Nuestro hombre en Panam
EL TÍTULO responde al del artículo del pasado domingo 9, en el New York Times, del Embajador de Estados Unidos en Panamá (82-86) Everett (Ted) Briggs. Lo dice, si bien resulta de mucha vergüenza para la diplomacia norteamericana, debe constituir mayor vergüenza, si es que alguna vez la tuvieron, para los que apoyaron al tirano en su gestión, la cual duró del 12 de agosto de 1983, cuando Rubén Paredes le entregó el mando de la Guardia Nacional -en septiembre de ese año Fuerzas de Defensa asesorado por sus amigos militares de Israel- , al 20 de diciembre de 1989, cuando sin razón murieron centenares de panameños, muertes que se hubiesen podido evitar.
Los intentos de golpe que a lo interno de los militares se produjeron, si bien con el ojo complaciente de los norteamericanos, los tantos amigos que según Briggs, tenía Noriega en los más altos niveles de la inteligencia de ese país -ya que hasta asalariado de la CIA- los hicieron abortar. En el primero de ellos, en el cual participé, ocurrido el 16 de marzo de 1988, todos terminaron apresados inhumanamente por 22 meses, entre otros, el coronel Leonidas Macías, los mayores Fernando Quezada, Aristides Valdonedo, Luis Samudio, Milton Castillo, Francisco Alvarez, Cristóbal Fundora, Jaime Benítez, José Serrano, Nicolás González y los capitanes Alberto Soto y Humberto Macea. Dos mayores aviadores no quedaron presos, Augusto Villalaz y Ramón Anel Adames, al permitir su libertad el coronel Lorenzo Purcell, posteriormente retirado por Noriega, y lo cual confirma que muchos otros -que quizás se quedaron hasta el final- querían salir del tirano antes de que fuera muy tarde. El que ayuda a abortar este primer intento de golpe fue Moisés Giroldi V., ahijado de Noriega, el mismo que cuando se subleva el 3 de octubre de 1989, es asesinado, tal había sentenciado Noriega, para quien se atrevieran a conjurar contra él. Junto a él, fueron acribillados, entre otros los capitanes Juan Arza, León Tejada, hijo del recordado dirigente deportivo del PRD, Cocoliso Tejada, Eric Murillo y Nicasio Lorenzo Drake. Uno de ellos, Javier Licona logró evadir el paredón que montó el cobarde militar.
Nos cuenta Briggs, que a Noriega, una vez que su país decide poner fin al contubernio existente, y le sale en febrero de 1989 la orden de enjuiciamiento (indictment) que posteriormente sirve para que lo juzguen, él (Briggs), trabajando en ese tiempo en el Consejo de Seguridad Nacional en Washington, sugiere que lo hagan secretamente para atrapar a Noriega en uno de sus viajes a su dentista en Miami o Las Vegas a jugar en los Casinos o al recibir invitación para visitar a su empleador (CIA) en el Pentágono. Sin embargo, al hacerse público tal enjuiciamiento -quizás por uno de los amigos que el MAN tenía en el Pentágono o en el Comando Sur con quienes hasta caballos de carrera compartía- decide no salir de Panamá para evitar que lo atrapen.
Recuerdo que fui parte de esa historia que ahora Briggs nos ayuda a recordar, pero desde el lado de los Estados Unidos, en donde critica las grandes responsabilidades de su país frente a los panameños por haber permitido que Noriega estuviese tanto tiempo en el poder, muchos de ellos sostenido por el interés de Estados Unidos en mantenerlo como aliado, a pesar de conocer detalladamente sus relaciones con el narcotráfico y saber que las elecciones de 1984 habían sido fraudulentas. Las elecciones de 1984 fueron el 6 de mayo. El 7 de mayo, donde se contaban los votos, la Asamblea Legislativa en la 5 de mayo, se escenifica el ataque de una turba armada encabezada por Silverio Brown, conocido maleante al servicio de las Fuerzas de Defensa. La oposición planea una marcha para el jueves 9 de septiembre y la anuncia; el país está muy agitado. En representación de la Alianza Democrática de Oposición (ADO), que tuvieron como candidatos a Arnulfo Arias, Carlos Rodríguez y Ricardo Arias Calderón, visito al Embajador Briggs en la Avenida Balboa, haciéndome acompañar por otro dirigente demócrata-cristiano, Raúl Arias de Para. Briggs nos dice que de acuerdo con las informaciones que tiene la Embajada, la ADO ha salido victoriosa, pero que espera instrucciones para ver que hace su país. Otras embajadas también compartían tales resultados, siendo una de ellas la de Venezuela. Nos pide que suspendamos la marcha ante el temor de graves actos de violencia.
El final de la historia, él mismo lo relata en su artículo. Los norteamericanos, aún no seguros de la utilidad que para ellos aún tenía Noriega, deciden apoyar al amigo del Secretario de Estado George Schultz, su pupilo Nicolás Ardito Barletta, hasta que lo deponen el 25 de septiembre de 1985, luego que Ardito Barletta se llena de coraje y anuncia al país que nombrará una comisión independiente para investigar el crimen por decapitación de Hugo Spadafora, ocurrido 12 días antes.
Tantas cosas que se hubiesen podido evitar si los gringos hubiesen actuado democráticamente y no sólo para satisfacer sus intereses. Bueno, eso siempre lo hemos escuchado: los norteamericanos no tienen amigos, sólo intereses.
Demócrata Cristiano desde 1962.
gcochez@cableonda.net
Los intentos de golpe que a lo interno de los militares se produjeron, si bien con el ojo complaciente de los norteamericanos, los tantos amigos que según Briggs, tenía Noriega en los más altos niveles de la inteligencia de ese país -ya que hasta asalariado de la CIA- los hicieron abortar. En el primero de ellos, en el cual participé, ocurrido el 16 de marzo de 1988, todos terminaron apresados inhumanamente por 22 meses, entre otros, el coronel Leonidas Macías, los mayores Fernando Quezada, Aristides Valdonedo, Luis Samudio, Milton Castillo, Francisco Alvarez, Cristóbal Fundora, Jaime Benítez, José Serrano, Nicolás González y los capitanes Alberto Soto y Humberto Macea. Dos mayores aviadores no quedaron presos, Augusto Villalaz y Ramón Anel Adames, al permitir su libertad el coronel Lorenzo Purcell, posteriormente retirado por Noriega, y lo cual confirma que muchos otros -que quizás se quedaron hasta el final- querían salir del tirano antes de que fuera muy tarde. El que ayuda a abortar este primer intento de golpe fue Moisés Giroldi V., ahijado de Noriega, el mismo que cuando se subleva el 3 de octubre de 1989, es asesinado, tal había sentenciado Noriega, para quien se atrevieran a conjurar contra él. Junto a él, fueron acribillados, entre otros los capitanes Juan Arza, León Tejada, hijo del recordado dirigente deportivo del PRD, Cocoliso Tejada, Eric Murillo y Nicasio Lorenzo Drake. Uno de ellos, Javier Licona logró evadir el paredón que montó el cobarde militar.
Nos cuenta Briggs, que a Noriega, una vez que su país decide poner fin al contubernio existente, y le sale en febrero de 1989 la orden de enjuiciamiento (indictment) que posteriormente sirve para que lo juzguen, él (Briggs), trabajando en ese tiempo en el Consejo de Seguridad Nacional en Washington, sugiere que lo hagan secretamente para atrapar a Noriega en uno de sus viajes a su dentista en Miami o Las Vegas a jugar en los Casinos o al recibir invitación para visitar a su empleador (CIA) en el Pentágono. Sin embargo, al hacerse público tal enjuiciamiento -quizás por uno de los amigos que el MAN tenía en el Pentágono o en el Comando Sur con quienes hasta caballos de carrera compartía- decide no salir de Panamá para evitar que lo atrapen.
Recuerdo que fui parte de esa historia que ahora Briggs nos ayuda a recordar, pero desde el lado de los Estados Unidos, en donde critica las grandes responsabilidades de su país frente a los panameños por haber permitido que Noriega estuviese tanto tiempo en el poder, muchos de ellos sostenido por el interés de Estados Unidos en mantenerlo como aliado, a pesar de conocer detalladamente sus relaciones con el narcotráfico y saber que las elecciones de 1984 habían sido fraudulentas. Las elecciones de 1984 fueron el 6 de mayo. El 7 de mayo, donde se contaban los votos, la Asamblea Legislativa en la 5 de mayo, se escenifica el ataque de una turba armada encabezada por Silverio Brown, conocido maleante al servicio de las Fuerzas de Defensa. La oposición planea una marcha para el jueves 9 de septiembre y la anuncia; el país está muy agitado. En representación de la Alianza Democrática de Oposición (ADO), que tuvieron como candidatos a Arnulfo Arias, Carlos Rodríguez y Ricardo Arias Calderón, visito al Embajador Briggs en la Avenida Balboa, haciéndome acompañar por otro dirigente demócrata-cristiano, Raúl Arias de Para. Briggs nos dice que de acuerdo con las informaciones que tiene la Embajada, la ADO ha salido victoriosa, pero que espera instrucciones para ver que hace su país. Otras embajadas también compartían tales resultados, siendo una de ellas la de Venezuela. Nos pide que suspendamos la marcha ante el temor de graves actos de violencia.
El final de la historia, él mismo lo relata en su artículo. Los norteamericanos, aún no seguros de la utilidad que para ellos aún tenía Noriega, deciden apoyar al amigo del Secretario de Estado George Schultz, su pupilo Nicolás Ardito Barletta, hasta que lo deponen el 25 de septiembre de 1985, luego que Ardito Barletta se llena de coraje y anuncia al país que nombrará una comisión independiente para investigar el crimen por decapitación de Hugo Spadafora, ocurrido 12 días antes.
Tantas cosas que se hubiesen podido evitar si los gringos hubiesen actuado democráticamente y no sólo para satisfacer sus intereses. Bueno, eso siempre lo hemos escuchado: los norteamericanos no tienen amigos, sólo intereses.
Demócrata Cristiano desde 1962.
gcochez@cableonda.net