y Pipo es nuestro talentoso subdirector del Instituto Nacional de Deportes.
Lastimosamente, el espacio para esta narración es muy corto y mi capacidad de sintetizar es deficiente ante una experiencia que alcanza los niveles de novela. Sin embargo, sí propongo destacar, para un mundo en que quiere reinar el desamor, el pesimismo y toda clase de oportunismos, que seres como Noé y Pipo son excepcionales; que debemos destacar y emular para mantener la fe en la capacidad divina de dar respuesta más allá de los sentidos en un cuerpo con dones que traspasa lo físico. Bienaventurados sean Noé y Pipo.