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Novedosos atractivos para nuestro turismo


Si no metemos la pata al alto grado usual, no hay duda que podremos convertir el turismo en un renglón económico de gigantescas proporciones.
Ya muchos han enumerado las múltiples atracciones que tiene Panamá y que resultarían de gran interés para los visitantes extranjeros y, pensándolo bien, también para los nacionales.
La “saga” de la Casa de Punta Mala sería un gran filón que podríamos explotar. Lo primero sería expropiar la susodicha casa cuando llegue el momento propicio (la idea me la sugirió un amigo). Segundo, se escribirían los altos y bajos de su construcción, qué partida gubernamental se usó para ella y su venta final, casualidad de casualidades, al hermano menor de la presidenta. Con un poquito de suerte y con mucha laboriosidad, se podría reflotar el HP-1430 y exhibirlo en un nicho cerca de la mansión de marras. Este también tendría su leyenda. Los guías turísticos podrían contar la historia verazmente, con pelos y señales, para beneplácito de los visitantes. Más aún, se podrían agregar la refrigeradora, con todo y congelador, de donde provino la expresión “durodólares”. Los turistas, ciertamente, nos darían buena propaganda porque no cabe duda que se desternillarían de risa al oír detalles veraces, por no decir históricos, del quinquenio mireyista.
La afluencia de turistas, por supuesto, tendría sus desventajas. Por ejemplo, por fuerza se debería narrar la historia de nuestro Canal, no sólo cuando fue construido y controlado por los norteamericanos; sino principalmente, una vez que Panamá recuperó su vía acuática. Tendría que salir a relucir si se va a expandir la capacidad del canal para permitir el paso de los barcos Post-panamax y, agrego yo, tendremos que asegurarnos que tal expansión sea sin lugar a dudas Pro-Panamá.
Por consiguiente, a muchos panameños nos preocupa sobremanera que no se haya llevado a cabo un debate cabal, integral, acerca de la conveniencia de agregar, por ejemplo, un juego de esclusas para los Post-panamax.
Hasta ahora la percepción bastante generalizada ha sido que la decisión de expansión canalera ya está hecha. Yo no tengo suficientes conocimientos técnicos para analizar este importantísimo tema. Sin embargo, los aspectos profesionales y técnicos deben ser objeto de debate público.
Me preocupa que hipotequemos a nuestras futuras generaciones pro mundi beneficio, cuando estoy seguro que países ricos e industrializados tienen un enorme interés en que nosotros gastemos $7-10 mil millones para que puedan transitar por el canal, sepa Moya qué porcentaje de los Post-panamax que existen o se construyan a futuro. En breve, creo que esos países ricos deben aportar si es que les conviene.
Aquí los pudientes podrían ganarse muchos millones más con la expansión señalada, pero los hijos de la cocinera, mayormente, tendrían que sufragar el costo, sin seguridad alguna de que su calidad de vida se verá mejorada, enriquecida. Pero debo regresar al tema inicial del turismo.
222...por fuerza se debería narrar la historia de nuestro Canal, no sólo cuando fue construido y controlado por los norteamericanos; sino principalmente, una vez que Panamá recuperó su vía acuática.
Como se ha requeteplanteado, Panamá necesita erradicar al máximo posible los actos de corrupción que últimamente se suceden como capítulos de “Los Sopranos”. Así todos los panameños, de todos los niveles, debemos mejorar nuestra cultura del “juega-vivo”, y reducir a su mínima expresión la violencia, tanto contra nosotros mismos como contra los turistas.
Es imprescindible, igualmente, que refinemos nuestras estructuras democráticas. Los inversionistas y turistas extranjeros se fijan en estos detalles, aunque parezca mentira.
Hace poco al ver en El Panamá América (24/6/03) la caricatura del ampliamente sonriente Josemigue, pero que proyectaba la sombra de todos saben quién, recordé a Claudia de Colombia cantando: La sombra, la sombra, la sombra. Esta caricatura de tamaño gigante también se podría agregar al nicho en Punta Mala. No pretendo ser ni gracioso ni sarcástico.
Pienso en el turismo y como dicen los gringos, “Business is business”.

101 años de Panamá América

 
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