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Nuestras escuelas del siglo XXI


Cualquier padre o madre de familia que lea estas líneas, concordará conmigo en que nuestra máxima aspiración como tales es que nuestros hijos o hijas logren una buena educación que les permita salir airosos de los distintos retos que la vida les presenta. Todos reconocemos, en esa misma dirección, que en el mundo de hoy, donde el desarrollo tecnológico avanza a un ritmo vertiginoso, es imprescindible que nuestros estudiantes salgan del nivel secundario o medio con conocimientos básicos del idioma inglés y habilidades tecnológicas, como lo es el uso de la computadora y la Internet.
En un artículo de opinión que salió publicado meses atrás en este mismo diario, les relataba el esfuerzo que estoy realizando, junto con organizaciones no gubernamentales y el Fondo de Inversión Social, para dotar de salones de cómputo a las ocho escuelas primarias oficiales de mi circuito (compuesto por Betania, Bella Vista, Pueblo Nuevo y Ancón). En la práctica, luego de tener funcionando cinco centros de cómputo en igual número de escuelas, he podido apreciar los obstáculos a que se enfrentan este tipo de proyectos, así como las consecuencias positivas de los mismos.
Afortunadamente, la Presidenta Mireya Moscoso tomó la determinación de convocar a un Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo Nacional, el cual luego de diez arduos meses de debates intensos, llegó a conclusiones interesantes y positivas. Dentro de las recomendaciones que alcanzaron consenso entre los distintos participantes de este esfuerzo de concertación, está la incorporación de la tecnología en la educación.
Paralelo a ello, en otro Diálogo nacional, el de la Reactivación Económica, se logró otro importante consenso: la denominada Ley “Tres en uno” sobre Reactivación Económica y Responsabilidad Fiscal, donde está previsto que se puedan utilizar tierras de las áreas revertidas como un mecanismo para financiar “internet en las escuelas oficiales de todo el país”. Se abre así el camino para un macroproyecto que, bien orientado y conceptuado, puede contribuir grandemente al desarrollo educativo de nuestro país, insertándonos en las realidades tecnológicas del Siglo XXI. Entiendo que, en estos momentos, distintas instancias gubernamentales, orientadas por el Ministerio de Educación, avanzan en la elaboración de un proyecto de gran magnitud, aprovechando la puerta que ha abierto la Ley antes señalada.
Pero no podemos caer en el error de considerar que llevar la tecnología a nuestras escuelas es tan sencillo como comprar cientos o quizá miles de computadoras y conectarlas a Internet. La experiencia que he vivido en el Circuito 8-8 y las experiencias de otros países como Costa Rica y República Dominicana, indican que el problema es mucho más complejo. Hay que considerar la capacitación de los docentes como un punto fundamental, pero también hay que pensar en cómo se incorpora e interesa a los estudiantes, a los padres y madres de familia y a las comunidades que circundan el centro escolar; hay que tener la capacidad de dar mantenimiento a esos equipos y de renovarlos cuando sea necesario; hay que considerar los programas (software) que mejor sirvan a los propósitos y metas de nuestro sistema educativo; hay que orientar a las escuelas para que no se dé simplemente una clase de cómputo, sino que el centro de recursos tecnológicos se convierta en un instrumento pedagógico para todos los docentes, donde, por ejemplo, el profesor de ciencias pueda, a través de gráficas e ilustraciones con sonido, dar la clase a sus estudiantes en una forma que llame más su atención y los involucre en ella.
Por cortesía del Dr. Gonzalo Córdoba, Director de la SENACYT, he tenido acceso a un informe hecho por consultores internacionales al gobierno dominicano. No podemos repetir los errores que ya se han cometido en otros países. La incorporación exitosa de la tecnología en nuestros centros educativos tiene que ser producto de una estrategia coherente e integral, que contemple todas las posibles aristas de este complejo problema.
En esa dirección, como Presidente de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la Asamblea Legislativa, he considerado convocar a distintos actores del sector público y privado, nacionales e internacionales, para que discutamos y diseñemos en conjunto una estrategia nacional hacia la consecución de tales objetivos, que sirva de referencia para el actual y los próximos gobiernos.
Ya estamos trabajando para la concreción de ese espacio de concertación y hasta el momento, hemos encontrado interés y una buena acogida tanto en el sector privado como en el público. Así que tengo plena confianza en que, producto del diálogo constructivo, seremos capaces como país, en medio de las celebraciones del centenario de nuestra República, de llegar a los consensos que nos permitan realizar acciones concretas hacia la construcción de una educación para nuestros jóvenes que les permita afrontar exitosamente los retos del siglo XXI.
France Field se ha convertido en el muy necesitado terminal aéreo de Colón, resolviendo el problema de transporte de los ejecutivos de la Zona Libre, que tienen que cumplir compromisos en determinadas horas. La actividad del aeropuerto es otra fuente de empleos.
Coco Solo es la sede de dos poderosas empresas extranjeras dedicadas al manejo y trasbordo de contenedores, las cuales han realizado millonarias inversiones y generado cientos empleos directos e indirectos; considerables ingresos fiscales y a la economía colonense. Los tanques de almacenamiento de combustible que revirtieron están dados en concesión y mantienen un negocio mucho más activo que cuando servían necesidades del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Chivo-Chivo es el campo de tiro de la Policía y el SPI. La clínica de Coco Solo sirve a la comunidad colonense y las instalaciones del Hospital Gorgas sirven necesidades del Ministerio de Salud; y los edificios al lado, albergan la Corte Suprema de Justicia.
La Universidad de Panamá ocupa los edificios de la Escuela Secundaria de Curundú; el Panama Canal College aloja ahora a la Universidad de Florida, que ya está solicitando más espacio para ampliar sus actividades educativas; en Quarry Hieights funciona el Ministerio de Relaciones Exteriores; en Corozal labora el Ministerio de Educación; la Escuela de Superior de Balboa es ahora el Centro de Entrenamiento Ascanio Arosemena de la ACP; Isla Galeta se utiliza para trabajos de investigación en el campo marino; Fort Sherman se ha convertido en sitio preferido para los turistas que tienen un interés especial en la biodiversidad; el Cerro Ancón es el símbolo de nuestra independencia, perfeccionada cuando salió el último soldado estadounidense y pudimos los panameños escalarlo sin el riesgo de ser arrestados por uno de ellos; en la playa de Farfán nos podemos bañar sin las restricciones impuestas por el ejército de EU. Y todavía no las hemos aprovechado del todo.
Me atrevo a asegurar que esas tierras y esos activos brindan hoy más plazas de trabajo y generan más riqueza que las bases militares. ¿Quién está dispuesto a renunciar a todo esto, a cambio de que regresen las tropas de Estados Unidos?

101 años de Panamá América

 
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