Nuestra antidemocracia
La política panameña está muy lejos de basarse en la democracia, que es el ideal de la gran mayoría de los ciudadanos. Sin duda el ejemplo inmediato es el proceso electoral arnulfista del nueve de los corrientes en el que se eligieron los convencionales que habrán de escoger a los dirigentes máximos del partido. No requiere un esfuerzo mental exigente para observar, por ejemplo, que la presente presidenta de la nación, también lo es del partido arnulfista y que lo más probable es que sea reelegida en este último cargo el 29 de septiembre. Igual, la persona que ocupa el solio presidencial ha logrado alcanzar ese alto sitial político principalmente como viuda del carismático líder arnulfista, ya fenecido.
Todos los miembros del Comité Nacional de Elecciones arnulfista ocupan posiciones de relevancia en el gobierno mireyista. Varios de ellos son parientes de arnulfistas de vieja data. Fenómeno que no es difícil encontrar en los distintos estamentos del gobierno. Ahí lo dejo para no alargarme con perogrulladas.
Del otro lado de la cerca se encuentra el PRD. Su supuesto líder más visible y más aupado, por ahora, es hijo del primer narcodictador que gozó de poder omnímodo en los tiempos de la desaparición de Héctor Gallego y del crecimiento y ensalzamiento de la figura del preso de la Florida. Además, durante el más reciente gobierno PRD fue nombrado viceministro de gobierno y pasó unos cuatro años casi desapercibido. Aunque el joven Martín me cae bien como persona, no deja de ser una realidad que ha sido catapultado al "estrellato" (con t por ahora) por gracia de su consanguinidad con fulano. Alrededor de él revolotean los que pelecharon de la narcodictadura y de sus bayonetas con sus respectivas progenies.
Lo expuesto retrata en apretada síntesis la clase de democracia que existe en los dos partidos políticos mayoritarios y que, sin duda, determinarán quién y quiénes habrán de presidir la escasa democracia que vivimos. Ante realidades tan contundentes no es ocioso volver a recalcar que la democracia panameña necesita una cirugía general (sin estrellas), de extrema urgencia.
Así mismo como es harto difícil ejecutar acciones que reduzcan el desempleo y reactiven nuestra economía sin combatir la corrupción rampante, igual es tortuoso lograr el progreso real de nuestra democracia, si los que están aferrados a los medios del poder, en gobierno y en oposición, se abstienen de refinar nuestro arcaico sistema político administrativo. Y para mejorar la calidad de nuestra democracia tenemos que participar todos, sin excepción.
No me llamo a engaño. En lugar de trabajar en beneficio del Estado, los politiqueros del patio ya están maniobrando con miras a alcanzar el poder dentro de tres años. Los grandes políticos parlanchines vernaculares podrán decir misa a cada rato. Sin embargo, nadie les creerá mientras insistan en mantener sus privilegios indebidos. Entre estos sobresalen partidas circuitales y fondos secretos. Esta falta de credibilidad se acentúa cuando el nepotismo, el amiguismo, el clientelismo, se restriegan en la cara del pueblo que tiene necesidades y que se preocupa por el bienestar del país.
Si van a intentar eternizar el "establishment" político tan personalista que imponen en el país, lo menos que deben hacer es dejar de premiar a las personas porque son parientes, compadres, amigos, ´pasieros´, lo que sea. No es justo que continúen irrespetando la inteligencia y la bondad del pueblo panameño. Por nuestros hijos, nietos y sus hijos, ojalá que la inconsecuencia de nuestros politiqueros no vire la torta para infortunio de las futuras generaciones. Me permito estas expresiones porque no puedo hacer como el cuento del loro que se creía seguro en la punta del mástil mientras el barco se hundía.
Todos los miembros del Comité Nacional de Elecciones arnulfista ocupan posiciones de relevancia en el gobierno mireyista. Varios de ellos son parientes de arnulfistas de vieja data. Fenómeno que no es difícil encontrar en los distintos estamentos del gobierno. Ahí lo dejo para no alargarme con perogrulladas.
Del otro lado de la cerca se encuentra el PRD. Su supuesto líder más visible y más aupado, por ahora, es hijo del primer narcodictador que gozó de poder omnímodo en los tiempos de la desaparición de Héctor Gallego y del crecimiento y ensalzamiento de la figura del preso de la Florida. Además, durante el más reciente gobierno PRD fue nombrado viceministro de gobierno y pasó unos cuatro años casi desapercibido. Aunque el joven Martín me cae bien como persona, no deja de ser una realidad que ha sido catapultado al "estrellato" (con t por ahora) por gracia de su consanguinidad con fulano. Alrededor de él revolotean los que pelecharon de la narcodictadura y de sus bayonetas con sus respectivas progenies.
Lo expuesto retrata en apretada síntesis la clase de democracia que existe en los dos partidos políticos mayoritarios y que, sin duda, determinarán quién y quiénes habrán de presidir la escasa democracia que vivimos. Ante realidades tan contundentes no es ocioso volver a recalcar que la democracia panameña necesita una cirugía general (sin estrellas), de extrema urgencia.
Así mismo como es harto difícil ejecutar acciones que reduzcan el desempleo y reactiven nuestra economía sin combatir la corrupción rampante, igual es tortuoso lograr el progreso real de nuestra democracia, si los que están aferrados a los medios del poder, en gobierno y en oposición, se abstienen de refinar nuestro arcaico sistema político administrativo. Y para mejorar la calidad de nuestra democracia tenemos que participar todos, sin excepción.
No me llamo a engaño. En lugar de trabajar en beneficio del Estado, los politiqueros del patio ya están maniobrando con miras a alcanzar el poder dentro de tres años. Los grandes políticos parlanchines vernaculares podrán decir misa a cada rato. Sin embargo, nadie les creerá mientras insistan en mantener sus privilegios indebidos. Entre estos sobresalen partidas circuitales y fondos secretos. Esta falta de credibilidad se acentúa cuando el nepotismo, el amiguismo, el clientelismo, se restriegan en la cara del pueblo que tiene necesidades y que se preocupa por el bienestar del país.
Si van a intentar eternizar el "establishment" político tan personalista que imponen en el país, lo menos que deben hacer es dejar de premiar a las personas porque son parientes, compadres, amigos, ´pasieros´, lo que sea. No es justo que continúen irrespetando la inteligencia y la bondad del pueblo panameño. Por nuestros hijos, nietos y sus hijos, ojalá que la inconsecuencia de nuestros politiqueros no vire la torta para infortunio de las futuras generaciones. Me permito estas expresiones porque no puedo hacer como el cuento del loro que se creía seguro en la punta del mástil mientras el barco se hundía.