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Nuestras aulas de clases


Nos encontramos en una crisis de educación. Los aspectos que contemplan cambios no han sido ampliamente difundidos. Se ha hablado, por ejemplo, acerca de la extensión de la jornada escolar, del nuevo currículo para primaria, premedia y media y también del perfeccionamiento docente.

El llamado que se nos hace a los profesores y maestros es a percibir nuestra tarea de manera diferente. Es también a dejar de concebir que nuestra actividad diaria consiste en "hacer clase", "dictar una asignatura", entregar la información que nosotros aprendimos (o simplemente retuvimos). El problema actual es no si dominamos nuestra especialidad o nuestra asignatura sino si somos capaces de entregarla de manera que responda a la "educación para la vida", si podemos formar personas competentes en su trabajo y en su vida diaria.

Es muy fácil juzgar, señalar y criticar la enseñanza o los métodos que se aplican para ellos. En un aula de clases hay que hacer malabares, más aún en estos tiempos difíciles y extraños que estamos viviendo. Con estudiantes desde edad de pre-escolar hasta secundaria con muchos problemas y situaciones en su vida. Lograr captar la atención de ellos en su totalidad no es fácil y sin olvidar mencionar al docente que tiene su propia vida y que a la vez debe planificar su clase para 45 minutos o menos de los cuales deben ser distribuidos de la siguiente manera o, mejor dicho, hacer magia: obtener atención y sobre todo la disciplina, pasar lista (si es o no consejero atender cualquier situación de imprevisto que se presente), realizar diagnósticas, o repasar antes de un ejercicio, explicar la clase, revisar tareas o asignaciones, si un (a) estudiante se siente mal, si desayunó o no, los problemas de hogar cómo les afecta en su rendimiento escolar; en fin, un sinnúmero de situaciones que se quedarían sorprendidos de todo lo que nosotros los docentes vivimos a diario en la realidad de nuestras escuelas sean públicas o particulares, y con todo esto y más se nos acabó el tiempo. Nosotros, los y las docentes, nos convertimos en mamá, papá, enfermera, abuelo, abuela, es decir, todos los miembros de su familia y, sobre todo, escuchamos la cantidad de problemas y tristezas que los envuelven y que no les permiten ser felices ni desarrollarse como debe ser por el simple hecho de que en casa ponen atención a todo menos a lo que debe ser. La mayoría clama en silencio que los escuchen, que los ayuden porque solos no pueden y en muchos casos nos dejan a nosotros los docentes la labor que debe ser responsabilidad de sus padres.

Existe un gran problema emocional en todas las escuelas, y mientras no se haga algo al respecto los estudiantes no podrán cumplir con su parte en la educación. No es sólo materias o asignaturas, esto va más allá. Por lo tanto, yo aconsejaría a todos los directores de escuelas unirse y presentar un proyecto de "Escuela para Padres", donde los involucren y les muestren lo bueno, lo malo y lo feo de no prestar atención a la condición humana de sus niños. Aunque sea que asista uno, ese uno será agente multiplicador. No es decir no se puede, si se puede es cuestión de voluntad el querer hacerlo y buscar a las personas adecuadas para esta misión.

Por tal motivo, no se debe emitir un juicio de algo que no se ha vivido. Se critica, y se habla por lo que dicen las demás personas que no han tenido ningún tipo de acercamiento con la docencia y mucho menos dentro de un salón de clases. Las teorías siempre van a ser muy bonitas. Vivan la experiencia para poder, entonces, tener suficiente elementos y así hablar.

Ser docente no es fácil, pero es una experiencia enriquecedora que permite ver más allá de lo que nos imaginamos, y nos ayuda a crecer espiritual, personal y profesionalmente. Me fascina y adoro lo que hago, por ello escribo para poder compartir, aunque sea un poco de mi experiencia y en el que estoy segura, muchos colegas se identificarán con lo que vivimos en nuestras aulas de clases.

101 años de Panamá América

 
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