Nueva Constitución, un compromiso
Desde 1946 no contamos con una Constitución de corte democrático. La vigente ha sido objeto de repetidas modificaciones, que no han logrado llenar las expectativas, ni las reales necesidades de conformar una democracia en un estatuto que organice y reestructure política y económicamente el Estado. Muchas son las reformas ineludibles, si realmente aspiramos a modernizar la organización pública estatal, de suerte que permita el desarrollo del país con el aporte y seguridad jurídica que anhelamos. La propia concepción del Estado panameño requiere de un redefinición. No bastan los enunciados, sino que es menester darles contenido real para garantía de los gobernados. El principio de soberanía y el de independencia han de ser evaluados para rendirles tributo en la gestión pública y privada. Tenemos que afincar la nacionalidad, al tiempo que es imperativo consignar el respeto a los derechos humanos, sin que represente un obstáculo para el avance y progreso nacional.
Los derechos políticos y la función de los partidos han de consignarse con claridad, para evitar que estos últimos se conviertan en instrumentos represivos y limitativos de los primeros. La reducción sustancial del número de legisladores y la fijación de sus atribuciones, constituyen especial preocupación ciudadana. Su forma de elección, la eliminación de la inmunidad, la separación del cargo y su juzgamiento por los delitos que cometan y la eliminación de todo privilegio o prebendas, marcan las aspiraciones nacionales entre otras cosas. La eliminación de un vicepresidente de la República, la reducción del tiempo para la toma de posesión del Presidente (a) desde su elección, la facultad para conceder indultos, la censura parlamentaria como forma de exclusión de los ministros, las incompatibilidades en la integración del Gabinete, la no reelección presidencial y la libre postulación, tienen especial ubicación entre las normas que tienen que ser revisadas y modificadas con urgencia.
Una reforma constitucional tiene que adentrarse en el sistema judicial para rescatar la seguridad y transparencia en los actos públicos, garantizados en los fallos imparciales, ajustados a la Ley e inspirados en la justicia.
La elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de los procuradores de la Nación y de la Administración , son las preocupaciones más sentidas en la población, por experiencias recientes, que han sido causa de intensas polémicas y acusaciones graves de la clase política. Los grupos de profesionales interesados en una nueva Constitución, insistimos en las explicaciones dadas sobre el particular, porque el pueblo elector tiene que exigir como compromiso de los candidatos presidenciales, su irrenunciable disposición de convocar a una asamblea constituyente, que sea elegida para discutir, aprobar y poner en vigencia la nueva Carta Magna. Panamá no puede continuar atada a una Constitución de corte militar, que no pocas veces ha impedido la adopción de medidas que en otras circunstancias, se habrían puesto en vigencia para beneficio del país. Tenemos todos que contribuir en la divulgación de esta necesidad y apoyar a quienes asumen el compromiso de una constituyente, lo cual debe ser condición para comprometer nuestros votos. La nueva Constitución tiene que se un compromiso.
Es común oír hablar mal de los gobernantes, de los legisladores y otras autoridades de puesto de elección popular, que han alcanzado sus puestos, gracia a nuestros votos. Ellos no son más que producto de nuestro derecho, el cual, probablemente, no lo ejercimos con la responsabilidad que nos exige la Patria.
La calidad de gobernantes que tengamos, depende de nosotros. Ojo, lo que está pasando en Venezuela puede sucedernos a nosotros, no estamos inmunes. Si queremos evitar esto o no quejarnos después de las autoridades que salgan electas, entonces debemos comenzar desde ahora a prepararnos.
La sociedad civil tiene una función importante en este acontecer. Creo que llegó el momento de liderar esta cruzada por Panamá, el reto está hecho. "Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
(cdaa@sinfo.net)
Los derechos políticos y la función de los partidos han de consignarse con claridad, para evitar que estos últimos se conviertan en instrumentos represivos y limitativos de los primeros. La reducción sustancial del número de legisladores y la fijación de sus atribuciones, constituyen especial preocupación ciudadana. Su forma de elección, la eliminación de la inmunidad, la separación del cargo y su juzgamiento por los delitos que cometan y la eliminación de todo privilegio o prebendas, marcan las aspiraciones nacionales entre otras cosas. La eliminación de un vicepresidente de la República, la reducción del tiempo para la toma de posesión del Presidente (a) desde su elección, la facultad para conceder indultos, la censura parlamentaria como forma de exclusión de los ministros, las incompatibilidades en la integración del Gabinete, la no reelección presidencial y la libre postulación, tienen especial ubicación entre las normas que tienen que ser revisadas y modificadas con urgencia.
Una reforma constitucional tiene que adentrarse en el sistema judicial para rescatar la seguridad y transparencia en los actos públicos, garantizados en los fallos imparciales, ajustados a la Ley e inspirados en la justicia.
La elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de los procuradores de la Nación y de la Administración , son las preocupaciones más sentidas en la población, por experiencias recientes, que han sido causa de intensas polémicas y acusaciones graves de la clase política. Los grupos de profesionales interesados en una nueva Constitución, insistimos en las explicaciones dadas sobre el particular, porque el pueblo elector tiene que exigir como compromiso de los candidatos presidenciales, su irrenunciable disposición de convocar a una asamblea constituyente, que sea elegida para discutir, aprobar y poner en vigencia la nueva Carta Magna. Panamá no puede continuar atada a una Constitución de corte militar, que no pocas veces ha impedido la adopción de medidas que en otras circunstancias, se habrían puesto en vigencia para beneficio del país. Tenemos todos que contribuir en la divulgación de esta necesidad y apoyar a quienes asumen el compromiso de una constituyente, lo cual debe ser condición para comprometer nuestros votos. La nueva Constitución tiene que se un compromiso.
Es común oír hablar mal de los gobernantes, de los legisladores y otras autoridades de puesto de elección popular, que han alcanzado sus puestos, gracia a nuestros votos. Ellos no son más que producto de nuestro derecho, el cual, probablemente, no lo ejercimos con la responsabilidad que nos exige la Patria.
La calidad de gobernantes que tengamos, depende de nosotros. Ojo, lo que está pasando en Venezuela puede sucedernos a nosotros, no estamos inmunes. Si queremos evitar esto o no quejarnos después de las autoridades que salgan electas, entonces debemos comenzar desde ahora a prepararnos.
La sociedad civil tiene una función importante en este acontecer. Creo que llegó el momento de liderar esta cruzada por Panamá, el reto está hecho. "Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
(cdaa@sinfo.net)