Nuestra Bastilla
El 14 de julio se celebró el día de la toma de la Bastilla, con lo que trae aparejada esa fecha gloriosa para el mundo entero. Se firmó la liberación de Francia y se afianzaron la libertad, la igualdad y la fraternidad. Aunque tarde, deseo felicitar a los franceses y a su embajador; ese día canté la Marsellesa de la que me acordé casi toda como la aprendí en la escuela, y me emocioné solita.
Imitando aquel episodio, creo que se hace necesaria la toma de nuestra Bastilla, que es la Asamblea, para acabar con la arbitrariedad y la dictadura legislativa de que somos presa. Es inútil tratar de pasar una ley que quede como se presenta y en la que han puesto sus conocimientos las personas indicadas y conocedoras del tema.
Desde el primer debate, en las comisiones, las trastornan todas, las cambian, a veces sin conocimiento de lo que hacen y sin escuchar debidamente a los versados. Cuando un proyecto se convierte en Ley, sólo conserva el título (si acaso) y resulta muchas veces, un mamotreto.
La corrupción que hemos visto en los últimos años es inaudita. Por esta razón decía no estar de acuerdo con que esos 71 legisladores decidieran las reformas a la Carta Magna. Sin embargo, un grupo considerable de legisladores se reeligieron y no sé qué pensaron los votantes cuando los escogieron de nuevo. Aún no han aprobado una ley que podamos decir que es lo máximo. Trabajan como representantes de corregimiento, quitando las funciones de éstos en vez de legislar, para lo que los elegimos.
No es posible que ninguno de ellos sea capaz de presentar un proyecto para arreglar las aguas negras que corren por muchos barrios de la ciudad; para exigir la terminación de la carretera Aguadulce-Santiago, cuyos fondos deben salir del Fondo Fiduciario y que no sabemos a dónde han ido a parar. No se preocupan por la finalización de las obras del IDAAN, por legislar para que podamos castigar severamente la corrupción en el gobierno y en la empresa privada con la quiebra fraudulenta de bancos y compañías que dejan a miles de panameños engrampados con las pérdidas.
No les importa los robos o malos usos de los dineros que se entregan a las escuelas para financiar arreglos, mejoras y detalles en general. Entre ciertos directores y algunos padres de familia estafan a los estudiantes y profesores, y aquí no pasa nada porque nadie sale sancionado, ni los meten presos, ni se le da seguimiento a esos delitos.
¿Qué han dicho de la desaparición de B/20 mil en la Normal de Santiago y que los estudiantes reclaman para que sean devueltos? El tesorero de la Asociación de Padres de Familia no está preso ni sancionado.
¿Qué sucede con el secretismo de las reformas constitucionales que fueron acalladas con el proyecto de sanciones para delitos comunes? Eso fue una buena jugada política para que nadie hablara más de las reformas, y los medios y la gente se prestó para esto. Hoy no se habla ni de las reformas ni de la seguridad, ya que fue cortina de humo para distraernos. Cuando discutimos la ley que creaba el Colegio Médico, a pesar de que los galenos opinamos con peso, con pruebas de que no sería ilegal, los legisladores de la Comisión de Salud sólo escucharon las ponencias del Ministro del ramo y lo aprobaron como él quiso y no como convenía a las mayorías.
La bendita inmunidad que tanto daño hace al país, no es posible cambiarla y dejarla como fue originalmente. Aquellos que recuerdan cuando se instituyó, recordarán que fue desde el punto de vista político para proteger a quienes quisieran hablar contrario a los intereses del gobierno para evitar que fueran perseguidos. Con el pasar de los años la han ampliado a todos los delitos, hasta una simple pensión alimenticia. Así no podemos seguir. Por esto es que digo que los panameños tenemos nuestra propia Bastilla que hay que tomarse a como dé lugar y que sirva de escarmiento a quienes quieran ser dictadores o corruptos valiéndose de la inmunidad. Tomemos la Bastilla también para la libertad.
Imitando aquel episodio, creo que se hace necesaria la toma de nuestra Bastilla, que es la Asamblea, para acabar con la arbitrariedad y la dictadura legislativa de que somos presa. Es inútil tratar de pasar una ley que quede como se presenta y en la que han puesto sus conocimientos las personas indicadas y conocedoras del tema.
Desde el primer debate, en las comisiones, las trastornan todas, las cambian, a veces sin conocimiento de lo que hacen y sin escuchar debidamente a los versados. Cuando un proyecto se convierte en Ley, sólo conserva el título (si acaso) y resulta muchas veces, un mamotreto.
La corrupción que hemos visto en los últimos años es inaudita. Por esta razón decía no estar de acuerdo con que esos 71 legisladores decidieran las reformas a la Carta Magna. Sin embargo, un grupo considerable de legisladores se reeligieron y no sé qué pensaron los votantes cuando los escogieron de nuevo. Aún no han aprobado una ley que podamos decir que es lo máximo. Trabajan como representantes de corregimiento, quitando las funciones de éstos en vez de legislar, para lo que los elegimos.
No es posible que ninguno de ellos sea capaz de presentar un proyecto para arreglar las aguas negras que corren por muchos barrios de la ciudad; para exigir la terminación de la carretera Aguadulce-Santiago, cuyos fondos deben salir del Fondo Fiduciario y que no sabemos a dónde han ido a parar. No se preocupan por la finalización de las obras del IDAAN, por legislar para que podamos castigar severamente la corrupción en el gobierno y en la empresa privada con la quiebra fraudulenta de bancos y compañías que dejan a miles de panameños engrampados con las pérdidas.
No les importa los robos o malos usos de los dineros que se entregan a las escuelas para financiar arreglos, mejoras y detalles en general. Entre ciertos directores y algunos padres de familia estafan a los estudiantes y profesores, y aquí no pasa nada porque nadie sale sancionado, ni los meten presos, ni se le da seguimiento a esos delitos.
¿Qué han dicho de la desaparición de B/20 mil en la Normal de Santiago y que los estudiantes reclaman para que sean devueltos? El tesorero de la Asociación de Padres de Familia no está preso ni sancionado.
¿Qué sucede con el secretismo de las reformas constitucionales que fueron acalladas con el proyecto de sanciones para delitos comunes? Eso fue una buena jugada política para que nadie hablara más de las reformas, y los medios y la gente se prestó para esto. Hoy no se habla ni de las reformas ni de la seguridad, ya que fue cortina de humo para distraernos. Cuando discutimos la ley que creaba el Colegio Médico, a pesar de que los galenos opinamos con peso, con pruebas de que no sería ilegal, los legisladores de la Comisión de Salud sólo escucharon las ponencias del Ministro del ramo y lo aprobaron como él quiso y no como convenía a las mayorías.
La bendita inmunidad que tanto daño hace al país, no es posible cambiarla y dejarla como fue originalmente. Aquellos que recuerdan cuando se instituyó, recordarán que fue desde el punto de vista político para proteger a quienes quisieran hablar contrario a los intereses del gobierno para evitar que fueran perseguidos. Con el pasar de los años la han ampliado a todos los delitos, hasta una simple pensión alimenticia. Así no podemos seguir. Por esto es que digo que los panameños tenemos nuestra propia Bastilla que hay que tomarse a como dé lugar y que sirva de escarmiento a quienes quieran ser dictadores o corruptos valiéndose de la inmunidad. Tomemos la Bastilla también para la libertad.