Noticieros rojos
Los medios sólo reflejan lo que transcurre en la sociedad, lo que desarrollan los gobiernos, las cosas buenas y malas del día a día. Si en los medios predominan las informaciones de crímenes y robos, es porque suceden. Los medios no inventan los cuatro o cinco muertos por día que registra la violencia delincuencial hoy en Panamá. Tampoco inventan la promoción pornográfica que patrocinan ciertas empresas, ni le dicen a ciertos negocios que manejen de manera reservada sus comercios y logros.
El Gobierno es quizás el mayor proveedor de informaciones en el país, pero sus noticias a menudo son administradas desde enfoques de relaciones públicas, y los medios no están para cuidarle la imagen a ningún gobierno. La misión del relacionista público es decir todo lo bueno que hace su jefe. Desde siempre, los noticieros de radio, prensa y televisión, han desempeñado otro papel, no sólo de informadores, sino de fiscalizadores de la cosa pública. No porque se lo hayan autoasignado, sino por su vocación de canal entre las alturas del poder, tanto político como económico, y de la masa. La misión, entonces, es opuesta: acá estamos pendientes de lo que está mal, con el único fin de corregirlo.
Ciertamente es que, no a muchos les gusta que salgan a la luz pública manejos dolosos, asaltos al erario público, o estafas como las denunciadas en el FIS. Pero entre el gusto de los fomentadores y la objetividad de la información, los medios tienen que optar por esta última. Claro que si alguien tiene forma de probar que, lejos de la objetividad, un medio se ha comprometido con posiciones o intereses, entonces debe denunciarlos ante los establecimientos de justicias.