Nueva administración mundial
El sábado 20 de enero se inaugura el No. 43 Presidente de los Estados Unidos en una ceremonia sencilla y rápida, elevándose así a la primera magistratura de esa nación quien fungirá como el hombre más poderoso del mundo. Arruinada la Unión de las Repúblicas Soviéticas con sus aliados por sus propios errores cometidos a través de dictaduras hegemónicas que nada tenían que ver con un verdadero socialismo, sino con autoritarismo de burócratas desde el poder, se aceleró una estampida vertiginosa de los países y comunidades demócratas del mundo hacia un progreso materialista, cuyo resultado en el éxito todavía se hace difícil calcular.
Polos de esta innegable realidad se dieron principalmente en los Estados Unidos y en la Comunidad Europea. Mucho más marcadamente en el Coloso del Norte que, también por su propio impulso, y en pleno goce de libertades y respeto por los derechos humanos, acicateaba a la punta de las nuevas tecnologías de los primeros lugares en la construcción del mundo.
Este acelerado progreso ha causado la vigencia en una sociedad norteamericana llena de comodidades y recursos que cada vez se hacen más horizontales tratando de cubrir la totalidad de su población.
La capacidad para absorber los mejores talentos del mundo de buscarlos con afán ofreciéndoles las mejores oportunidades, pueden presagiar una sociedad, cada vez más en la delantera de las otras naciones. En estas condiciones de bonanza se inaugura el nuevo presidente republicano George W. Bush.
En otros pueblos podría importar mucho la reñida campaña y el contrasentido para nosotros los latinos, el que un candidato con mayoría individual de votos en toda la nación, se haya visto sometido por un sistema legal, creado por los mismos norteamericanos, de los colegios electorales. Pero ante el asombro del mundo, el contrincante ganador - perdedor reconoce la realidad del sistema y felicita a su contra parte y lo llama su Presidente. Y punto y aparte.
La controversia se acabó y si el partido Demócrata aceptó los resultados y entrega la Presidencia de los Estados Unidos a quien consideran que lo merece constitucionalmente, estamos frente a un ejemplo indiscutible de la vigencia de las Leyes y el Derecho en este país.
Este nuevo líder del mundo tiene una experiencia administrativa en el manejo de una gobernación de un Estado por más de un lustro. Estos estados son pequeños sistemas presidenciales en los Estados Unidos, con sus propias leyes, cortes y sus burocracias.
El Presidente que abandona el poder, Bill Clinton, provenía de uno de los estados más pequeños de los Estados Unidos, más o menos con iguales experiencias. No obstante, Bush viene vinculado a su padre que fue presidente durante cuatro años antes de Clinton. Esta administración fue tan republicana en el concepto doctrinario - partidista como la de Ronald Reagan.
Fuertes y vigorosas en sus decisiones. Tolerantes y violentas cuando creyeron que debían serlos. Los principales asesores de hoy, vienen con vínculos de esa pasada administración. Se anuncia, por lo tanto, como un gobierno que, para bien o para mal, sabrá tomar decisiones rápidas y contundentes.
Para Panamá, para los panameños que no son infantiles de criterio ni ingenuos premeditados, el panorama es claro. El que no quiere ver es porque no mira de frente las realidades. No creo que hay que menospreciar o pinchar al tigre porque, me parece, que este tigre sí sabe morder.
Polos de esta innegable realidad se dieron principalmente en los Estados Unidos y en la Comunidad Europea. Mucho más marcadamente en el Coloso del Norte que, también por su propio impulso, y en pleno goce de libertades y respeto por los derechos humanos, acicateaba a la punta de las nuevas tecnologías de los primeros lugares en la construcción del mundo.
Este acelerado progreso ha causado la vigencia en una sociedad norteamericana llena de comodidades y recursos que cada vez se hacen más horizontales tratando de cubrir la totalidad de su población.
La capacidad para absorber los mejores talentos del mundo de buscarlos con afán ofreciéndoles las mejores oportunidades, pueden presagiar una sociedad, cada vez más en la delantera de las otras naciones. En estas condiciones de bonanza se inaugura el nuevo presidente republicano George W. Bush.
En otros pueblos podría importar mucho la reñida campaña y el contrasentido para nosotros los latinos, el que un candidato con mayoría individual de votos en toda la nación, se haya visto sometido por un sistema legal, creado por los mismos norteamericanos, de los colegios electorales. Pero ante el asombro del mundo, el contrincante ganador - perdedor reconoce la realidad del sistema y felicita a su contra parte y lo llama su Presidente. Y punto y aparte.
La controversia se acabó y si el partido Demócrata aceptó los resultados y entrega la Presidencia de los Estados Unidos a quien consideran que lo merece constitucionalmente, estamos frente a un ejemplo indiscutible de la vigencia de las Leyes y el Derecho en este país.
Este nuevo líder del mundo tiene una experiencia administrativa en el manejo de una gobernación de un Estado por más de un lustro. Estos estados son pequeños sistemas presidenciales en los Estados Unidos, con sus propias leyes, cortes y sus burocracias.
El Presidente que abandona el poder, Bill Clinton, provenía de uno de los estados más pequeños de los Estados Unidos, más o menos con iguales experiencias. No obstante, Bush viene vinculado a su padre que fue presidente durante cuatro años antes de Clinton. Esta administración fue tan republicana en el concepto doctrinario - partidista como la de Ronald Reagan.
Fuertes y vigorosas en sus decisiones. Tolerantes y violentas cuando creyeron que debían serlos. Los principales asesores de hoy, vienen con vínculos de esa pasada administración. Se anuncia, por lo tanto, como un gobierno que, para bien o para mal, sabrá tomar decisiones rápidas y contundentes.
Para Panamá, para los panameños que no son infantiles de criterio ni ingenuos premeditados, el panorama es claro. El que no quiere ver es porque no mira de frente las realidades. No creo que hay que menospreciar o pinchar al tigre porque, me parece, que este tigre sí sabe morder.