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Nueva directiva de la Asamblea


Yo invito a todos los legisladores, sin distingos de partidos políticos y con el deseo firme de contribuir al progreso y engrandecimiento de la patria, a que hagan de la próxima elección por la captura de la directiva de la Asamblea Legislativa, una verdadera demostración de civismo y de respeto a los caros intereses del país; que unidos, sin rencores personales y sin ambiciones partidistas, escojan a aquellos que, verdaderamente, podrían realizar un trabajo eficiente y constructivo en beneficio de las mayorías e iniciar la lucha por el rescate de los valores.
La elección de la nueva directiva de la Asamblea debe dejar atrás los pactos y pactitos, las componendas y arreglos partidistas que han venido dándose en épocas pasadas, porque se trata de salvar a un poder del Estado de gran importancia para la vida de la República, cuya imagen debe surgir ante las generaciones presentes y futuras pura y límpida, como ejemplo de institución honesta, eficiente y preocupada por el futuro de Panamá. En esta elección y en las venideras, no es lo mejor poner en juego el poder político, los intereses partidistas y las ambiciones personales, a fin de conseguir el control de este poder del Estado, porque los resultados siempre serán negativos. Se trata de posiciones en donde es necesario que vayan los mejores mediante el voto de legisladores conscientes y liberados de compromiso político.
La Asamblea Legislativa debe mejorar su imagen, porque está muy desacreditada y cuestionada por sus desaciertos. Es tiempo que termine de una vez por todas, la triste realidad de una institución en donde sus miembros gozan de tantos privilegios y su aporte al progreso de la nación, no responde al clamor de los centenares de miles de panameños perdidos a lo largo y a lo ancho del territorio nacional.
El momento que vive el país no mejorará si aquellos que tienen la responsabilidad de legislar, se aferran a seguir politiqueando y echando a un lado las oportunidades para concertar, basados en metas y principios que coloquen al país por encima de todo egoísmo, ambiciones e intereses personales y partidistas que, desde hace mucho tiempo, mantienen a la República en condiciones desalentadoras. El país necesita una Asamblea en donde sus legisladores se dispongan, con conciencia de sus responsabilidades, a elegir una directiva por méritos, honestidad, e inteligencia, capacidad y deseos de trabajar por la nación; a una directiva que sea orgullo y esperanza para un pueblo que ha dejado de creer en ella. El país necesita que el 1 de septiembre próximo, el seno del Legislativo sea centro de las más dignas actuaciones de legisladores que con un cambio de actitud, lleguen a comprender que la patria sólo puede ir adelante, con el aporte sincero y el trabajo constructivo de todos.
Usted, hermano mío, tiene que nacer de nuevo, renovar su mente y su corazón para nacer a una vida nueva. Pida a Dios que le cambie ese corazón de piedra, seco y árido, que no está dando buenos frutos.
Acérquese al gran médico del alma, Cristo Jesús, para pedirle que haga crecer en usted un corazón limpio y puro. Pida con verdadera fe y El le responderá siempre. Comience hoy el primer día del resto de su vida. Animo, mi hermano, adelante y recuerde siempre que con Dios, usted será... ¡INVENCIBLE!

101 años de Panamá América

 
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