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Nuestros billones de la posteridad


La reciente lectura de un artículo del historiador Celestino Araúz sobre los llamados millones de la posteridad, me ha llevado a pensar que a los panameños nos ha tocado volver a vivir el penoso episodio de los mencionados millones, pero con la diferencia de que ahora son billones.
Es del conocimiento general que el primer gobierno que tuvo la República de Panamá a raíz de su separación de Colombia en 1903 recibió de los Estados Unidos una "bonificación" de 10 millones de dólares y que ese gobierno, considerando que esto dineros pertenecían también a las futuras generaciones de panameños, con encomiable buen juicio decidió no utilizarlos de inmediato y poner buena parte de ellos a buen recaudo.
A pesar de las buenas intenciones de los próceres, por razones que no vienen al caso analizar, estos millones en unos treinta años quedaron reducidos prácticamente a nada y en 1954 desaparecieron del todo.
Las llamadas áreas revertidas, por su relación con el Canal y las ciudades terminales del mismo, tienen un enorme valor que se puede estimar en por lo menos 10 billones de dólares; o sea, mil veces más que lo que recibimos en 1903.
El destino nos ha vuelto a poner frente al dilema que confrontaron nuestros primeros gobernantes. Esta cuantiosa fortuna, al ser patrimonio de todos los panameños, presentes y futuros, no puede ser utilizada para resarcir las arcas de ningún gobierno.
Por ésta y muchas otras razones consideré un error vender estos bienes inmediatamente. Hubiera sido más prudente alquilar estas valiosas propiedades hasta tanto se supiera con certeza el giro que tomará el inminente ensanche del Canal, y porque los errores que inevitablemente se cometieron, por la magnitud de la empresa y la falta de precedentes en proyectos de esta índole, podrían ser eventualmente corregidos.
Pero, lamentablemente, no fue así; le caímos a las áreas revertidas como a una gran piñata. Los que mandaban cuando empezó el festín se apropiaron de las mejores casas, y ya después en una forma menos desordenada se han ido vendiendo apresuradamente tierras e inmuebles de un futuro valor incalculable. Recientemente, la ciudadanía se ha enterado de que muchos de los favorecidos con estas privilegiadas parcelas ni siquiera están cumpliendo con sus compromisos de pago.
Según relata el historiador Araúz, a finales de la década del "20, la preocupación ciudadana por la suerte de los millones de la posteridad era tal, que el eminente ciudadano Guillermo Andreve sugirió al gobierno "publicar periódicamente en los diarios locales cuadros demostrativos sobre el manejo del fondo".
Ante los muchos escándalos que se están destapando últimamente, parece muy sabia y muy actualizada la recomendación del Sr. Andreve. ¿Qué estará pasando con nuestro billonario patrimonio?
¿Cuánto se ha vendido y cuánto nos queda de Fuerte Amador, la joya de este patrimonio? ¿Y qué hay del Fondo de Fideicomiso del cual ya poco se habla, que debe alimentarse de la venta de estas tierras, habrá crecido?
El manejo de la cosa pública se ha convertido en un negocio demasiado lucrativo para confiarlo a los actuales políticos. Lo menos que debemos exigir los ciudadanos de este tan explotado país, es que se nos informe con regularidad y veracidad sobre la suerte de nuestros billones de la posteridad.

101 años de Panamá América

 
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