Nóminas, alianzas y aportes económicos
El acto de confeccionar un listado de candidatos, sean éstos de uno, varios o ningún partido, pero amparados en la bandera de un colectivo vigente reconocido por las leyes electorales, cumple las características de las nominaciones, siempre que cada uno llene los requisitos constitucionales y electorales para los cargos a los que aspire.
Aunque en muchos casos, esos espacios o derechos van comprometidos con determinadas aspiraciones e intereses de quien las faculta (el partido o bandera), no siempre llenan las expectativas, ni se honran los deberes, desvirtuándose el objetivo programático que se persigue en la administración y ejercicio del poder.
Las experiencias de los "saltamontes arnulfistas" en la democracia cristiana, es la más reciente. La alianza es otra cosa. Puede incluir candidaturas en las nóminas entre partidos aliados, casi siempre en aquellos sectores donde las sumatorias de los votos de una alianza pudieran ser mayoritarias, y donde sólo exista un cargo en disputa. Nada obliga a comprometer paritariamente los cargos a elecciones, ni las cabezas de las nóminas presidenciales.
Los objetivos que se proyectan regularmente son los políticos y programas para abordar los principales temas nacionales. Ubicación de metas y conformación de los equipos humanos-políticos que mejor puedan desempeñarse, siempre que sus fuerzas y peso específicos vayan en correspondencia con las responsabilidades de las gestiones; a fin de garantizarle suficiente apoyo al programa una vez en gobierno.
Para los partidos grandes, mayoritario es el mecanismo que puede servirles para lograr más espacios y presencia en el escrutinio electoral. O sea, tener credenciales que facultan la participación organizada que respalde el voto emitido a su favor, o inducirlos con una atractiva participación en las mesas de votación, juntas circuitales, provinciales y nacionales de elección.
En el "argot electorero" panameño hay un viejo adagio que caracteriza la importancia del jurado de mesa o representante electoral: "Quien escruta, elige". Después de 1990, este recurso estratégico ha ido perdiendo sustancia docrinal, es decir, principios políticos.
El oportunismo y pragmatismo político ha reemplazado la ética y la cultura política. Hemos sido testigos de alianzas heterogéneas y antagónicas en sus filosóficas y fines. Luego en el poder (1992) hicieron crisis. El PRD, en 1994 corrió solo. Una aventura peligrosa que tuvo que rectificar en medio del escrutinio, para poder ser proclamado su triunfo. Hecho más característico de la importancia que destacamos anteriormente no hay.
Esa alianza post-electoral varió sustancialmente el comportamiento del gobierno, con el partido mayoritario (PRD), en la proyección pragmática, y en las promesas y responsabilidades electorales.
La nueva modalidad electoral apunta a destacar a los "consortes", los nuevos amigos o aquello que sin ser grandes políticos, tenga acceso a los grupos económicos fuertes (las transnacionales, multinacionales y bancos), así como a los financieros nacionales y medios de comunicación. Esos ocupan las nóminas presidenciales, sin importar mucho qué liderazgo disputen las legislativas y los consejos o alcaldías. Como si se tratara de otros gobiernos o territorios. Es allí donde se desvirtúan de antemano los objetivos pragmáticos.
Lo malo no es que participen con su dinero estos sectores, toda vez que también son parte de la sociedad panameña. Lo inaudito es que esos recursos sólo se inviertan en las cabezas de las nóminas. O sea, los presidenciales, a través de la costosísima publicidad electoral.
Es a esas cabezas o niveles de gestión donde los cotizantes van a exigir cuentas. Que no se les afecte su estatus, o que se les privilegie en la mayoría de los casos. Aunque esta práctica riña con principios, estatutos o programas. De ahí que la decadencia, corrupción y falta de transparencia generalizada tengan su génesis en otras motivaciones, en la cuota económica electorera sin restricciones ni reglamentación.
En cuanto los aportes económicos de las campañas alcancen todos los niveles de participación electoral de forma paritaria entre candidatos de similares cargos y circunscripciones en los colectivos políticos, estaremos mejorando la democracia participativa y la acción política.
Aunque en muchos casos, esos espacios o derechos van comprometidos con determinadas aspiraciones e intereses de quien las faculta (el partido o bandera), no siempre llenan las expectativas, ni se honran los deberes, desvirtuándose el objetivo programático que se persigue en la administración y ejercicio del poder.
Las experiencias de los "saltamontes arnulfistas" en la democracia cristiana, es la más reciente. La alianza es otra cosa. Puede incluir candidaturas en las nóminas entre partidos aliados, casi siempre en aquellos sectores donde las sumatorias de los votos de una alianza pudieran ser mayoritarias, y donde sólo exista un cargo en disputa. Nada obliga a comprometer paritariamente los cargos a elecciones, ni las cabezas de las nóminas presidenciales.
Los objetivos que se proyectan regularmente son los políticos y programas para abordar los principales temas nacionales. Ubicación de metas y conformación de los equipos humanos-políticos que mejor puedan desempeñarse, siempre que sus fuerzas y peso específicos vayan en correspondencia con las responsabilidades de las gestiones; a fin de garantizarle suficiente apoyo al programa una vez en gobierno.
Para los partidos grandes, mayoritario es el mecanismo que puede servirles para lograr más espacios y presencia en el escrutinio electoral. O sea, tener credenciales que facultan la participación organizada que respalde el voto emitido a su favor, o inducirlos con una atractiva participación en las mesas de votación, juntas circuitales, provinciales y nacionales de elección.
En el "argot electorero" panameño hay un viejo adagio que caracteriza la importancia del jurado de mesa o representante electoral: "Quien escruta, elige". Después de 1990, este recurso estratégico ha ido perdiendo sustancia docrinal, es decir, principios políticos.
El oportunismo y pragmatismo político ha reemplazado la ética y la cultura política. Hemos sido testigos de alianzas heterogéneas y antagónicas en sus filosóficas y fines. Luego en el poder (1992) hicieron crisis. El PRD, en 1994 corrió solo. Una aventura peligrosa que tuvo que rectificar en medio del escrutinio, para poder ser proclamado su triunfo. Hecho más característico de la importancia que destacamos anteriormente no hay.
Esa alianza post-electoral varió sustancialmente el comportamiento del gobierno, con el partido mayoritario (PRD), en la proyección pragmática, y en las promesas y responsabilidades electorales.
La nueva modalidad electoral apunta a destacar a los "consortes", los nuevos amigos o aquello que sin ser grandes políticos, tenga acceso a los grupos económicos fuertes (las transnacionales, multinacionales y bancos), así como a los financieros nacionales y medios de comunicación. Esos ocupan las nóminas presidenciales, sin importar mucho qué liderazgo disputen las legislativas y los consejos o alcaldías. Como si se tratara de otros gobiernos o territorios. Es allí donde se desvirtúan de antemano los objetivos pragmáticos.
Lo malo no es que participen con su dinero estos sectores, toda vez que también son parte de la sociedad panameña. Lo inaudito es que esos recursos sólo se inviertan en las cabezas de las nóminas. O sea, los presidenciales, a través de la costosísima publicidad electoral.
Es a esas cabezas o niveles de gestión donde los cotizantes van a exigir cuentas. Que no se les afecte su estatus, o que se les privilegie en la mayoría de los casos. Aunque esta práctica riña con principios, estatutos o programas. De ahí que la decadencia, corrupción y falta de transparencia generalizada tengan su génesis en otras motivaciones, en la cuota económica electorera sin restricciones ni reglamentación.
En cuanto los aportes económicos de las campañas alcancen todos los niveles de participación electoral de forma paritaria entre candidatos de similares cargos y circunscripciones en los colectivos políticos, estaremos mejorando la democracia participativa y la acción política.