Nuestra hampa y los talibán
Primer reporte: Cuando ingresé a nuestra Guardia Nacional, por 1961, oía hablar de un famoso detective, para entonces retirado, el finado "Chombo Vives", que cuando le reportaban el lunes los robos de las últimas 48 horas, se quedaba un rato solo, pensando, y luego llamaba a 3 ó 4 agentes y les decía: -Vayan y tráiganme "al pargo bembón", el de calle 24; también arrestan a "manquito sucio", el de Calidonia, y de ñapa me consiguen a "Tripa, el mecánico": entre esos tres están los tres robos mayores del fin de semana-. Los apodos los acabo de inventar, pero la anécdota es fidedigna; Chombo Vives fue un detective de intuición sorprendente y un policía fabuloso, que conocía los trucos y andanzas del hampa.
Cuarenta años después, nuestros procedimientos policiales andan a mil años luces de la velocidad de nuestra hampa. Celulares, Internet, películas diarias donde se entrenan, armas, jugosos asaltos de cientos de miles de dólares, maestros foráneos llegados a esta "tranquila y leal Panamá", bandas que hacen ingresar a sus miembros solamente luego de que matan a alguien, etc. Un cuadro dantesco, caótico, que va subiendo geométrica y diabólicamente, mientras nuestra prensa se ocupa diariamente de echarle la culpa al Sr. Barés. Los empresarios, por otra parte, o no les importan mucho los robos y atracos, gracias a las pólizas de seguros, y a las aseguradoras gracias a los reaseguros de Londres, por lo cual las empresas de vigilancia particulares, que son las que tienen mayor efectivo cuidando compañías, se tienen que conformar con unos guardias jubilados, cansados, cabreados, que se conforman con ganar diez reales, por los cuales vigilan con un ojo y duermen con el otro, y tienen tal sabiduría, que si ven que los van a asaltar con armas de verdad, ellos mismos se amarran a un poste. Esa situación no va a seguir así. La va a ganar, ampliamente, el hampa, si todos, Estado (la policía especialmente), políticos, empresarios, gremios, no nos ponemos, desde ahora mismo, las pilas para hacer un real diagnóstico y alerta roja de agenda nacional. Ni más ni menos. Y si no, repasemos qué es Caracas hoy, que hace unos 10 años atrás estaba igualita que Panamá. No esperemos, aún no ha llegado, el tiempo de secuestros diarios, y asesinatos para robar zapatillas de deportes "pifiosas". ¿Y los empresarios inversionistas (país apto para inversiones)?... Bien, gracias.
Segundo reporte: Sin duda, los gringos son más objetivos para los análisis críticos sobre ellos que nosotros, todavía asustados por el macartismo. Veamos: "Investigadores estadounidenses estiman que las cartas contaminadas con esporas de bacterias de ántrax han sido enviadas por extremistas de dentro del país" (DPA-Washington) Otro despacho dice: "En el país afloran dos adversarios insidiosos: el cansancio, que se transparenta en los discursos sin vuelo del presidente Bush; y la frustración en la que incurren los partes de guerra del Pentágono, iguales entre sí. En el frente externo, en Afganistán, los talibán tienen y parecen, además, disponer de una inteligencia más eficaz que la norteamericana, ya que capturan a los infiltrados y los matan, toda una advertencia en vista de las incursiones de las Fuerzas Especiales. Por el contrario, Osama bin Laden y los líderes de Al Qaida, burlan la caza de la CIA y los Rangers, las bombas "inteligentes" equivocan los blancos con una frecuencia inquietante y los aviones espías más sofisticados no dan contra los terroristas...". La fuente del despacho anterior, del 27 de octubre pasado, como la que antecedió a ella, es en este caso de la agencia ANSA, desde Washington.
Igual que nuestra hampa burla a diario a la policía, obsoleta en métodos, equipamientos, adiestramiento y proyección profesional moderna, los talibán, en un nuevo ejercicio de los que llevan siglos realizando, juegan al escondido con los bombardeos norteamericanos, haciendo y usando túneles profundos como topos modernos, a los cuales no llegan las bombas, mientras que la amenaza psicológica del artista talibán que ejerce de embajador en Pakistán, resuena en los oídos de esos muchachos llenos de deseos de vivir que conforman los frentes de avanzada en la lucha terrestre que parece cada vez más urgente para Estados Unidos (EU) e Inglaterra: "La guerra de verdad no ha comenzado, comenzará cuando las tropas de nuestros enemigos entren al territorio afgano"... Y el ahorcado afgano, no es un ejemplo que motive mucho en esa lucha. Si EU y los aliados europeos, no se amarran al carro diplomático que está propiciando el general Colin Powell, una de las mentes más lúcidas y prácticas (que conoce que no hay tal victoria en el corto plazo), y que esos miles de "voluntarios armados de Pakistán y otros países musulmanes" pueden complicar demasiado las cosas; esta guerra puede terminar en un conflicto peor que el de Viet Nam. Jamás como hoy la humanidad requiere del arma de la inteligencia, por encima del poder frío de la tecnología armada, la cual es incapaz de emociones; y las vistas de niños afganos mutilados, con rostros deformados por las bombas, víctimas inocentes de ese infierno en que los metieron sus gobernantes, pueden más, mucho más que las bombas inteligentes. La emoción es demasiado importante en los conflictos: lo supieron muy bien Bolívar, Marx, Lenin, Mao, Ho Chi Min, y pienso que las inteligencias verdaderas en EU lo están aprendiendo. Aún con el dolor ardiente de perdonar y moderar la venganza. La economía, el miedo, la neurosis general, así lo aconsejan. Sin vencedores.
Cuarenta años después, nuestros procedimientos policiales andan a mil años luces de la velocidad de nuestra hampa. Celulares, Internet, películas diarias donde se entrenan, armas, jugosos asaltos de cientos de miles de dólares, maestros foráneos llegados a esta "tranquila y leal Panamá", bandas que hacen ingresar a sus miembros solamente luego de que matan a alguien, etc. Un cuadro dantesco, caótico, que va subiendo geométrica y diabólicamente, mientras nuestra prensa se ocupa diariamente de echarle la culpa al Sr. Barés. Los empresarios, por otra parte, o no les importan mucho los robos y atracos, gracias a las pólizas de seguros, y a las aseguradoras gracias a los reaseguros de Londres, por lo cual las empresas de vigilancia particulares, que son las que tienen mayor efectivo cuidando compañías, se tienen que conformar con unos guardias jubilados, cansados, cabreados, que se conforman con ganar diez reales, por los cuales vigilan con un ojo y duermen con el otro, y tienen tal sabiduría, que si ven que los van a asaltar con armas de verdad, ellos mismos se amarran a un poste. Esa situación no va a seguir así. La va a ganar, ampliamente, el hampa, si todos, Estado (la policía especialmente), políticos, empresarios, gremios, no nos ponemos, desde ahora mismo, las pilas para hacer un real diagnóstico y alerta roja de agenda nacional. Ni más ni menos. Y si no, repasemos qué es Caracas hoy, que hace unos 10 años atrás estaba igualita que Panamá. No esperemos, aún no ha llegado, el tiempo de secuestros diarios, y asesinatos para robar zapatillas de deportes "pifiosas". ¿Y los empresarios inversionistas (país apto para inversiones)?... Bien, gracias.
Segundo reporte: Sin duda, los gringos son más objetivos para los análisis críticos sobre ellos que nosotros, todavía asustados por el macartismo. Veamos: "Investigadores estadounidenses estiman que las cartas contaminadas con esporas de bacterias de ántrax han sido enviadas por extremistas de dentro del país" (DPA-Washington) Otro despacho dice: "En el país afloran dos adversarios insidiosos: el cansancio, que se transparenta en los discursos sin vuelo del presidente Bush; y la frustración en la que incurren los partes de guerra del Pentágono, iguales entre sí. En el frente externo, en Afganistán, los talibán tienen y parecen, además, disponer de una inteligencia más eficaz que la norteamericana, ya que capturan a los infiltrados y los matan, toda una advertencia en vista de las incursiones de las Fuerzas Especiales. Por el contrario, Osama bin Laden y los líderes de Al Qaida, burlan la caza de la CIA y los Rangers, las bombas "inteligentes" equivocan los blancos con una frecuencia inquietante y los aviones espías más sofisticados no dan contra los terroristas...". La fuente del despacho anterior, del 27 de octubre pasado, como la que antecedió a ella, es en este caso de la agencia ANSA, desde Washington.
Igual que nuestra hampa burla a diario a la policía, obsoleta en métodos, equipamientos, adiestramiento y proyección profesional moderna, los talibán, en un nuevo ejercicio de los que llevan siglos realizando, juegan al escondido con los bombardeos norteamericanos, haciendo y usando túneles profundos como topos modernos, a los cuales no llegan las bombas, mientras que la amenaza psicológica del artista talibán que ejerce de embajador en Pakistán, resuena en los oídos de esos muchachos llenos de deseos de vivir que conforman los frentes de avanzada en la lucha terrestre que parece cada vez más urgente para Estados Unidos (EU) e Inglaterra: "La guerra de verdad no ha comenzado, comenzará cuando las tropas de nuestros enemigos entren al territorio afgano"... Y el ahorcado afgano, no es un ejemplo que motive mucho en esa lucha. Si EU y los aliados europeos, no se amarran al carro diplomático que está propiciando el general Colin Powell, una de las mentes más lúcidas y prácticas (que conoce que no hay tal victoria en el corto plazo), y que esos miles de "voluntarios armados de Pakistán y otros países musulmanes" pueden complicar demasiado las cosas; esta guerra puede terminar en un conflicto peor que el de Viet Nam. Jamás como hoy la humanidad requiere del arma de la inteligencia, por encima del poder frío de la tecnología armada, la cual es incapaz de emociones; y las vistas de niños afganos mutilados, con rostros deformados por las bombas, víctimas inocentes de ese infierno en que los metieron sus gobernantes, pueden más, mucho más que las bombas inteligentes. La emoción es demasiado importante en los conflictos: lo supieron muy bien Bolívar, Marx, Lenin, Mao, Ho Chi Min, y pienso que las inteligencias verdaderas en EU lo están aprendiendo. Aún con el dolor ardiente de perdonar y moderar la venganza. La economía, el miedo, la neurosis general, así lo aconsejan. Sin vencedores.