Nuestra podrida juventud
Ese es el estribillo que se escucha por todos lados. Lo dicen las personas mayores que realmente vivieron una época en que había más respeto y educación que ahora. Lo decimos los que aún nos aferramos a los 30, porque aunque institutores y algo revolucionarios, nuestra generación no era tan criticada como lo es la actual. Finalmente lo dicen también las personas que aún están en sus 20, porque ven mucho irrespeto, agresividad, algo de violencia y mucha ignorancia.
Es cierto todo lo anterior. Pero somos un pueblo muy irresponsable que prefiere verle la brusca al ojo del vecino sin darnos cuenta que en realidad tenemos conjuntivitis de la que pega los párpados y no deja abrir los ojos.
Si se dice que nuestra juventud es vaga, irresponsable, dada al "sexo-droga-rock"n roll", que no piensa en el matrimonio sino en el sexo libre aún por encima del SIDA, que no respetan a nada ni a nadie y que no hacen caso de las órdenes; hay que meditar.
Si nos ponemos la mano en el corazón, no podemos culpar a la juventud si en las casas sus madres les dicen a las niñas que los hombres son un parche pegado y que sólo sirven para dar gusto y resolver problemas, y que por ello deben tener varios. Por otro lado, escuchan a madres y/o padres diciendo que como las mujeres hoy no valen nada, sólo para dar placer y variarlas cada tres meses, es lógico que nuestra juventud no sepa lo que es ser novios y mucho menos tener cultura de matrimonio.
Los padres irresponsables dicen que para eso los niños van a la escuela, y que los profesores son unos buenos para nada al no enseñarles modales ni buenas costumbres. Por supuesto, para ser malos padres, mejor no traer hijos al mundo si no se está dispuesto a aceptar el reto de la crianza y educación casera: Desde que la criatura está en el vientre de la madre, ese es el momento de iniciar la educación escuchando música variada pero buena, leyendo ligero pero sustancioso, comiendo balanceado y variado, no peleando ni teniendo violencia física. La mujer que no amamanta a sus hijos pierde la gran oportunidad de inculcar ternura y amor. Y los primeros seis años de vida del niño, cuando su cerebro y personalidad están en blanco, es cuando los buenos padres les inculcan cultura, educación, buenos modales, maneras, relaciones de amistad y propiedad; a ver buenos programas de televisión e inculcarles el respeto por los mayores y aprender a escuchar a los demás, y saber hablar en su momento.
Si los padres hicieran esto y no pensaran sólo en lo material y que los hijos son una carga, las cosas serían mejor y la labor del educador (enseñar conocimientos) sería también más llevadera y hasta podrían enseñar otras cosas aparte de estar aconductando a todo el aula.
Luego, si nuestra juventud pareciera que está podrida, será cierto en tanto que los padres de familia lo han permitido al dejar de desempeñar su rol respectivo. Ser padres de familia es labor para verdaderos hombres y verdaderas mujeres. Si uno no está claro de su función en la sociedad, mejor no traer hijos al mundo que tal vez lleguen a ser personas desgraciadas.
Es cierto todo lo anterior. Pero somos un pueblo muy irresponsable que prefiere verle la brusca al ojo del vecino sin darnos cuenta que en realidad tenemos conjuntivitis de la que pega los párpados y no deja abrir los ojos.
Si se dice que nuestra juventud es vaga, irresponsable, dada al "sexo-droga-rock"n roll", que no piensa en el matrimonio sino en el sexo libre aún por encima del SIDA, que no respetan a nada ni a nadie y que no hacen caso de las órdenes; hay que meditar.
Si nos ponemos la mano en el corazón, no podemos culpar a la juventud si en las casas sus madres les dicen a las niñas que los hombres son un parche pegado y que sólo sirven para dar gusto y resolver problemas, y que por ello deben tener varios. Por otro lado, escuchan a madres y/o padres diciendo que como las mujeres hoy no valen nada, sólo para dar placer y variarlas cada tres meses, es lógico que nuestra juventud no sepa lo que es ser novios y mucho menos tener cultura de matrimonio.
Los padres irresponsables dicen que para eso los niños van a la escuela, y que los profesores son unos buenos para nada al no enseñarles modales ni buenas costumbres. Por supuesto, para ser malos padres, mejor no traer hijos al mundo si no se está dispuesto a aceptar el reto de la crianza y educación casera: Desde que la criatura está en el vientre de la madre, ese es el momento de iniciar la educación escuchando música variada pero buena, leyendo ligero pero sustancioso, comiendo balanceado y variado, no peleando ni teniendo violencia física. La mujer que no amamanta a sus hijos pierde la gran oportunidad de inculcar ternura y amor. Y los primeros seis años de vida del niño, cuando su cerebro y personalidad están en blanco, es cuando los buenos padres les inculcan cultura, educación, buenos modales, maneras, relaciones de amistad y propiedad; a ver buenos programas de televisión e inculcarles el respeto por los mayores y aprender a escuchar a los demás, y saber hablar en su momento.
Si los padres hicieran esto y no pensaran sólo en lo material y que los hijos son una carga, las cosas serían mejor y la labor del educador (enseñar conocimientos) sería también más llevadera y hasta podrían enseñar otras cosas aparte de estar aconductando a todo el aula.
Luego, si nuestra juventud pareciera que está podrida, será cierto en tanto que los padres de familia lo han permitido al dejar de desempeñar su rol respectivo. Ser padres de familia es labor para verdaderos hombres y verdaderas mujeres. Si uno no está claro de su función en la sociedad, mejor no traer hijos al mundo que tal vez lleguen a ser personas desgraciadas.