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Nuestro deber: luchar más por Panamá


El debate sobre el excesivo endeudamiento de nuestros gobiernos ha sido provechoso. La presidenta y su predecesor debatieron y se hizo obvio que la discusión se dio entre el hambre y las ganas de comer, más o menos.
Las afirmaciones del segundo sirven para recordar que él hizo sus bellezas y que todos tratemos de no imitarlas. Las de la primera son, por supuesto, de mayor actualidad y también apuntan a lecciones que debemos usar para mejorar al país. Lo cual es después de todo lo más importante.
Recuerdo que en el caso de los Cartier, hubo promesas de sufragar los gastos personalmente; cosa que tenemos que asumir que no se hizo, porque de otra manera ya se hubieran publicado los detalles de las partidas secretas, perdón, discrecionales, de los dos personajes mencionados. Recuerdo luego la promesa de vender los Cadillac, lo que se hizo pero pareciera que no ciento por ciento. Hace unos dos años se prometió también vender la casa de reposo de Punta Mala. Bueno, como ya predije, todo indica que la presidenta usará esta residencia hasta el final de su mandato. Todo esto es una repetición que todos sabemos y que no olvidaremos con facilidad. Pero la secuencia de los hechos no pueden ser más reveladores.
Demos gracias a Dios que, por ahora, parece que se van a proveer los fondos que requiere el Tribunal Electoral para dirigir unos comicios transparentes. Esto debemos vigilarlo con perseverancia. Y sigue la decisión que el partido de la presidenta escogerá su abanderado presidencial a través de sus convencionales.
La alternativa de hacerlo en primarias es inclusive. Creo que ya se desvaneció la cola del Fufo y ahora es cuestión de sálvese quien pueda. Lo mismo debe aplicar en el PRD. Hace poco la ministra Rosas se refirió al "padre de la corrupción". El calificativo es fuerte, pero veraz. De modo que su cola también es etérea y todos debemos pisar tierra con firmeza.
Y creo que todos los panameños debemos tener un sueño, como Martín Luther King. Debemos soñar que la sociedad civil va a tener mayor influencia en la administración de la cosa pública, que deberá acabarse el dominio de los partidos políticos porque sus proclividades, su corrupción, prueban que se han arrogado derechos que son del pueblo, de más nadie.
Y mientras reflexiono, no olvido los problemas de la CSS que tanto afectarán a panameños de clases media y baja, si no se hace lo posible por aplicar soluciones mancomunadamente. Sin embargo, en un extremo se encuentra el director Jované, complementado por líderes obreros que también se van desvaneciendo y, en el extremo opuesto, los dirigentes de los empresarios y comerciantes que, tampoco creo que se dan cuenta que son protagonistas de una inacción que hará sufrir a centenares de miles de panameños.
De ahí, repito, es imperativo que la sociedad civil se interese, consulte y participe. Mientras tengamos los mismos dirigentes, de todos los sectores, con la mentalidad de siempre, el discurso de siempre, Panamá no avanzará.
Estos tipos de reflexiones están en mi subconsciente toda vez que decido escribir mis artículos mal pergeñados. A veces dudo, pero siempre concluyo que Panamá lo merece, aunque se trate de sólo palabras. Sin embargo, creo que he tenido mucha suerte porque las palabras se las lleva el viento, pero si se plasman en blanco y negro quizás, sólo quizás, Panamá progresará, avanzará.
Ojalá que pueda ver la etapa inicial de esto. Retrospectivamente, me asaltan las dudas porque la politiquería, la corrupción y el egoísmo nunca parecen cesar o, por lo menos, conceder una tregua.
Invito a los que por casualidad lean estas líneas a concordar conmigo en la tesis de que Panamá merece que trabajemos por ella, cada uno dentro de su capacidad, a pesar de todas las obstrucciones que le presentamos los que se supone que la amamos. Ella es el seno de nuestros padres y lo es también de nuestros hijos, nietos y sus hijos y nietos. Panamá es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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