Nuestro derecho de retorsión
Las naciones que han abandonado la guerra como método de resolver los conflictos entre sí, han desarrollado otros mecanismos para proteger sus intereses estratégicos frente a las agresiones económicas de sus pares. Para ello tienen recursos insertos en los tratados de libre comercio, en las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en sus leyes nacionales.
Panamá, con buen tino, ha establecido desde hace unos años una "Ley de Retorsión" que crea los instrumentos legales para que nuestro gobierno pueda enfrentar las medidas discriminatorias u otros impedimentos injustos contra las empresas y los productos panameños. La ley es propia de un país primer mundista; de hecho, es una copia de legislaciones de otros países de esa liga, pero nuestro gobierno no la aplica porque parece que le faltó un ingrediente.
A pesar de nuestro tamaño, Panamá se proyecta como una potencia emergente en la región, no sólo por un crecimiento económico envidiable y por índices de seguridad superiores a los de naciones vecinas, sino también por poseer activos estratégicos como el Canal de Panamá, el Centro Financiero, la Zona Libre, la Ciudad del Saber, los cables de fibra óptica que nos atraviesan, los puertos de carga y otros elementos clave para la economía regional y mundial. A esto se suma nuestro papel en la OEA, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la diplomacia continental, lo que le da a Panamá una capacidad de tomar medidas justas de retaliación cuando otras naciones nos incluyen en listas negras para poner obstáculos o verdaderos impedimentos a empresas y productos panameños.
Sea el impedimento a participar en licitaciones públicas, entre ellas las de la ampliación del Canal, sea la obligación de retener impuestos de remesas a empresas de ciertos países, sea el no otorgamiento de visas y de permisos de trabajo a nacionales de ciertos países o bloquear el acceso a la OMC, son todas medidas legítimas que Panamá puede adoptar contra quienes nos discriminan injustamente. Pero "Lo que Natura non da, Salamanca non presta", dice el arco de la famosa universidad; a la Ley le falta un ingrediente que lamentablemente no puede proveer: testosterona para aplicarla a favor de nuestros intereses.