Nosotros, los accionistas de la ACP
Hace algunos meses tuve la oportunidad de escuchar una charla de un funcionario de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), en la que el expositor reiteradamente nos llamaba a los que conformábamos su audiencia, “ustedes, los accionistas de la ACP”. Me enteré, así, que tengo acciones en esta hoy empresa, cada vez más mercantilizada. Me siento accionista del Canal porque soy panameña, pero como tal también recuerdo con fervor los sacrificios, el sudor, las lágrimas y la sangre que se derramó para alcanzar que fuera nuestro. Soy, pues, según se me dijo, accionista más bien de la empresa que lo maneja, sin voz ni voto por supuesto; pero a medida que pasan los días y voy conociendo hechos, aumenta mi inquietud como tal.
Soy curiosa y quisiera conocer las razones que mueven tales hechos inquietantes. Por ejemplo, ¿por qué se ha desatado esa insistente, permanente y muy costosa propaganda por distintos medios de comunicación: periódicos, revistas, El Faro, televisión, tan reiterada esta última, que como resultado cada vez más los televidentes optan por cambiarse de canal cuando ella empieza? ¿Qué es lo que se persigue con ella? Todos sabemos que el Canal es nuestro y que está siendo bien manejado. ¿Por qué repetirlo constantemente?
Se ha optado también por decir que los beneficios derivados del Canal se distribuyen por todo el país. En esto sí no estamos tan seguros. ¿Cómo nos lo prueban? Por otra parte, ¿cuánto está costando esta innecesaria propaganda?
A través de la Defensoría del Pueblo se ha hecho público el listado del personal de la empresa y de los salarios que devengan. Realmente, en general, son muy altos y creo que tal vez son merecidos; pero me pregunto, ¿por qué nosotros, los “accionistas”, debemos pagar al cocinero del director, quien recibe un muy jugoso salario, la suma de más de 1900 balboas mensuales de sueldo, amén a un trabajador doméstico que recibe un sueldo mensual de más de 1500 balboas?
¿Por qué el director ha pasado a vivir en la casa que fue del “gobernador” de lo que se llamó la Zona del Canal? ¿Por qué esa casa más bien no se ha convertido en un museo de nuestras luchas y nuestro éxito final? Así nosotros, los “accionistas”, pagaríamos con gusto el salario, por cierto, muy alto del jardinero, que cuida sus jardines. Hacerlo en las presentes circunstancias incomoda. Proporcionar una casa a los empleados norteamericanos era una de las canonjías que su gobierno acostumbraba dar a los empleados del Canal como aliciente por residir fuera de su país, en lo que consideraban -¡qué ironía en este caso!- “trying conditions” (condiciones difíciles). Evidentemente, el caso actual es otro y lo lógico sería que el director, panameño y que vive en Panamá, residiera en su propia vivienda.
De unos meses a esta parte la ACP está tomando acciones que la extralimitan en sus funciones: distribuye títulos de propiedad entre campesinos, realiza giras médicas, imparte enseñanzas sobre técnicas de cultivo y otras más... ¿Por qué lo hace si lo adecuado es que entregue los fondos para su realización a las entidades estatales que tienen esas funciones? ¿No se da cuenta que esa actitud da pábulo para que se tejan las más variadas especulaciones al respecto como en realidad ya ocurre?
“Zapatero a tus zapatos” dice el refrán, y a la ACP le corresponde seguir haciendo lo suyo y cumpliendo con el Estado en la forma que la Ley le indica. De esta manera continuará recibiendo el reconocimiento de la ciudadanía y evitará crear suspicacias que sola a ella perjudican.
No es mi intención discutir aquí el muy espinoso y controvertido asunto de la llamada Cuenca Occidental. Eso requeriría un tratamiento aparte, hecho por especialistas en esos temas.
Para terminar mis reflexiones como “accionista”, yo sólo debo expresar que es un sentimiento actualmente muy generalizado la necesidad que la ACP realice en su manejo los ajustes necesarios que la coloquen a un nivel acorde con la realidad nacional y el sentir de los panameños.
Soy curiosa y quisiera conocer las razones que mueven tales hechos inquietantes. Por ejemplo, ¿por qué se ha desatado esa insistente, permanente y muy costosa propaganda por distintos medios de comunicación: periódicos, revistas, El Faro, televisión, tan reiterada esta última, que como resultado cada vez más los televidentes optan por cambiarse de canal cuando ella empieza? ¿Qué es lo que se persigue con ella? Todos sabemos que el Canal es nuestro y que está siendo bien manejado. ¿Por qué repetirlo constantemente?
Se ha optado también por decir que los beneficios derivados del Canal se distribuyen por todo el país. En esto sí no estamos tan seguros. ¿Cómo nos lo prueban? Por otra parte, ¿cuánto está costando esta innecesaria propaganda?
A través de la Defensoría del Pueblo se ha hecho público el listado del personal de la empresa y de los salarios que devengan. Realmente, en general, son muy altos y creo que tal vez son merecidos; pero me pregunto, ¿por qué nosotros, los “accionistas”, debemos pagar al cocinero del director, quien recibe un muy jugoso salario, la suma de más de 1900 balboas mensuales de sueldo, amén a un trabajador doméstico que recibe un sueldo mensual de más de 1500 balboas?
¿Por qué el director ha pasado a vivir en la casa que fue del “gobernador” de lo que se llamó la Zona del Canal? ¿Por qué esa casa más bien no se ha convertido en un museo de nuestras luchas y nuestro éxito final? Así nosotros, los “accionistas”, pagaríamos con gusto el salario, por cierto, muy alto del jardinero, que cuida sus jardines. Hacerlo en las presentes circunstancias incomoda. Proporcionar una casa a los empleados norteamericanos era una de las canonjías que su gobierno acostumbraba dar a los empleados del Canal como aliciente por residir fuera de su país, en lo que consideraban -¡qué ironía en este caso!- “trying conditions” (condiciones difíciles). Evidentemente, el caso actual es otro y lo lógico sería que el director, panameño y que vive en Panamá, residiera en su propia vivienda.
De unos meses a esta parte la ACP está tomando acciones que la extralimitan en sus funciones: distribuye títulos de propiedad entre campesinos, realiza giras médicas, imparte enseñanzas sobre técnicas de cultivo y otras más... ¿Por qué lo hace si lo adecuado es que entregue los fondos para su realización a las entidades estatales que tienen esas funciones? ¿No se da cuenta que esa actitud da pábulo para que se tejan las más variadas especulaciones al respecto como en realidad ya ocurre?
“Zapatero a tus zapatos” dice el refrán, y a la ACP le corresponde seguir haciendo lo suyo y cumpliendo con el Estado en la forma que la Ley le indica. De esta manera continuará recibiendo el reconocimiento de la ciudadanía y evitará crear suspicacias que sola a ella perjudican.
No es mi intención discutir aquí el muy espinoso y controvertido asunto de la llamada Cuenca Occidental. Eso requeriría un tratamiento aparte, hecho por especialistas en esos temas.
Para terminar mis reflexiones como “accionista”, yo sólo debo expresar que es un sentimiento actualmente muy generalizado la necesidad que la ACP realice en su manejo los ajustes necesarios que la coloquen a un nivel acorde con la realidad nacional y el sentir de los panameños.