"Nuestra presidenta confundida"
Luego de los tristes acontecimientos con consecuencias de muertes violentas de humildes e indefensos panameños indígenas, en el desprotegido caserío de Paya, provincia de Darién, nuestra mandataria Doña Mireya Moscoso hizo bien en acudir a socorrer y aliviar el dolor de aquellos paisanos aislados y olvidados, los que encontró a su llegada prisioneros aún de la incertidumbre, miseria y pánico. Sin embargo, debo creer que por los efectos de la impotencia y frustración por no poder devolver el golpe a estos paramilitares desalmados mensajeros de violencia y muerte, ella incurrió lamentablemente en el superficialismo de señalar entre los responsables o cooperador de estos crueles asesinatos, a otro ciudadano que ha hecho de ser guía o acompañante de turistas intrépidos, su profesión o medio de vida y sustento de su familia. Me refiero al panameño Víctor Alcázar, hoy incomunicado bajo intenso interrogatorio en el Ministerio Público, por órdenes de la señora Presidenta de la República.
El nivel de confusión que en esos momentos se apoderó de la mandataria, trasciende de sus declaraciones al expresar: "El señor Víctor Alcázar señaló a los indios a los paramilitares, los que luego fueron capturados y ejecutados". Bajo el supuesto que eso fuera así, ¿quién en las mismas circunstancias de peligro y zozobra se hubiese podido resistir y desobedecer las órdenes de estos violentos, donde sin ninguna duda estaba de por medio la vida misma. En esos momentos no existía en Paya el estado de derecho, ni autoridad civil donde recurrir y denunciar abusos para recibir a cambio protección legal y física. Igualmente, no había policías para garantizar el imperio de la ley ni el orden público.
Vistas las cosas así, no hay que hacer esfuerzo alguno para concluir que lo que imperaba en esos momentos en la comunidad de Paya "era la ley del más fuerte, o la ley de las armas". También nos llamó la atención de la señora Moscoso que dijera, como señalamiento culposo o agravante contra el señor Alcázar, que "es un hombre con educación, que reside en la barriada Chanis y que tiene hijos estudiando en el extranjero". ¡Vaya, vaya! Me imagino que la señora procuradora de Grimaldo y el fiscal especial Arboleda, no encuentran el instante para explicarle a la mandataria que inconscientemente está incurriendo en un exceso y abuso de su autoridad contra el ciudadano Víctor Alcázar. Se me ocurre pensar y expresar para que juzguen los amables lectores: En el caso que la mandataria ande en búsqueda de un responsable o cómplice involuntario de la masacre de Paya, ¿dónde los agravantes hacen mayor peso para definir responsabilidades, en el señor Alcázar o el Estado panameño?...Si miramos la situación de manera reposada y liberados de toda frustración e ira por lo ocurrido, quizás podríamos concluir que el caso "Alcázar" es apenas una consecuencia o reflejo obligado, que se desprende por la ausencia del "estado de derecho en Paya", previo y durante los acontecimientos, al igual que la no presencia de la Fuerza Pública para garantizar el derecho a la vida de aquellos olvidados darienitas, tal como lo señala la Carta Fundamental en su Art.17. ¡Si Paya hubiese tenido protección policial, los violentos no llegan, ni a Alcázar lo obligan a servir de guía! ¡Y no hubiesen asesinado a cuatro indígenas darienitas!
Luego, 48 horas después desde la provincia de Chiriquí evidenciando que el estado de confusión persistía en la señora presidenta, declaró: "Todos los panameños deben de dejar de criticar a la Policía Nacional ubicada en Darién; lo que deben hacer es brindarles todo apoyo, porque de ellos depende la seguridad del país, etc., etc." Ante estas declaraciones debo decir,...aunque las críticas y censuras esta vez fueron abundantes como nunca antes, ninguna fue dirigida al cuerpo mismo de la Policía.
Casi todos los cuestionamientos y comentarios fuertes se enfocaron ¡contra el sistema! de seguridad nacional por ineficaz y fracasado. Otro tanto de los cuestionamientos, severos por cierto, fueron dirigidos al señor director Barés por querer abarcar hasta tareas de seguridad territorial fuera de su capacidad y competencia, si tomamos en consideración que la propia Constitución Nacional se lo prohíbe en su Art. 305. Además, si la seguridad urbana a nivel nacional está pasando por un grave deterioro y desmejoramiento progresivo, a pesar del aumento constante y significativo de nuevas unidades de policías y equipo moderno para estas labores, ¿cómo pretende cualquier jefe de la Policía, sin importar su nombre ni período, querer dirigir con éxito a 300 Kms. de distancia y ausente permanentemente de la zona de conflictos, la integridad y seguridad territorial de la República, al borde de la frontera más peligrosa y violenta del continente?
Vistas las cosas con este pragmatismo, sí estamos en condiciones de señalarle a la señora presidenta, con la seriedad que la situación exige, que su gobierno al esquivar el cumplimiento del Art. 305, desconsidera, expone y abusa de los miembros de la Policía Nacional de servicio en la frontera con Colombia, mientras su "comandante" siga ausente y no comparta las limitaciones, necesidades y el peligro propio de estas tareas de combate y supervivencia con sus subordinados. Este riesgoso servicio de Guardafronteras o Resguardo Nacional, amerita y exige un comandante con fuerte liderazgo y sobresaliente "don de mando", a tiempo completo en la zona de los acontecimientos, el que guié con el ejemplo y cuando ordene exclame: "¡Síganme!" Y no como acostumbra a mandar el director de hoy: "¡Vayan!", desde sus oficinas muy seguras y refrigeradas a cientos de kilómetros. ¿Cuántas noches junto a sus policías ha pasado el señor director en Darién?
El tema pareció apasionar a Posada Carriles, que hasta entonces sólo escuchaba atentamente la charla. "Después de tantos años todavía se me quiere hasta exiliar a Venezuela a través de Chávez", alcanzó a expresar.
Posada Carriles vivía en Venezuela muchos años antes del avión destruido sobre el Caribe, como miembro de las fuerzas policiales que luchaban contra los cubanos que desembarcaron clandestinamente en costas venezolanas. En las filas de la izquierda estaban por esa época José Vicente Rangel, brazo derecho de Chávez, y Alí Rodríguez, expresidente de la OPEP y presidente de Petróleos de Venezuela. El terrorismo urbano y la guerrilla rural incendiaban los llanos venezolanos. Y Posada fue uno de los bomberos que apagó ese incendio.
Su visita en Panamá ese viernes 17 de abril de 2000 les valió la cárcel. Ellos esperaban por su turno para explicar por primera vez a un medio local, lo sucedido y así lo hicieron. El encierro ha servido a Pedro Remón de inspiración para la redacción de las 359 páginas de su libro "Fidel Castro: el verdadero terrorista", al que hizo referencia durante la entrevista. Se habla de una Cuba oprimida y masacrada por "una vedette anticuada y pretenciosa".
Y es que Remón hizo suyas las palabras de la portavoz de la Fundación Nacional Cubano Americana, Ninoska Pérez: "Castro es como una vieja vedette que llega a las fiestas y necesita llamar la atención de alguna manera". Pedro agregó: "y esta vez lo hizo nuevamente a su entrada a la X Cumbre de Panamá". ¿Qué pasó en nuestro país?, preguntamos, a lo que Remón y Posada respondieron casi al unísono: "se nos tendió una trampa".
El entusiasmo de Luis, según describe su compañero de celda, lo llevó a morder el anzuelo. "Nuestra presencia en Panamá tenía el propósito de recibir y ayudar a salir del país al jefe de seguridad cubano, Eduardo Delgado", reiteraron una vez más, ya que él supuestamente tenía planeado aprovechar la cumbre para no volver a la "isla esclava".
Bajo el subtítulo "Comienza la trampa", Remón, oriundo de la provincia de Oriente, describe que desde 1999, él y sus compañeros de lucha, se dieron a la tarea de crear células operativas dentro de las Fuerzas Armadas, cuyo propósito era captar a aquellos militares dispuestos a desafiar a Castro. Parte de la estrategia es animarlos a desertar "ofreciéndoles nuestra ayuda en el empeño". Ha dado buenos resultados, aseguró muy animado Posada.
Continúa diciendo Remón en su libro, el cronograma establecía en principio la retirada del capitán Lázaro Bethancourt, miembro principal de la escolta personal del dictador y experto en sistemas de protección. "Esta deserción, en efecto, se produjo durante la visita de Castro a la República Dominicana, en abril de 1999".
Es así como, más tarde, a finales de junio de 2000, Posada Carriles recibió una llamada a su celular. Su teléfono había sido asignado a un grupo reducido de compañeros de batalla. Lo llamó un "Emilio", informando que se encontraba en San Salvador y acababa de llegar de Cuba. "Fue sometido a pruebas de verificación por parte de Posada, quien hizo uso de sus habilidades policiales". "Emilio" salió airoso a las pruebas, ganando la confianza de éste último.
Fue precisamente este personaje quien planteó la idea de que Eduardo Delgado deseaba escapar durante la cumbre que se realizaría en Panamá. "El nos ha pedido que te lo comuniquemos. El sólo dará ese paso si tú lo recoges y le aseguras su traslado a Miami, pues sabe de tus vínculos con la CIA" y Posada Carriles aceptó. Lo demás es historia.
El nivel de confusión que en esos momentos se apoderó de la mandataria, trasciende de sus declaraciones al expresar: "El señor Víctor Alcázar señaló a los indios a los paramilitares, los que luego fueron capturados y ejecutados". Bajo el supuesto que eso fuera así, ¿quién en las mismas circunstancias de peligro y zozobra se hubiese podido resistir y desobedecer las órdenes de estos violentos, donde sin ninguna duda estaba de por medio la vida misma. En esos momentos no existía en Paya el estado de derecho, ni autoridad civil donde recurrir y denunciar abusos para recibir a cambio protección legal y física. Igualmente, no había policías para garantizar el imperio de la ley ni el orden público.
Vistas las cosas así, no hay que hacer esfuerzo alguno para concluir que lo que imperaba en esos momentos en la comunidad de Paya "era la ley del más fuerte, o la ley de las armas". También nos llamó la atención de la señora Moscoso que dijera, como señalamiento culposo o agravante contra el señor Alcázar, que "es un hombre con educación, que reside en la barriada Chanis y que tiene hijos estudiando en el extranjero". ¡Vaya, vaya! Me imagino que la señora procuradora de Grimaldo y el fiscal especial Arboleda, no encuentran el instante para explicarle a la mandataria que inconscientemente está incurriendo en un exceso y abuso de su autoridad contra el ciudadano Víctor Alcázar. Se me ocurre pensar y expresar para que juzguen los amables lectores: En el caso que la mandataria ande en búsqueda de un responsable o cómplice involuntario de la masacre de Paya, ¿dónde los agravantes hacen mayor peso para definir responsabilidades, en el señor Alcázar o el Estado panameño?...Si miramos la situación de manera reposada y liberados de toda frustración e ira por lo ocurrido, quizás podríamos concluir que el caso "Alcázar" es apenas una consecuencia o reflejo obligado, que se desprende por la ausencia del "estado de derecho en Paya", previo y durante los acontecimientos, al igual que la no presencia de la Fuerza Pública para garantizar el derecho a la vida de aquellos olvidados darienitas, tal como lo señala la Carta Fundamental en su Art.17. ¡Si Paya hubiese tenido protección policial, los violentos no llegan, ni a Alcázar lo obligan a servir de guía! ¡Y no hubiesen asesinado a cuatro indígenas darienitas!
Luego, 48 horas después desde la provincia de Chiriquí evidenciando que el estado de confusión persistía en la señora presidenta, declaró: "Todos los panameños deben de dejar de criticar a la Policía Nacional ubicada en Darién; lo que deben hacer es brindarles todo apoyo, porque de ellos depende la seguridad del país, etc., etc." Ante estas declaraciones debo decir,...aunque las críticas y censuras esta vez fueron abundantes como nunca antes, ninguna fue dirigida al cuerpo mismo de la Policía.
Casi todos los cuestionamientos y comentarios fuertes se enfocaron ¡contra el sistema! de seguridad nacional por ineficaz y fracasado. Otro tanto de los cuestionamientos, severos por cierto, fueron dirigidos al señor director Barés por querer abarcar hasta tareas de seguridad territorial fuera de su capacidad y competencia, si tomamos en consideración que la propia Constitución Nacional se lo prohíbe en su Art. 305. Además, si la seguridad urbana a nivel nacional está pasando por un grave deterioro y desmejoramiento progresivo, a pesar del aumento constante y significativo de nuevas unidades de policías y equipo moderno para estas labores, ¿cómo pretende cualquier jefe de la Policía, sin importar su nombre ni período, querer dirigir con éxito a 300 Kms. de distancia y ausente permanentemente de la zona de conflictos, la integridad y seguridad territorial de la República, al borde de la frontera más peligrosa y violenta del continente?
Vistas las cosas con este pragmatismo, sí estamos en condiciones de señalarle a la señora presidenta, con la seriedad que la situación exige, que su gobierno al esquivar el cumplimiento del Art. 305, desconsidera, expone y abusa de los miembros de la Policía Nacional de servicio en la frontera con Colombia, mientras su "comandante" siga ausente y no comparta las limitaciones, necesidades y el peligro propio de estas tareas de combate y supervivencia con sus subordinados. Este riesgoso servicio de Guardafronteras o Resguardo Nacional, amerita y exige un comandante con fuerte liderazgo y sobresaliente "don de mando", a tiempo completo en la zona de los acontecimientos, el que guié con el ejemplo y cuando ordene exclame: "¡Síganme!" Y no como acostumbra a mandar el director de hoy: "¡Vayan!", desde sus oficinas muy seguras y refrigeradas a cientos de kilómetros. ¿Cuántas noches junto a sus policías ha pasado el señor director en Darién?
El tema pareció apasionar a Posada Carriles, que hasta entonces sólo escuchaba atentamente la charla. "Después de tantos años todavía se me quiere hasta exiliar a Venezuela a través de Chávez", alcanzó a expresar.
Posada Carriles vivía en Venezuela muchos años antes del avión destruido sobre el Caribe, como miembro de las fuerzas policiales que luchaban contra los cubanos que desembarcaron clandestinamente en costas venezolanas. En las filas de la izquierda estaban por esa época José Vicente Rangel, brazo derecho de Chávez, y Alí Rodríguez, expresidente de la OPEP y presidente de Petróleos de Venezuela. El terrorismo urbano y la guerrilla rural incendiaban los llanos venezolanos. Y Posada fue uno de los bomberos que apagó ese incendio.
Su visita en Panamá ese viernes 17 de abril de 2000 les valió la cárcel. Ellos esperaban por su turno para explicar por primera vez a un medio local, lo sucedido y así lo hicieron. El encierro ha servido a Pedro Remón de inspiración para la redacción de las 359 páginas de su libro "Fidel Castro: el verdadero terrorista", al que hizo referencia durante la entrevista. Se habla de una Cuba oprimida y masacrada por "una vedette anticuada y pretenciosa".
Y es que Remón hizo suyas las palabras de la portavoz de la Fundación Nacional Cubano Americana, Ninoska Pérez: "Castro es como una vieja vedette que llega a las fiestas y necesita llamar la atención de alguna manera". Pedro agregó: "y esta vez lo hizo nuevamente a su entrada a la X Cumbre de Panamá". ¿Qué pasó en nuestro país?, preguntamos, a lo que Remón y Posada respondieron casi al unísono: "se nos tendió una trampa".
El entusiasmo de Luis, según describe su compañero de celda, lo llevó a morder el anzuelo. "Nuestra presencia en Panamá tenía el propósito de recibir y ayudar a salir del país al jefe de seguridad cubano, Eduardo Delgado", reiteraron una vez más, ya que él supuestamente tenía planeado aprovechar la cumbre para no volver a la "isla esclava".
Bajo el subtítulo "Comienza la trampa", Remón, oriundo de la provincia de Oriente, describe que desde 1999, él y sus compañeros de lucha, se dieron a la tarea de crear células operativas dentro de las Fuerzas Armadas, cuyo propósito era captar a aquellos militares dispuestos a desafiar a Castro. Parte de la estrategia es animarlos a desertar "ofreciéndoles nuestra ayuda en el empeño". Ha dado buenos resultados, aseguró muy animado Posada.
Continúa diciendo Remón en su libro, el cronograma establecía en principio la retirada del capitán Lázaro Bethancourt, miembro principal de la escolta personal del dictador y experto en sistemas de protección. "Esta deserción, en efecto, se produjo durante la visita de Castro a la República Dominicana, en abril de 1999".
Es así como, más tarde, a finales de junio de 2000, Posada Carriles recibió una llamada a su celular. Su teléfono había sido asignado a un grupo reducido de compañeros de batalla. Lo llamó un "Emilio", informando que se encontraba en San Salvador y acababa de llegar de Cuba. "Fue sometido a pruebas de verificación por parte de Posada, quien hizo uso de sus habilidades policiales". "Emilio" salió airoso a las pruebas, ganando la confianza de éste último.
Fue precisamente este personaje quien planteó la idea de que Eduardo Delgado deseaba escapar durante la cumbre que se realizaría en Panamá. "El nos ha pedido que te lo comuniquemos. El sólo dará ese paso si tú lo recoges y le aseguras su traslado a Miami, pues sabe de tus vínculos con la CIA" y Posada Carriles aceptó. Lo demás es historia.