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Nuestro hombre en París


Mucho revuelo ha causado por estos días la aprobación por parte de Hillary Clinton, de la extradición de Manuel Antonio Noriega Moreno hacia Francia. Encuestas y tomas de pulso de todo tipo preguntan a la ciudadanía panameña sobre lo justo o injusto de la medida.

En algunos panameños ha sanado las viejas heridas con el transcurrir del tiempo, en otros no ha sido así. Tras la prensa internacional y nacional revolver el tema, sal se le echa a muchos panameños que sufrieron los vejámenes en carne propia, en algunos casos, y en otros, de una feroz y cruel dictadura que les arrebató a sus seres queridos.

Noriega vuelve a la palestra pública, haciendo historia. Quizás sea su último intento por conservar su porte militar de general, porque dignidad hace mucho no la tiene. En televisión observamos a un Noriega enfermo, no goza de buena salud, tanto que tuvieron que ayudarlo a subirse al auto que lo llevaría a tomar el avión comercial, rumbo a su último destino.

Mientras en Panamá seguimos hablando de nuestro hombre en París, una vez arriba a esa ciudad, un juez ordena sea trasladado a la horrenda prisión de La Santé. De este lugar, una ex jefa de esta prisión dijo que ni Dante Alighieri se hubiera imaginado un lugar así en su infierno.

Otros desconocedores de nuestras leyes e idiosincrasia, insisten en que tiene que venir acá en Panamá a pagar por sus crímenes. Muchos opinan que son precisamente los que se quedaron con su fortuna malhabida y los que su nombre aparecían en las famosas cajas y cajas de información clasificada, los que no quieren que por nada del mundo Noriega retorne al país.

Lo cierto es que aquí en Panamá por disposición legal no puede estar preso por ser mayor de 75 años y su estado de salud, sus abogados saben que automáticamente califica para una suspensión de la pena.

Ejemplo particular es el señor Rafael Arosemena del PRD que se robó 14 millones del BNP y no está preso ni va a estarlo. Igual suerte correría Manuel Antonio Noriega Moreno, aunque muchos en sus corazones lo que quieren es que se quebrante la ley y lo metan preso de todas maneras. De allí que los panameños debemos dar gracias a Dios porque se lo llevaron a París, pese a las 16 reiteraciones para su extradición por parte de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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