Nuestra última oportunidad para salvar la CSS
LA NOCHE DEL lunes, el Presidente de la República, Martín Torrijos, sorprendió a toda la ciudadanía al anunciar que se daría un diálogo sobre la Ley 17 que reformó la Ley Orgánica de la CSS y así se podría mejorar dicha ley.
Al siguiente día, en la mañana, después de conversar con diferentes personas de los sectores profesionales, políticos y empresariales, percibí una actitud positiva y de esperanza que en el transcurso de la tarde y noche se fue transformando en una actitud de desconfianza y escepticismo.
De una manera prácticamente unánime y sin existir una comunicación entre estos sectores, todos estaban, en la noche del martes, exigiendo que se suspendiera la puesta de ejecución de la Ley 17, aunque fuera mínima su ejecución en este mes de junio, para aceptar sentarse en la mesa del diálogo convocada por el Ejecutivo.
Particularmente, creo que esta condición debe darse, principalmente por lo siguiente: Primero, que no es lógico revisar una ley que está en funcionamiento al ser aprobada. Segundo, ¿qué sucedería si los artículos de la ley que se están implementando sufren modificaciones? Por esas dos razones y otras más, la lógica me indica que se debe suspender la acción de la ley y creo que el gobierno mandaría un mensaje adicional: que desea resolver la crisis y le eliminaría las excusas a los grupos quieren imponer su verdad, desconociendo la de otros.
Esperando que este escollo se supere, aportaré algunos conceptos sobre el diálogo convocado.
Primero, la condición de consenso debe ser reemplazada por el de la mayoría, pero que la minoría tenga la opción de sustentar su propuesta en un informe público.
Segundo, en ese diálogo deben estar verdaderas organizaciones, con personería jurídicas. Para que no suceda, lo del anterior.
Tercero, tener un ente observador, que pueden ser las Iglesias u otra organización de gran credibilidad, pero a la vez, se debe tener un buen facilitador.
Cuarto, todos debemos entender que no somos los dueño de la verdad absoluta, y que con la verdad de cada uno, podremos construir la gran verdad.
Quinto, el Gobierno debe actuar con toda la apertura y flexibilidad, ya que con su llamado al diálogo ha convertido este asunto de la CSS en un tema de Estado (lo que debía haber hecho desde el principio), con un término prudente de discusión (lo que le faltó al anterior gobierno en el diálogo de 2002), y presentar las modificaciones planteadas y aprobadas en este escenario. Todos los que participemos debemos actuar pensando en nuestro país y no en nuestra agenda personal o colectiva, con propuestas bien sustentadas y no demagógicas e irreales.
El país entero estará pendiente de esto y juzgara a los que actúen irresponsablemente, egoísta, politiquera y sobre todo, de intransigencia.
El primer día del diálogo convocado en el 2002, exprese que era la oportunidad que teníamos los panameños, de resolver la problemática de la CSS, con fórmulas panameñas entre panameños. Hoy es la última oportunidad que tenemos los panameños para hacerlo, seríamos irresponsables y tontos en desperdiciarla; llegó la hora de demostrar si queremos y respetamos nuestra Patria o somos una partida de irresponsables que no tenemos el mínimo amor por Panamá.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
cdabadia@cwpanama.net
Al siguiente día, en la mañana, después de conversar con diferentes personas de los sectores profesionales, políticos y empresariales, percibí una actitud positiva y de esperanza que en el transcurso de la tarde y noche se fue transformando en una actitud de desconfianza y escepticismo.
De una manera prácticamente unánime y sin existir una comunicación entre estos sectores, todos estaban, en la noche del martes, exigiendo que se suspendiera la puesta de ejecución de la Ley 17, aunque fuera mínima su ejecución en este mes de junio, para aceptar sentarse en la mesa del diálogo convocada por el Ejecutivo.
Particularmente, creo que esta condición debe darse, principalmente por lo siguiente: Primero, que no es lógico revisar una ley que está en funcionamiento al ser aprobada. Segundo, ¿qué sucedería si los artículos de la ley que se están implementando sufren modificaciones? Por esas dos razones y otras más, la lógica me indica que se debe suspender la acción de la ley y creo que el gobierno mandaría un mensaje adicional: que desea resolver la crisis y le eliminaría las excusas a los grupos quieren imponer su verdad, desconociendo la de otros.
Esperando que este escollo se supere, aportaré algunos conceptos sobre el diálogo convocado.
Primero, la condición de consenso debe ser reemplazada por el de la mayoría, pero que la minoría tenga la opción de sustentar su propuesta en un informe público.
Segundo, en ese diálogo deben estar verdaderas organizaciones, con personería jurídicas. Para que no suceda, lo del anterior.
Tercero, tener un ente observador, que pueden ser las Iglesias u otra organización de gran credibilidad, pero a la vez, se debe tener un buen facilitador.
Cuarto, todos debemos entender que no somos los dueño de la verdad absoluta, y que con la verdad de cada uno, podremos construir la gran verdad.
Quinto, el Gobierno debe actuar con toda la apertura y flexibilidad, ya que con su llamado al diálogo ha convertido este asunto de la CSS en un tema de Estado (lo que debía haber hecho desde el principio), con un término prudente de discusión (lo que le faltó al anterior gobierno en el diálogo de 2002), y presentar las modificaciones planteadas y aprobadas en este escenario. Todos los que participemos debemos actuar pensando en nuestro país y no en nuestra agenda personal o colectiva, con propuestas bien sustentadas y no demagógicas e irreales.
El país entero estará pendiente de esto y juzgara a los que actúen irresponsablemente, egoísta, politiquera y sobre todo, de intransigencia.
El primer día del diálogo convocado en el 2002, exprese que era la oportunidad que teníamos los panameños, de resolver la problemática de la CSS, con fórmulas panameñas entre panameños. Hoy es la última oportunidad que tenemos los panameños para hacerlo, seríamos irresponsables y tontos en desperdiciarla; llegó la hora de demostrar si queremos y respetamos nuestra Patria o somos una partida de irresponsables que no tenemos el mínimo amor por Panamá.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
cdabadia@cwpanama.net