Nuestros miedos
Hace poco leí ese título en una revista y recordé otra frase: "No sólo de miedo vive el hombre, sino de esperanza". Con la renuncia del titular del MIDA, aparentemente, se ha sacudido el árbol y se oye como siempre toda clase de opiniones y amenazas. Que no vamos a comer, que nos van a comer, que vamos a comer deshechos gringos, que no va a haber TLC y nos vamos a quedar solos, porque los otros países sí van a firmar lo que les pongan por delante; y a la postre quién sabe cómo vamos a quedar, porque sea que se haga una cosa u otra, de todos modos la calavera es ñata y conviene recordar lo que decía la Imitación de Cristo refiriéndose a San Pablo que trato de hacerse todo a todos y no logró complacer a todos. Lo siempre peligroso para nosotros como país pequeño que ha sido socio del gran país grande por 97 años es que ya nos conocemos y no puede existir confianza total, sino vigilancia confiada. Y cunde el miedo.
Cito a Eduardo Galeano, "El miedo global": "Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo; los que no trabajan tienen miedo a no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo a caminar, y los peatones tienen miedo a ser atropellados. La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tiene miedo a la falta de armas , Las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo".
Y podríamos, concretamente entre nosotros, añadir otras descripciones sobre el miedo. Miedo al TLC o miedo al no TLC. Miedo a un tsunami. Miedo a que con Evo Morales, Hugo Chávez y demás líderes actuales y por venir dominen este continente. Miedo a perder lo conquistado. Miedo a perder lo que tienes. Miedo al cáncer. Miedo a tener una vejez abandonada. Miedo a la muerte. Es el tiempo del miedo. Lo señala la cita anterior, lo afirmaba también Ellacuría que decía que nuestras sociedades occidentales no tenían esperanza, sino miedo. Parece cierto estamos atenazados por los miedos. Miedo al terrorismo, a la pérdida del bienestar, a un futuro de catástrofes, al extranjero, al enfermo de SIDA, al pobre, a que invadan nuestro espacio, a que alteren nuestro tiempo, a perder identidad, a perder el trabajo; sobre todo miedo, a "que se sepa" la verdad . Nuestras sociedades malviven con el miedo. También la iglesia comparte los miedos de su tiempo y añade lo suyos propios; siente temor ante un futuro sin vocaciones sacerdotales; tiene miedo a perder su palabra en foro social; siente vértigo ante la constante pérdida de fieles practicantes. Aunque no podemos negar que los templos se llenan muchas veces, por el miedo a la situación. El culto y el miedo a veces son correlativos.
¿Qué es el miedo? Tras el miedo se esconden siempre las tendencias del instinto de conservación. Surge una amenaza externa que pone en peligro la conservación del individuo y se trata de una amenaza que quizá no es percibida directamente actual y palpable. Sentir miedo es anticipar una amenaza. Estamos a merced eso que nos amenaza Nos sentimos sin firmeza la que se requiere para mantenernos en la lucha por la vida. Pero, el miedo sano salva nuestra integridad física y síquica muchas veces en la vida, como es salvador el dolor ante una herida que corre peligro de infección. No podemos vivir sin miedo. Se pueden combatir. Hay que descubrirlos, discernirlos y afrontarlos, y dar una palabra de esperanza.
Los creyentes tenemos que recurrir a la esperanza y la fe en la palabra del Señor. Es allí donde podremos como el naufrago del salmo decir: El Señor es mi roca. El es mi salvación.
Cito a Eduardo Galeano, "El miedo global": "Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo; los que no trabajan tienen miedo a no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo a caminar, y los peatones tienen miedo a ser atropellados. La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tiene miedo a la falta de armas , Las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo".
Y podríamos, concretamente entre nosotros, añadir otras descripciones sobre el miedo. Miedo al TLC o miedo al no TLC. Miedo a un tsunami. Miedo a que con Evo Morales, Hugo Chávez y demás líderes actuales y por venir dominen este continente. Miedo a perder lo conquistado. Miedo a perder lo que tienes. Miedo al cáncer. Miedo a tener una vejez abandonada. Miedo a la muerte. Es el tiempo del miedo. Lo señala la cita anterior, lo afirmaba también Ellacuría que decía que nuestras sociedades occidentales no tenían esperanza, sino miedo. Parece cierto estamos atenazados por los miedos. Miedo al terrorismo, a la pérdida del bienestar, a un futuro de catástrofes, al extranjero, al enfermo de SIDA, al pobre, a que invadan nuestro espacio, a que alteren nuestro tiempo, a perder identidad, a perder el trabajo; sobre todo miedo, a "que se sepa" la verdad . Nuestras sociedades malviven con el miedo. También la iglesia comparte los miedos de su tiempo y añade lo suyos propios; siente temor ante un futuro sin vocaciones sacerdotales; tiene miedo a perder su palabra en foro social; siente vértigo ante la constante pérdida de fieles practicantes. Aunque no podemos negar que los templos se llenan muchas veces, por el miedo a la situación. El culto y el miedo a veces son correlativos.
¿Qué es el miedo? Tras el miedo se esconden siempre las tendencias del instinto de conservación. Surge una amenaza externa que pone en peligro la conservación del individuo y se trata de una amenaza que quizá no es percibida directamente actual y palpable. Sentir miedo es anticipar una amenaza. Estamos a merced eso que nos amenaza Nos sentimos sin firmeza la que se requiere para mantenernos en la lucha por la vida. Pero, el miedo sano salva nuestra integridad física y síquica muchas veces en la vida, como es salvador el dolor ante una herida que corre peligro de infección. No podemos vivir sin miedo. Se pueden combatir. Hay que descubrirlos, discernirlos y afrontarlos, y dar una palabra de esperanza.
Los creyentes tenemos que recurrir a la esperanza y la fe en la palabra del Señor. Es allí donde podremos como el naufrago del salmo decir: El Señor es mi roca. El es mi salvación.