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Notas en torno a la muerte de Omar Torrijos


Siendo aún presidente electo, Ernesto Pérez Balladares colocó a Martín Torrijos en el escenario nacional en un acto que se efectuó el 29 de julio de 1994 en Penonomé.
"No dudo de que los próximos cinco años van a marcar la verdadera independencia nacional", dijo Pérez Balladares, expresando su compromiso de luchar por lograr todas las cosas por las cuales Torrijos entregó su vida. En homenaje póstumo a Omar, dio a conocer la designación de Martín Torrijos como viceministro de Gobierno y Justicia (La Prensa 30 de julio de 1994).
Lo anterior indica claramente que Pérez Balladares buscaba dar a su Gobierno un barniz patriótico usando el nombre del general Omar Torrijos y que nombró a Martín por ser hijo de Omar Torrijos.
En septiembre de ese año, el viceministro de Gobierno Martín Torrijos anunció que se abriría nuevamente la investigación sobre la muerte del general Torrijos ya que el cuñado de éste, Marcelino Jaén, tenía pruebas de que había sido causada por mano criminal (La Prensa 8 de septiembre de 1994).
Martín dijo además que el mandatario Ernesto Pérez Balladares se había comprometido a investigar exactamente lo que sucedió (El Panamá América 31 de julio de 1997).
Pero, qué sucedió? Nada. Absolutamente nada se supo del caso porque, como demostraré a continuación, a la cúpula que maneja el PRD no le interesa saber si hubo mano criminal en la muerte de su supuesto ídolo, el general Torrijos.
Eso ha pasado antes. El 17 de septiembre de 1985, después del asesinato del Dr. Hugo Spadafora, cuando el legislador Hugo Torrijos denunció en la Asamblea que el general Torrijos había sido asesinado por la CIA en un complot llamado "Halcón en vuelo", el PRD no respondió (Quiubo 21-28 de noviembre de 1985).
Aunque los jóvenes torrijistas de esa época inmediatamente pidieron una investigación, el PRD se quedó como una estatua de sal.
Pero La República, quizá el diario más mentiroso de la dictadura de los militares y sus socios civiles, usó el nombre de Torrijos para apoyar al nuevo presidente, Eric Arturo Delvalle. Este reemplazaba a Nicolás Ardito Barletta, supuestamente depuesto porque pidió una investigación del asesinato de Hugo Spadafora.
Es curioso que quienes piensan que posiblemente el accidente no fue tal, son familiares del difunto Torrijos o enemigos políticos del general, entre los cuales está quien escribe.
Hablando en nombre propio, afirmo que interesa saber la verdad porque, si hubo un acto doloso que causó la muerte de Torrijos y de las otras personas que viajaban con él, hay que exigir que se haga justicia. Jamás hay que olvidar que la justicia, sino es igual para todos, no es justicia.
Aunque quiero dejar en claro que no tengo suficiente información para opinar que la muerte de Torrijos fue producto de un asesinato, paso a ofrecer a los lectores de El Panamá América algunos de los datos que por años me han causado preocupación.
El primero tiene que ver con un posible móvil de asesinato: el general Torrijos pensaba postularse como candidato a presidente para las elecciones de mayo de 1984.
La información de que Torrijos pensaba postularse como candidato a presidente apareció en un artículo titulado "Carta a Isaías" publicado por el diario Crítica, entonces en manos de la dictadura militar, el 18 de mayo de 1981, dos meses antes de perecer Torrijos.
Aún cuando se ha dicho que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estaría detrás del supuesto asesinato de Torrijos, no veo el motivo por cuanto no pienso que en esa época Torrijos contravenía la política del Gobierno de Estados Unidos de tal manera pra que éste decidiera eliminarlo.
La intención del general Torrijos de postularse como candidato en las elecciones venideras señala más bien al coronel Manuel Antonio Noriega. Esta intención para nada favorecía las ambiciones del ególatra y sicópata que esperaba su turno para ejercer el poder sin control que desde 1968 estaba en manos de Torrijos.
No obstante, de acuerdo con la segunda información que ofrezco, a la CIA se le ha acusado de causar un accidente de aviación para eliminar a un vendedor de armas israelita llamado Amiram Mir, a quien consideraba indeseable (John Loftus y Mark Aaarons, "The Secret War Against the Jews", St. Martin"s Press, 1994, p. 469, 625).
Por supuesto que esto no quiere decir que la CIA estaría involucrada en otro asesinato usando el mismo método. En el caso de Torrijos, lo que sí podría hacer es dirigir nuestra mirada nuevamente a Noriega. Como es sabido, éste tenía un excelente conocimiento en cuanto a bombas y artefactos explosivos, supuestamente debido a su entrenamiento por la CIA.
Es más, en por lo menos una oportunidad se ha comprobado que Noriega y otros miembros de la Guardia Nacional estuvieron involucrados en el uso de artefactos explosivos por motivos políticos.
El caso a que me refiero tuvo lugar en octubre y noviembre de 1976. En esta ocasión, tres bombas explotaron en la Zona del Canal y el Gobierno de Estados Unidos determinó que habían sido colocadas por la Guardia Nacional para ejercer presión sobre los negociadores norteamericanos. Aunque Noriega negó esto con vehemencia, para esta autora una negativa de Noriega equivale a una afirmación (William J. Jorden, "Panama Odyssey", University of Texas Press, 1984, p.333-339).
Hay otros detalles en torno a la muerte de Torrijos que vale la pena ventilar en otra oportunidad, pero hoy traigo el tema a colación por lo siguiente.
Ahora que Martín Torrijos es el candidato presidencial de PRD, nuevamente ha anunciado que ha solicitado que se analice, de forma independiente, la investigación que se hizo sobre la muerte de su padre, el general Omar Torrijos, ocurrida en 1981 y cuyo sumario fue cerrado provisionalmente (La Prensa 6 de enero de 1999).
Es de esperarse que, como la cúpula del PRD cada día hace mayores esfuerzos por controlar a las entidades del Gobierno que estarían involucradas en esta investigación, o no se hará, o quedará en nada, como antes.
Martín debe entender que a la cúpula del PRD no le interesa averiguar la verdad sobre la muerte de Torrijos. Los que dominan a ese partido, o son conocidos por ser amigos personales de Noriega más que deTorrijos, o pasaron al servicio de Noriega sin mayor preocupación después que pereció el general Torrijos, o ascendieron a la palestra política bajo la tutela de Noriega.
Lo que menos les conviene es que se señale con un dedo acusador a Noriega, porque tendrían que explicar al pueblo panameño por qué no investigaron a fondo la muerte del dirigente que ponen como un ídolo en el altar, y porqué apoyaron a Noriega cuando siempre fue temido porque se le conocía como uno de los sujetos más siniestros que ha habido en esta nación.
Esto causaría enormes problemas en la campaña electoral de Martín Torrijos. Además agravaría la división existente en el PRD entre quienes se consideran verdaderos torrijistas y los norieguistas que usan a Martín y al nombre de Torrijos para ganar las elecciones y mantenerse en el poder.

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