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Nuestro centenario republicano


El 28 de Noviembre de 1821, Panamá, con la esperanza de procurarse los beneficios del derecho y la libertad, desligó sus ataduras destinativas de las de España, y espontáneamente unió su suerte a la Gran Colombia, confiando en los ideales bolivarianos.
Posteriormente, la idea de la emancipación empezó a inquietar de nuevo la conciencia istmeña, desarrollándose paulatinamente hasta el 3 de Noviembre de 1903, cuando el pueblo istmeño decidió separarse de Colombia para ubicarse en el transfondo mundial, como una República libre e independiente, a pesar de las críticas subjetivas de los defensores de la "Leyenda Negra", que se refería a este movimiento como un cimiento entregado a los intereses político-económicos de los Estados Unidos.
Al respecto, el doctor Isaías García Aponte (1927-1968) en su obra "Naturaleza y forma de lo panameño", con un criterio objetivo proclamó: "Fue el triunfo de un Arosemena y de un Arango, de un Valdés y de un Andreve; fue el triunfo también de un pueblo con conciencia de sus propias potencialidades anímicas y con gran confianza en la justeza de sus aspiraciones".
Este acontecimiento constituye uno de los momentos más importantes de la historia nacional, y sobre el cual han versado diferentes estudiosos de la realidad social panameña, que se remonta a nuestros próceres y contemporáneos de la Independencia, prolongándose hasta los pensadores y críticos del historiar istmeño de nuestros días.
Se hace, entonces, necesario una nueva visión purificada y amplia de este acontecer, y como diría el profesor Rodrigo Miró: "Nuestra separación de Colombia se ha convertido en trauma que perturba el equilibrio emocional de muchos adolescentes y la Historia Patria no puede fundamentarse ni en la ignorancia ni en el resentimiento".
Nos interesa entonces, sobre todo, poner de relieve la necesidad apremiante del estudio que reúna todos los aspectos que conlleven a una cabal y adecuada interpretación de nuestra separación de Colombia; éstos serían los fenómenos geográficos e históricos y los hechos político-económicos, internacionales y personales.
En nuestro medio se han generalizado dos enfoques, o tendencias en torno a la secesión de 1903: por un lado, se manifiesta la "Leyenda Negra", de carácter destructor; y por el otro, la "Leyenda Dorada", enmarcada en el ámbito anticrítico del problema planteado.
Autores como Soler, García, Gasteazoro, entre otros, destacan con una visualización histórica el surgir de los "verdaderos istmeños, lo que es en sí el sentimiento de panameñidad".
Los panameños celebramos este año "El Centenario Republicano" que, en el transfondo socio-histórico, vislumbra alternativas de superación cultural, educativa, económica, científica y tecnológica.
Debemos amar a nuestro querido Panamá. "La patria, aunque sea pequeña en territorio, debemos llevarla en el santuario de nuestro corazón". Si enarbolamos la centuria republicana todo panameño concienciado debe luchar por erradicar ciertas secuelas negativas en pro del desarrollo social y estatal, tales como: la delincuencia, la drogadicción, la corrupción, la pobreza, el lavado de dinero, el desempleo, el hambre, la ignorancia y la hipocresía, como moral convencional de la sociedad. Finalmente podemos proclamar "Alcanzamos por fin la victoria". ¡Viva Panamá!

101 años de Panamá América

 
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