Nuestra juventud y Patria Nueva
En la semana del 21 de junio asistí a la exposición de Ana Elena Garúz en la galería Mateo Sariel. La hallé fantástica, aunque debo admitir que de arte sé muy poco, por no decir nada. Los padres de Ana Elena son amigos entrañables de mi juventud.
En el momento que saludaba a su sobrina Gloria, una joven amiga a quien no saludaba, pues estaba bajo la impresión de que ella no se acordaba de mí, criticó con inusitado vigor el hecho de que yo criticaba exageradamente a Martín, sugiriéndome que "lo soltara".
Fue tal la sorpresa que fui quizás un poco duro y le riposté, "Yo tengo una ventaja sobre ti, mis opiniones yo las escribo, te toca a ti hacer lo mismo con las tuyas". Poco después sentí admiración por la franqueza desplegada por mi amiga, lo cual hizo crecer en mí el cariño fraternal hacia ella. Espero que ella se haya sentido igual hacia a mí.
Luego pensé dolido acerca de la desilusión, del desengaño, que jóvenes como la amiga mencionada lo más probablemente experimentarán con Patria Nueva.
Ya se dieron dos hechos que son botones muy reveladores: El nombramiento de un doble indultado en el equipo de transición del presidente electo y la sorpresa de las reformas constitucionales prohijadas por el PRD. Estas últimas, me han preocupado, tal como a muchos, porque implican el incumplimiento de la promesa de una constituyente paralela cuando Martín firmó respaldando la quinta papeleta -cosa que la presidenta Moscoso ha hecho en repetidas ocasiones- y la aparente colusión entre Mireya y Martín para decidir, como grandes dirigentes del bipartidismo, en contra del real interés del pueblo, esto es, que se redacte una carta magna integral y se eche a un lado la colcha de retazos.
Repito, pienso en la aludida amiga y tantos jóvenes que se comieron el canto de sirena de una Patria Nueva, que más bien podría recordar a aquella preconizada por Leonidas Trujillo, el Chacal del Caribe. Por supuesto que en las reformas martinescas hay buenos preceptos. Sin embargo, me temo que el eslogan "cero corrupción" huele a inmunidad e impunidad de los protegidos del bipartidismo y que sus altos salarios, prebendas y beneficios adicionales quedarán intactos o pendientes de una ley que promulgarían los "patriotas nuevos" enquistados en la Asamblea Legislativa, cuya mayoría respalda al presidente electo, y cuya concreción dependerá de que no surja otra mentira.
Y es que todo lo antedicho huele a madrugonazo. Siempre sostengo que la esperanza es lo último que se debe perder, pero mi desconfianza, por no decir mi cinismo, me hace pensar que es muy difícil, si acaso no imposible, que nuestros no tan honorables legisladores aprovechen la oportunidad que se les presenta y se laven la cara y se rediman ante los cuestionamientos que pesan sobre ellos, al decir de Monseñor Lacunza.
Deliberadamente me he abstenido de escribir con la misma regularidad mis columnas de opinión, dándole tiempo al tiempo; no obstante, la apreciadísima joven amiga a la cual aludí me indujo a pergeñar unas líneas en homenaje al pasionismo de nuestra juventud que vehemente deseo que ayude a los politiqueros de la patria, tanto la vieja como la nueva, a cambiar el rumbo retorcido del bipartidismo que no deja de impulsar sus intereses en detrimento de la formación de una auténtica democracia y de continuar con la caricatura de administraciones que han ascendido al poder, principalmente después de la narcodictadura y de la cruenta invasión que esta facilitó o propició. ¿O no? Sin embargo, me temo que el eslogan "cero corrupción" huele a inmunidad e impunidad de los protegidos del bipartidismo...
En el momento que saludaba a su sobrina Gloria, una joven amiga a quien no saludaba, pues estaba bajo la impresión de que ella no se acordaba de mí, criticó con inusitado vigor el hecho de que yo criticaba exageradamente a Martín, sugiriéndome que "lo soltara".
Fue tal la sorpresa que fui quizás un poco duro y le riposté, "Yo tengo una ventaja sobre ti, mis opiniones yo las escribo, te toca a ti hacer lo mismo con las tuyas". Poco después sentí admiración por la franqueza desplegada por mi amiga, lo cual hizo crecer en mí el cariño fraternal hacia ella. Espero que ella se haya sentido igual hacia a mí.
Luego pensé dolido acerca de la desilusión, del desengaño, que jóvenes como la amiga mencionada lo más probablemente experimentarán con Patria Nueva.
Ya se dieron dos hechos que son botones muy reveladores: El nombramiento de un doble indultado en el equipo de transición del presidente electo y la sorpresa de las reformas constitucionales prohijadas por el PRD. Estas últimas, me han preocupado, tal como a muchos, porque implican el incumplimiento de la promesa de una constituyente paralela cuando Martín firmó respaldando la quinta papeleta -cosa que la presidenta Moscoso ha hecho en repetidas ocasiones- y la aparente colusión entre Mireya y Martín para decidir, como grandes dirigentes del bipartidismo, en contra del real interés del pueblo, esto es, que se redacte una carta magna integral y se eche a un lado la colcha de retazos.
Repito, pienso en la aludida amiga y tantos jóvenes que se comieron el canto de sirena de una Patria Nueva, que más bien podría recordar a aquella preconizada por Leonidas Trujillo, el Chacal del Caribe. Por supuesto que en las reformas martinescas hay buenos preceptos. Sin embargo, me temo que el eslogan "cero corrupción" huele a inmunidad e impunidad de los protegidos del bipartidismo y que sus altos salarios, prebendas y beneficios adicionales quedarán intactos o pendientes de una ley que promulgarían los "patriotas nuevos" enquistados en la Asamblea Legislativa, cuya mayoría respalda al presidente electo, y cuya concreción dependerá de que no surja otra mentira.
Y es que todo lo antedicho huele a madrugonazo. Siempre sostengo que la esperanza es lo último que se debe perder, pero mi desconfianza, por no decir mi cinismo, me hace pensar que es muy difícil, si acaso no imposible, que nuestros no tan honorables legisladores aprovechen la oportunidad que se les presenta y se laven la cara y se rediman ante los cuestionamientos que pesan sobre ellos, al decir de Monseñor Lacunza.
Deliberadamente me he abstenido de escribir con la misma regularidad mis columnas de opinión, dándole tiempo al tiempo; no obstante, la apreciadísima joven amiga a la cual aludí me indujo a pergeñar unas líneas en homenaje al pasionismo de nuestra juventud que vehemente deseo que ayude a los politiqueros de la patria, tanto la vieja como la nueva, a cambiar el rumbo retorcido del bipartidismo que no deja de impulsar sus intereses en detrimento de la formación de una auténtica democracia y de continuar con la caricatura de administraciones que han ascendido al poder, principalmente después de la narcodictadura y de la cruenta invasión que esta facilitó o propició. ¿O no? Sin embargo, me temo que el eslogan "cero corrupción" huele a inmunidad e impunidad de los protegidos del bipartidismo...