Nubarrones de violencia
Según el Banco Mundial, América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo, con una tasa de homicidios de 20 por cada cien mil habitantes. Las tasas de homicidios de Panamá por cada cien mil habitantes que era de 2.1, pero a fines de los setenta e inicios de los ochenta se quintuplica en 10.9 una década después, la que es superior a la de Estados Unidos (10.1). La mayoría de los homicidios se producen en calles y vecindarios, cometidos por jóvenes varones que asesinaban a otros varones. También es creciente la violencia contra niños y mujeres.
La importancia proporcional de los homicidios dentro de las causas externas de muerte en Panamá que se había incrementado del 5% en el período 1980-1085 al 15 % en el período 1985-1990, alcanza el 20% entre 1990-1994. La tasa de muertes de homicidios en los hombres en los noventa llega a ser entre cinco y diez veces mayor que las mujeres, y las de suicidios cerca de cuatro veces mayor. La tasa de homicidios disminuye a partir de los 45 años en ambos sexos. En los noventa se acentúan las medidas de ajuste neoliberal en el marco de la globalización con sus saldos de modernización, degradación ambiental y exclusión social. Se acentúa la crisis de la justicia y de la inseguridad ciudadana.
Visualizado desde la perspectiva de los delitos contra la propiedad, Panamá al igual que la región demuestra una tasa ascendente por cada 100 mil habitantes (según las denuncias policiales), que va desde 681 en 1990, 712 en 1991, 992 en 1992, 1142 en 1993 y 1113 en 1994, e igualmente ascendentes lo son los delitos contra la vida e integridad personal y contra la libertad sexual.
Panamá llegó en 1999 a 2,810,552 habitantes con un millón de pobres y 40% de los empleados urbanos en el sector informal, una de las peores distribuciones del ingreso del mundo y un creciente nivel de desempleo. El Banco Mundial ubica el tema del crimen y la violencia en Panamá a partir de la Encuesta de Niveles de Vida y afirma que la población urbana nombró con más frecuencia -priorizó- como de primera importancia el crimen y la inseguridad, incluyendo la problemática de las drogas y el alcohol, pandillas y delincuencia juvenil, además de problemas como transporte, deterioro de infraestructuras, empleo, vivienda y otros.
Más del 80% por ciento de las comunidades urbanas (en mayor proporción que las rurales o aborígenes) declararon que tuvieron dificultades de robo, drogas y alcohol, y casi la mitad de los encuestados atravesaron problemas con pandillas y prostitución. Menos de la mitad de los habitantes de las áreas urbanas mencionaron tener cobertura policíaca, pero con cobertura inadecuada para muchos (insuficiente número de unidades de policía, transporte y presencia de vigilancia), y más de la mitad informó que el servicio policíaco era irregular o sólo nocturno. Las informaciones disponibles - a pesar de ser insuficientes- sobre el crimen y la violencia permiten afirmar que éstos aumentan y que la parte más considerable de la criminalidad, y en especial de los crímenes violentos se ubican en las ciudades terminales de Panamá y Colón.
En 1996 el número de personas detenidas aumentó en términos absolutos en 3,119 personas adicionales, sumando las 51,828. Lo que representó en la ciudad de Panamá un 24.4% de aumento de detenidos. Los detenidos entre menos de 20 años de edad (20.2%), 20-24 años (22.9%) y 25-29 (18.3%) definieron el 61.4% ubicados mayormente en la juventud. De cada 100 detenidos, 89 fueron hombres y 11 mujeres. El tiempo entre la comisión de un delito y el juzgamiento del mismo tuvo un promedio nacional de 54,5% de realización en menos de un año, y 45% en más de un año. En la ciudad de Panamá la diferencia fue de 42.8 y 57.2%, respectivamente.
El número total de los criminales detenidos aumentó durante los últimos años. Colón tiene el índice de encarcelamiento más alto (56 por cada mil habitantes), seguido por ciudad de Panamá (35 por cada mil residentes). Los datos señalan que el 16% de la mortalidad son resultado de actos de violencia y accidentes. En 1999, la capacidad de los centros penitenciarios a nivel nacional es 6,843 detenidos, pero existe una sobrepoblación de 8,477 (7,816 hombres y 661 mujeres), estando solamente condenadas 3,588 personas. En la provincia de Panamá con una capacidad de 4125 existían 5424 detenidos, con sólo 1933 condenados.
El robo es un serio problema en especial en las áreas urbanas. Los crímenes relacionados con robos constituyen la clase de crimen más frecuente, responsable del 28% de la totalidad de los criminales detenidos en el país y del 40% , el caso de la ciudad capital. En un estudio realizado en San Miguelito, el 55 % de las personas habían sido víctimas de un delito en un año, generalmente, robo en la calle o en la casa. En una encuesta realizada en barriadas de bajos ingresos en comunidades ubicadas alrededor de la ciudad de Panamá, se determinó que el 32% de los hogares de la muestra habían sufrido robos. En algunas barriadas (Sinaí, Las Malvinas), entre el 80 y 100 por ciento de los hogares de la muestra habían sido afectados por hurtos. Las estadísticas disponibles sobre violencia familiar -incompletas e insuficientes- indican poco mpás del 1% de todos los criminales detenidos están relacionados a la violencia doméstica o intrafamiliar (abuso, conflictos al interior de las familias, incesto, etc.), pero se afirma que más del 60% de los hogares en Panamá tiene de algún modo violencia intrafamiliar
La importancia proporcional de los homicidios dentro de las causas externas de muerte en Panamá que se había incrementado del 5% en el período 1980-1085 al 15 % en el período 1985-1990, alcanza el 20% entre 1990-1994. La tasa de muertes de homicidios en los hombres en los noventa llega a ser entre cinco y diez veces mayor que las mujeres, y las de suicidios cerca de cuatro veces mayor. La tasa de homicidios disminuye a partir de los 45 años en ambos sexos. En los noventa se acentúan las medidas de ajuste neoliberal en el marco de la globalización con sus saldos de modernización, degradación ambiental y exclusión social. Se acentúa la crisis de la justicia y de la inseguridad ciudadana.
Visualizado desde la perspectiva de los delitos contra la propiedad, Panamá al igual que la región demuestra una tasa ascendente por cada 100 mil habitantes (según las denuncias policiales), que va desde 681 en 1990, 712 en 1991, 992 en 1992, 1142 en 1993 y 1113 en 1994, e igualmente ascendentes lo son los delitos contra la vida e integridad personal y contra la libertad sexual.
Panamá llegó en 1999 a 2,810,552 habitantes con un millón de pobres y 40% de los empleados urbanos en el sector informal, una de las peores distribuciones del ingreso del mundo y un creciente nivel de desempleo. El Banco Mundial ubica el tema del crimen y la violencia en Panamá a partir de la Encuesta de Niveles de Vida y afirma que la población urbana nombró con más frecuencia -priorizó- como de primera importancia el crimen y la inseguridad, incluyendo la problemática de las drogas y el alcohol, pandillas y delincuencia juvenil, además de problemas como transporte, deterioro de infraestructuras, empleo, vivienda y otros.
Más del 80% por ciento de las comunidades urbanas (en mayor proporción que las rurales o aborígenes) declararon que tuvieron dificultades de robo, drogas y alcohol, y casi la mitad de los encuestados atravesaron problemas con pandillas y prostitución. Menos de la mitad de los habitantes de las áreas urbanas mencionaron tener cobertura policíaca, pero con cobertura inadecuada para muchos (insuficiente número de unidades de policía, transporte y presencia de vigilancia), y más de la mitad informó que el servicio policíaco era irregular o sólo nocturno. Las informaciones disponibles - a pesar de ser insuficientes- sobre el crimen y la violencia permiten afirmar que éstos aumentan y que la parte más considerable de la criminalidad, y en especial de los crímenes violentos se ubican en las ciudades terminales de Panamá y Colón.
En 1996 el número de personas detenidas aumentó en términos absolutos en 3,119 personas adicionales, sumando las 51,828. Lo que representó en la ciudad de Panamá un 24.4% de aumento de detenidos. Los detenidos entre menos de 20 años de edad (20.2%), 20-24 años (22.9%) y 25-29 (18.3%) definieron el 61.4% ubicados mayormente en la juventud. De cada 100 detenidos, 89 fueron hombres y 11 mujeres. El tiempo entre la comisión de un delito y el juzgamiento del mismo tuvo un promedio nacional de 54,5% de realización en menos de un año, y 45% en más de un año. En la ciudad de Panamá la diferencia fue de 42.8 y 57.2%, respectivamente.
El número total de los criminales detenidos aumentó durante los últimos años. Colón tiene el índice de encarcelamiento más alto (56 por cada mil habitantes), seguido por ciudad de Panamá (35 por cada mil residentes). Los datos señalan que el 16% de la mortalidad son resultado de actos de violencia y accidentes. En 1999, la capacidad de los centros penitenciarios a nivel nacional es 6,843 detenidos, pero existe una sobrepoblación de 8,477 (7,816 hombres y 661 mujeres), estando solamente condenadas 3,588 personas. En la provincia de Panamá con una capacidad de 4125 existían 5424 detenidos, con sólo 1933 condenados.
El robo es un serio problema en especial en las áreas urbanas. Los crímenes relacionados con robos constituyen la clase de crimen más frecuente, responsable del 28% de la totalidad de los criminales detenidos en el país y del 40% , el caso de la ciudad capital. En un estudio realizado en San Miguelito, el 55 % de las personas habían sido víctimas de un delito en un año, generalmente, robo en la calle o en la casa. En una encuesta realizada en barriadas de bajos ingresos en comunidades ubicadas alrededor de la ciudad de Panamá, se determinó que el 32% de los hogares de la muestra habían sufrido robos. En algunas barriadas (Sinaí, Las Malvinas), entre el 80 y 100 por ciento de los hogares de la muestra habían sido afectados por hurtos. Las estadísticas disponibles sobre violencia familiar -incompletas e insuficientes- indican poco mpás del 1% de todos los criminales detenidos están relacionados a la violencia doméstica o intrafamiliar (abuso, conflictos al interior de las familias, incesto, etc.), pero se afirma que más del 60% de los hogares en Panamá tiene de algún modo violencia intrafamiliar