Nubes en el horizonte
La ausencia de un Plan Nacional de Desarrollo, proyectado, tal vez, para los próximos cinco años ha llevado al Gobierno Nacional a ejecutar improvisadas acciones en el campo fiscal, financiero y presupuestario. Pareciera una estrategia el no tener programas y planes y así no podemos reclamar nada a nadie.
El llamado "plan de racionalización del gasto público" implica en definitivas el sacrificio de muchas obras sociales y de beneficio para la comunidad. No es cierto que los llamados "ahorros" serán reinvertidos en tales obras. Simplemente, no existen los recursos financieros por la baja recaudación fiscal. Se trata de una clara reducción del gasto presupuestado.
Por otro lado, el Presupuesto ha dejado de ser un instrumento de desarrollo, control de eficiencia y evaluador de resultados. Es un error, ya que el presupuesto técnicamente bien elaborado constituye el plan operativo anual por excelencia. El manejo deficiente del instrumento presupuestario público invita al despilfarro y a la corrupción.
Se requiere y así lo exigen las actuales circunstancias, gran capacidad técnica en el proceso de formulación, elaboración, ejecución y evaluación del presupuesto público. La improvisación en material fiscal, financiera y presupuestaria, pareciera ser el norte del actual gobierno.
No hay programas, ni objetivos, ni metas claras. Los efectos de esta situación, por supuesto, no se hacen esperar y en consecuencia, la población siente un justificado temor, pesimismo y sin que se vislumbren a muy corto plazo salidas creativas frente a la crisis económica que experimentamos.
Vemos con mucha preocupación nubes en el horizonte, y ojalá sean simples amenazas de tormenta, porque de la "crisis" al "caos" hay un trecho muy corto.
El llamado "plan de racionalización del gasto público" implica en definitivas el sacrificio de muchas obras sociales y de beneficio para la comunidad. No es cierto que los llamados "ahorros" serán reinvertidos en tales obras. Simplemente, no existen los recursos financieros por la baja recaudación fiscal. Se trata de una clara reducción del gasto presupuestado.
Por otro lado, el Presupuesto ha dejado de ser un instrumento de desarrollo, control de eficiencia y evaluador de resultados. Es un error, ya que el presupuesto técnicamente bien elaborado constituye el plan operativo anual por excelencia. El manejo deficiente del instrumento presupuestario público invita al despilfarro y a la corrupción.
Se requiere y así lo exigen las actuales circunstancias, gran capacidad técnica en el proceso de formulación, elaboración, ejecución y evaluación del presupuesto público. La improvisación en material fiscal, financiera y presupuestaria, pareciera ser el norte del actual gobierno.
No hay programas, ni objetivos, ni metas claras. Los efectos de esta situación, por supuesto, no se hacen esperar y en consecuencia, la población siente un justificado temor, pesimismo y sin que se vislumbren a muy corto plazo salidas creativas frente a la crisis económica que experimentamos.
Vemos con mucha preocupación nubes en el horizonte, y ojalá sean simples amenazas de tormenta, porque de la "crisis" al "caos" hay un trecho muy corto.