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Nuestros muchos paralipofóbicos


Las palabras nos marcan. No cabe duda. Estamos hechos de células y de neuronas, pero también de palabras. Dos o tres son las más pronunciadas por los políticos y gobernantes, en términos generales: democracia, pobreza, justicia social, etc.

Dos son las preferidas, no por ser pronunciadas sino por ser llevadas a la práctica: demagogia y juegavivo.

Y un par más están fuera de su vocabulario, de su conocimiento y de toda posibilidad de concreción: renuncia, vergüenza y verdad.

Quiero referirme expresamente a la palabra “renuncia” en la realidad de nuestro quehacer político.

Entre todos los miedos, las fobias y las aversiones, existe uno denominado paralipofobia, palabra rarísima que, sin embargo, define una conducta común entre los políticos descarados, pusilánimes, a los que “el amor” y el apego a los cargos, al dinero y a las estructuras de poder les impide pensar en una renuncia cuando han ocurrido hechos de tal trascendencia “negativa” “perjudicial” y “bochornosa” para el país.

Sobre la paralipofobia dice el Dr. Sergio Rey Mendoza, de la Universidad de Magallanes, en Chile, que “se trata un temor enfermizo e irreflexivo a asumir responsabilidades”. http://www.radiopolar.com/noticia.php?id_not=18287&a=2006&m=4

Tras haber referido el caso de un ministro de Transporte de Portugal, que dimitió luego de que un puente carretero se derrumbara, accidente en el que murieron muchos automovilistas, el Dr. Rey nos dice: “El Ministro de Transportes presentó de inmediato la renuncia a su cargo. [...] ...a nadie se le pasó por la mente sugerir que si se le cuestionaba políticamente por ese hecho, se pondría en peligro la institucionalidad democrática de la Nación. El Ministro tuvo la lucidez y dignidad suficientes como para entender que su responsabilidad política estaba enteramente comprometida; e hizo lo correcto: dimitió a su ministerio sin mayor trámite”.

Dicho esto, indudablemente, en Panamá hemos tenido legiones y legiones de políticos y gobernantes paralipofóbicos. Es un signo de nuestra clase política. ¡Qué vergüenza!

Recuerdo muchos escándalos políticos en Panamá. Pero no recuerdo los nombres de los políticos o de los funcionarios que hayan renunciado. No los recuerdo porque no los ha habido con esa entereza y esa vergüenza para resarcir en algo el daño ocasionado al país poniendo sus cargos a disposición.

Tal vez el caso de don Laurentino Cortizo sea, en décadas y décadas, uno de los pocos que, ante la disconformidad con lo actuado, prefirió renunciar. Y la sociedad toda se lo aplaudió.

Si el mundo dependiera para su funcionamiento de que uno (cualesquiera de ellos) de nuestros políticos diligenciara tal o cual asunto, y si este político olvidara hacerlo o lo hiciera mal, o incluso si debiendo hacerlo se negara o lo postergara, con daño irreversible para el mundo, incluyendo su extinción, primero cabría esperar esa extinción antes que decir: “RENUNCIO” porque no puedo, porque no pude o porque no podré.

101 años de Panamá América

 
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