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Normalización de las relaciones EE.UU.-Cuba


Pensar que no es asunto que nos concierna, es errado. En el mundo de hoy tanto nos afectan los ataques terroristas a la infraestructura hotelera de Bombay, India, como la masiva migración africana, musulmana y del Este a Europa. Siendo así, con mayor razón lo que atañe las relaciones entre Estados Unidos (EE.UU.) y Cuba. El mercado turístico continental, por ejemplo, no sería el mismo, si ambos países se entendieran.

Como era de esperar, con la elección del doctor Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, se han multiplicado los gestos de buena voluntad de Cuba, a través de su gobernante actual, comandante Raúl Castro. Quieren normalizar las relaciones comerciales y terminar con el embargo económico que aflige a la isla.

Los expertos anticipan que, si hay aproximación, no será gratuita. El régimen cubano tendría que mejorar la situación de los derechos humanos y, en particular, sus libertades políticas y sociales. Y en ese sentido, lo más seguro es que Raúl Castro, en la medida que pueda consolidar su poder, ahora mediatizado por la presencia de su hermano Fidel, fuerte aún pese a sus achaques, no tendría reparos en montar la plataforma para la supervivencia de su partido, en un período de transición, con miras a un nuevo rejuego político, conforme al modelo del PRD panameño. Pero, en esa línea, uno de los mayores problemas a superar, será la temida rendición de cuentas para quienes, habiendo ejercido el poder absoluto, salgan de él, según la experiencia de Pinochet, Milosevic y tantos otros sátrapas.

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