Nóminas en el Seguro
Es de muy vieja data la realidad creada por sindicatos obreros, asociaciones de asegurados y grupos de jubilados que hacen de todo para que sus respectivas nóminas sean agraciadas en las selecciones para miembros de la Junta Directiva y Director de la Caja de Seguro Social.
En esta ocasión, y ante el cadáver financiero de la Caja de Seguro Social, las disputas internas en esos gremios han llegado al paroxismo. Para 10 posibilidades de candidaturas hay 13 personas incorporadas a nóminas, cuya ilegalidad es abrumadora.
Adicionalmente, la Ley sólo admite cuatro nóminas que deben presentarse ante la Junta Directiva del Seguro, la que hará las recomendaciones finales correspondientes.
A fin de agregarle sal a la herida, hay nombres repetidos en varias nóminas para Director de la Caja de Seguro Social. Y el presidente de la Junta Directiva anuncia que, por no haber solución legal, según su criterio, revisará todas las nóminas presentadas, sin importar que ello excede el marco legal.
Si todo ello sucediera con una Caja de Seguro Social sin déficits actuariales por todas partes, es decir, sin situaciones reales y muy próximas de desplome financiero, que cada cual haga lo que desee, al margen de la Ley. Pero la realidad es otra y muy distinta, como bien se sabe. Los grupos aludidos, que se abroquelan tras sus nóminas, aunque sean ilegales, parece que no saben que recuerdan a Luis XVI, quien sin percatarse de que le estaba próxima la guillotina, se refería al 14 de julio francés, calificándolo como una simple rebelión y no, según le dijo su camarero, como una revolución. Luis XVI terminó en la guillotina.
Nosotros estamos en la lista de los asegurados que fueron inscritos en la Caja, en el año de gracia de 1941, y ahora nos encontramos en la categoría de jubilados. Somos testigos de la escandalosa forma en que los que en estos últimos años han dado en llamarse "la clase política" han contribuido, por acción u omisión, al desfalco del Seguro, "sin perdón de Dios". Somos testigos de los fraudes representativos que abundaron en la Caja de Seguro Social, porque las flamantes representaciones de asegurados, jubilados y otros "ados", no pocas veces hicieron cambalache con sus votos, por cualquier prebenda.
¿Cuándo regresará un Jesús, para que saque del templo a los mercaderes? El señor John Bennet, conocido empresario y ex presidente de los Ejecutivos de Empresas, acaba de reiterar que "el Seguro Social es una estafa, que actualmente acepta dinero de quienes cotizan a sabiendas de que no tiene dinero cómo pagarles el día de su jubilación". Añadiendo que "el problema que afecta a la entidad no lo resolverá un Director, porque se trata de una situación estructural que debe corregirse partiendo de la ley que crea la institución".
Nosotros insistimos en que esa "clase política" se ha descalificado ella misma para continuar administrando la Caja de Seguro Social, porque es la responsable principal de la catástrofe financiera de esa institución, a través de toda su triste historia: los "préstamos" a gobiernos nominadores y a particulares influyentes, que nunca se pagaban; creación de una burocracia sinónimo de cáncer, robos descarados en la adquisición o venta y compra de insumos; etcétera, etcétera.
¿Quién le pone el cascabel al gato? Los últimos gobiernos se han dedicado a hurtarle el cuerpo al problema; a las demás artes conocidas, y cuando haya un gobierno distinto, buscará medidas honestas y bien planificadas, para llevarlas al pueblo y lograr su apoyo insustituible. Se trata de la única institución que puede ser garantía de salud para un millón de asegurados y para 130 mil jubilados, que no tendremos otro palo en el cual ahorcarnos. Ese Gobierno buscará un personal probo, capaz y conocedor, para que ese equipo dirija el nuevo funcionamiento de la Caja. De otra manera, los afectados, casi un millón de asegurados; y los jubilados, unos 130 mil, tendremos que ver cómo pasa un cadáver: la ex Caja de Seguro Social.
En esta ocasión, y ante el cadáver financiero de la Caja de Seguro Social, las disputas internas en esos gremios han llegado al paroxismo. Para 10 posibilidades de candidaturas hay 13 personas incorporadas a nóminas, cuya ilegalidad es abrumadora.
Adicionalmente, la Ley sólo admite cuatro nóminas que deben presentarse ante la Junta Directiva del Seguro, la que hará las recomendaciones finales correspondientes.
A fin de agregarle sal a la herida, hay nombres repetidos en varias nóminas para Director de la Caja de Seguro Social. Y el presidente de la Junta Directiva anuncia que, por no haber solución legal, según su criterio, revisará todas las nóminas presentadas, sin importar que ello excede el marco legal.
Si todo ello sucediera con una Caja de Seguro Social sin déficits actuariales por todas partes, es decir, sin situaciones reales y muy próximas de desplome financiero, que cada cual haga lo que desee, al margen de la Ley. Pero la realidad es otra y muy distinta, como bien se sabe. Los grupos aludidos, que se abroquelan tras sus nóminas, aunque sean ilegales, parece que no saben que recuerdan a Luis XVI, quien sin percatarse de que le estaba próxima la guillotina, se refería al 14 de julio francés, calificándolo como una simple rebelión y no, según le dijo su camarero, como una revolución. Luis XVI terminó en la guillotina.
Nosotros estamos en la lista de los asegurados que fueron inscritos en la Caja, en el año de gracia de 1941, y ahora nos encontramos en la categoría de jubilados. Somos testigos de la escandalosa forma en que los que en estos últimos años han dado en llamarse "la clase política" han contribuido, por acción u omisión, al desfalco del Seguro, "sin perdón de Dios". Somos testigos de los fraudes representativos que abundaron en la Caja de Seguro Social, porque las flamantes representaciones de asegurados, jubilados y otros "ados", no pocas veces hicieron cambalache con sus votos, por cualquier prebenda.
¿Cuándo regresará un Jesús, para que saque del templo a los mercaderes? El señor John Bennet, conocido empresario y ex presidente de los Ejecutivos de Empresas, acaba de reiterar que "el Seguro Social es una estafa, que actualmente acepta dinero de quienes cotizan a sabiendas de que no tiene dinero cómo pagarles el día de su jubilación". Añadiendo que "el problema que afecta a la entidad no lo resolverá un Director, porque se trata de una situación estructural que debe corregirse partiendo de la ley que crea la institución".
Nosotros insistimos en que esa "clase política" se ha descalificado ella misma para continuar administrando la Caja de Seguro Social, porque es la responsable principal de la catástrofe financiera de esa institución, a través de toda su triste historia: los "préstamos" a gobiernos nominadores y a particulares influyentes, que nunca se pagaban; creación de una burocracia sinónimo de cáncer, robos descarados en la adquisición o venta y compra de insumos; etcétera, etcétera.
¿Quién le pone el cascabel al gato? Los últimos gobiernos se han dedicado a hurtarle el cuerpo al problema; a las demás artes conocidas, y cuando haya un gobierno distinto, buscará medidas honestas y bien planificadas, para llevarlas al pueblo y lograr su apoyo insustituible. Se trata de la única institución que puede ser garantía de salud para un millón de asegurados y para 130 mil jubilados, que no tendremos otro palo en el cual ahorcarnos. Ese Gobierno buscará un personal probo, capaz y conocedor, para que ese equipo dirija el nuevo funcionamiento de la Caja. De otra manera, los afectados, casi un millón de asegurados; y los jubilados, unos 130 mil, tendremos que ver cómo pasa un cadáver: la ex Caja de Seguro Social.