Nueva dirigencia del PRD
Como se había programado, el 8 de agosto pasado el Sexto Congreso Nacional del Partido Revolucionario Democrático escogió su nueva dirección política, sustituyendo a la dirección saliente que mantuvo las riendas del partido por ocho años y cinco meses.
Luego de la fiesta democrática que vivimos y la alegría de los triunfadores, y la sempiterna lloradera de los eternos perdedores, el reencuentro con la realidad toca puertas. Nos encontramos con un escenario político que se viene enrareciendo por las declaraciones airadas que hacen tanto el presidente saliente como la presidenta entrante.
Lo cierto es que los tiempos no están para exacerbar los ánimos ni para caldear el ambiente político. Transitamos por un momento histórico que demanda cordura, entendimiento - especialmente en lo referente al gran tema nacional, es decir nuestra soberanía total y el control del Canal de Panamá -, a la más profunda reflexión sobre nuestra historia, sobre lo que hemos hecho los panameños de este siglo por nuestro país y lo que debemos hacer, ahora, para que lo alcanzado con tantos sacrificios podamos consolidarlo.
Lo que hizo el gobierno del presidente Pérez Balladares, dígase lo que se diga, se realizó dentro del marco constitucional. Lo que haga la presidenta electa, se considere bueno o malo, estamos seguros que también tendrá que hacerlo dentro del marco legal, ya que esa es la única forma de garantizar la estabilidad que el país requiere.
En lo que respecta a nuestro partido el papel que le es propicio desarrollar es el de mantener una gran madurez política, acompañado con una extraordinaria ecuanimidad que le evite caer en provocaciones y emboscadas, a la vez que debemos prepararnos para ser la real oposición, pues en este campo no estamos solos. Ello no significa tomar poses de arrebato ni bloquear las iniciativas del gobierno per se; ponerle zancadillas al Poder Ejecutivo ni de amargarle o hacerle imposible la vida a nadie por el prurito de satisfacciones personales que no benefician a la colectividad. Se puede ser y hacer oposición dejando a la futura presidenta gobernar. Los partidos que se opusieron al presidente Pérez Balladares hicieron oposición pero, hay que reconocer que, aunque mucho molestaron y excesiva fue su demagogia, en estos cinco años nos dejaron gobernar. En fin de cuentas en eso consiste la democracia, en la alternabilidad del poder, sin que con la búsqueda del mismo se tenga que llegar a la sedición y afectar los cimientos de la pacífica convivencia política y social. Eso sería de suicidas víctimas de la desesperación, y atentaría contra el futuro de nuestra Nación y, peligrosamente, contra nuestra independencia.
Creo que es conveniente dejar que la Sra. Moscoso inicie su gobierno sin ningún contratiempo. Quizás se deba aplicar la clásica tregua de los primeros cien días de gestión. El calendario especial de los panameños de una forma u otra impondrá, por encima de las voluntades políticas, una suspensión - como se decía antes - de la lucha de clases, pues pronto estaremos entrando en fiestas patrias y en las de fin de año, y esos cien días de tregua se prolongarán con la modorra que nos trae enero para empatarse con las fiestas del carnaval y con las reflexiones de la Semana Santa.
Pero durante esa tregua el mayor esfuerzo que pudiera realizar la nueva dirección pudiera estar dirigido a establecer los planes y programas del accionar del PRD para los próximos años. Desafortunadamente no pudimos hacer a profundidad, y con mayor participación de los actores principales, un balance crítico y autocrítico de los resultados electorales del referéndum del 30 de agosto del año pasado y de las elecciones del dos mayo. El apretado calendario de actividades electorales, y la agenda política nacional, impidió la realización de este sano ejercicio; esos acontecimientos nos puso la carreta delante de los bueyes. Para poder producir los programas, metas y objetivos del PRD para los próximos años es ineludible hacer ese ejercicio, sino incurriremos en los mismos errores que se cometieron en ambos eventos.
En ausencia de ese ejercicio hoy tenemos en la nueva dirección del partido figuras señaladas como causantes, en parte, de la derrota electoral. Unos que no atendieron al llamado del partido, disciplinadamente, a apoyar a todos nuestros candidatos y a luchar por el voto plancha, y no respetaron la voluntad soberana de nuestra membresía en las primarias al haber apoyado candidaturas de otros partidos; que evitaron con esta conducta divisionista y antidemocrática haber obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa. Otros que se alejaron de los símbolos del partido, de su dirección, de las obras tangibles del gobierno y, otros, que desde el gobierno le hicieron la vida imposible a nuestro candidato presidencial para evitar que obtuviera el triunfo.
De no atenderse esa necesidad será muy difícil establecer una línea unitaria y coherente y entraremos con serias deficiencias en los acontecimientos políticos que se avecinan. Una sana autocrítica fortalece y enaltece; esquivarla, degrada y disminuye.
El gobierno de los arnulfistas será más desastroso y desatinado que el del presidente Endara, aunque quizás menos caricaturesco; las medidas que tienen que terminar de cumplir, del convenio firmado por el gobierno del presidente Endara en marzo de 1991 con las IFI, les acarreará no pocos problemas, amén que las confrontaciones entre los distintos intereses de los camajanes que gravitan alrededor de la presidenta Mireya Moscoso, comienzan aflorar. La cara de pocos amigos y de frustración, entre otras, del vicepresidente Arturo Vallarino, cuando aparece en los actos públicos, delata los entretelones de esas contradicciones. Hay que dejarlos a que por sí solos se desgasten, para que el esfuerzo que tengamos que hacer para ganar las elecciones del año 2004 no sea tan grande y, sobre todo, para que las torpezas y los errores que cometan en su gobierno sean tan evidentes ante la opinión pública que no les permita que nos los achaquen a nosotros, como pretenden hacerlo ya, sin haber aún tomado el poder.
Al ser esto tan evidente se hace difícil creer en las tesis que algunos pesimistas señalan, en el sentido que la presidenta Moscoso, una vez que envíe esos proyectos a la Asamblea Legislativa, tendrá el apoyo de la mayoría de las bancadas, incluyendo la del PRD, a partir de los arreglos y las canonjías que se negocien bajo la mesa, como hicieron algunos legisladores en el pasado, cuando Endara era presidente. También difiero con aquellos que sostienen que al haber ganado la bancada legislativa cinco puestos de nueve en el Comité Ejecutivo Nacional, ello respondería a una estrategia calculada de la bancada del PRD para tener las manos libres y así negociar con el gobierno de la Sra. presidenta. Quienes así piensan desconocen la formación y la calidad de nuestros legisladores y el celo con que nuestra membresía seguirá los futuros acontecimientos.
Sin embargo, para recuperar el poder en el futuro, no basta con esperar el mal gobierno que nos espera, las medidas impopulares que tienen que cumplir, las contradicciones que empiezan aflorar en sus filas, los compromisos electorales que no podrán cumplir, ni el cambio que demagógicamente prometieron al pueblo y que no podrán realizar. Para ello es necesario, además, tener un plan claro y bien definido, generar nuevas ideas, y mantener unida a nuestras filas; hacer una oposición seria, equilibrada, coherente, combativa, vigilante de las conquistas nacionales y vigilantes de la independencia nacional - que algunos senadores y congresistas decrépitos del norte nos quieren escamotear -, y respetuosa del orden constitucional.
Donde el pueblo atisbe titubeos, vea que asome una actitud cómplice de la oposición con una sola medida antipopular del gobierno arnulfista, que perciba componendas y arreglos de conveniencias personalistas o de grupos tras bastidores, las próximas oportunidades de volver al poder se desvanecerán como se desvanecieron los altos puntos que teníamos en las encuestas electorales, por la ausencia y desarrollo de una línea clara y firme.
Con la nueva dirección escogida el domingo pasado hay capacidad y experiencia para desarrollar una buena estrategia de oposición. Y, como dijéramos arriba, tienen conciencia de que no estamos solos en ese campo, pues hay otros partidos que nos disputarán y competirán por ganarse el reconocimiento de ser ellos la real oposición. Además esos partidos conocen, en especial los demócratas cristianos, a los arnulfistas y no se aliarán con ellos en nada (de sus antiguas relaciones dicen haber sacado un doctorado), y no le darán tregua durante los próximos años. La nueva dirección sabe que tenemos acompañantes que han aprendido de esas lecciones anteriores, que no son mancos y que se preparan para tratar de ganarnos ese mandado. Por eso se preparan para cambios en sus estructuras y en los contenidos de sus programas, como también en sus nomenclaturas y símbolos, y no descartan la posibilidad de llegar a un entendimiento con el PRD, lo cual no sería negativo.
Terminado nuestro Sexto Congreso, la suerte está echada; con la experiencia de las elecciones del 2 de mayo pasado, se habrá aprendido la lección de que en política o se es oposición o se es gobierno y que no se debe tratar de ser todo lo contrario, pues la derrota nos esperará, nuevamente, a la vuelta de la esquina. Ojalá que estas ideas sean las acertadas y que los azares, los egoísmos o la mala fe y las chambonadas, no se interpongan a estos propósitos.
Luego de la fiesta democrática que vivimos y la alegría de los triunfadores, y la sempiterna lloradera de los eternos perdedores, el reencuentro con la realidad toca puertas. Nos encontramos con un escenario político que se viene enrareciendo por las declaraciones airadas que hacen tanto el presidente saliente como la presidenta entrante.
Lo cierto es que los tiempos no están para exacerbar los ánimos ni para caldear el ambiente político. Transitamos por un momento histórico que demanda cordura, entendimiento - especialmente en lo referente al gran tema nacional, es decir nuestra soberanía total y el control del Canal de Panamá -, a la más profunda reflexión sobre nuestra historia, sobre lo que hemos hecho los panameños de este siglo por nuestro país y lo que debemos hacer, ahora, para que lo alcanzado con tantos sacrificios podamos consolidarlo.
Lo que hizo el gobierno del presidente Pérez Balladares, dígase lo que se diga, se realizó dentro del marco constitucional. Lo que haga la presidenta electa, se considere bueno o malo, estamos seguros que también tendrá que hacerlo dentro del marco legal, ya que esa es la única forma de garantizar la estabilidad que el país requiere.
En lo que respecta a nuestro partido el papel que le es propicio desarrollar es el de mantener una gran madurez política, acompañado con una extraordinaria ecuanimidad que le evite caer en provocaciones y emboscadas, a la vez que debemos prepararnos para ser la real oposición, pues en este campo no estamos solos. Ello no significa tomar poses de arrebato ni bloquear las iniciativas del gobierno per se; ponerle zancadillas al Poder Ejecutivo ni de amargarle o hacerle imposible la vida a nadie por el prurito de satisfacciones personales que no benefician a la colectividad. Se puede ser y hacer oposición dejando a la futura presidenta gobernar. Los partidos que se opusieron al presidente Pérez Balladares hicieron oposición pero, hay que reconocer que, aunque mucho molestaron y excesiva fue su demagogia, en estos cinco años nos dejaron gobernar. En fin de cuentas en eso consiste la democracia, en la alternabilidad del poder, sin que con la búsqueda del mismo se tenga que llegar a la sedición y afectar los cimientos de la pacífica convivencia política y social. Eso sería de suicidas víctimas de la desesperación, y atentaría contra el futuro de nuestra Nación y, peligrosamente, contra nuestra independencia.
Creo que es conveniente dejar que la Sra. Moscoso inicie su gobierno sin ningún contratiempo. Quizás se deba aplicar la clásica tregua de los primeros cien días de gestión. El calendario especial de los panameños de una forma u otra impondrá, por encima de las voluntades políticas, una suspensión - como se decía antes - de la lucha de clases, pues pronto estaremos entrando en fiestas patrias y en las de fin de año, y esos cien días de tregua se prolongarán con la modorra que nos trae enero para empatarse con las fiestas del carnaval y con las reflexiones de la Semana Santa.
Pero durante esa tregua el mayor esfuerzo que pudiera realizar la nueva dirección pudiera estar dirigido a establecer los planes y programas del accionar del PRD para los próximos años. Desafortunadamente no pudimos hacer a profundidad, y con mayor participación de los actores principales, un balance crítico y autocrítico de los resultados electorales del referéndum del 30 de agosto del año pasado y de las elecciones del dos mayo. El apretado calendario de actividades electorales, y la agenda política nacional, impidió la realización de este sano ejercicio; esos acontecimientos nos puso la carreta delante de los bueyes. Para poder producir los programas, metas y objetivos del PRD para los próximos años es ineludible hacer ese ejercicio, sino incurriremos en los mismos errores que se cometieron en ambos eventos.
En ausencia de ese ejercicio hoy tenemos en la nueva dirección del partido figuras señaladas como causantes, en parte, de la derrota electoral. Unos que no atendieron al llamado del partido, disciplinadamente, a apoyar a todos nuestros candidatos y a luchar por el voto plancha, y no respetaron la voluntad soberana de nuestra membresía en las primarias al haber apoyado candidaturas de otros partidos; que evitaron con esta conducta divisionista y antidemocrática haber obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa. Otros que se alejaron de los símbolos del partido, de su dirección, de las obras tangibles del gobierno y, otros, que desde el gobierno le hicieron la vida imposible a nuestro candidato presidencial para evitar que obtuviera el triunfo.
De no atenderse esa necesidad será muy difícil establecer una línea unitaria y coherente y entraremos con serias deficiencias en los acontecimientos políticos que se avecinan. Una sana autocrítica fortalece y enaltece; esquivarla, degrada y disminuye.
El gobierno de los arnulfistas será más desastroso y desatinado que el del presidente Endara, aunque quizás menos caricaturesco; las medidas que tienen que terminar de cumplir, del convenio firmado por el gobierno del presidente Endara en marzo de 1991 con las IFI, les acarreará no pocos problemas, amén que las confrontaciones entre los distintos intereses de los camajanes que gravitan alrededor de la presidenta Mireya Moscoso, comienzan aflorar. La cara de pocos amigos y de frustración, entre otras, del vicepresidente Arturo Vallarino, cuando aparece en los actos públicos, delata los entretelones de esas contradicciones. Hay que dejarlos a que por sí solos se desgasten, para que el esfuerzo que tengamos que hacer para ganar las elecciones del año 2004 no sea tan grande y, sobre todo, para que las torpezas y los errores que cometan en su gobierno sean tan evidentes ante la opinión pública que no les permita que nos los achaquen a nosotros, como pretenden hacerlo ya, sin haber aún tomado el poder.
Al ser esto tan evidente se hace difícil creer en las tesis que algunos pesimistas señalan, en el sentido que la presidenta Moscoso, una vez que envíe esos proyectos a la Asamblea Legislativa, tendrá el apoyo de la mayoría de las bancadas, incluyendo la del PRD, a partir de los arreglos y las canonjías que se negocien bajo la mesa, como hicieron algunos legisladores en el pasado, cuando Endara era presidente. También difiero con aquellos que sostienen que al haber ganado la bancada legislativa cinco puestos de nueve en el Comité Ejecutivo Nacional, ello respondería a una estrategia calculada de la bancada del PRD para tener las manos libres y así negociar con el gobierno de la Sra. presidenta. Quienes así piensan desconocen la formación y la calidad de nuestros legisladores y el celo con que nuestra membresía seguirá los futuros acontecimientos.
Sin embargo, para recuperar el poder en el futuro, no basta con esperar el mal gobierno que nos espera, las medidas impopulares que tienen que cumplir, las contradicciones que empiezan aflorar en sus filas, los compromisos electorales que no podrán cumplir, ni el cambio que demagógicamente prometieron al pueblo y que no podrán realizar. Para ello es necesario, además, tener un plan claro y bien definido, generar nuevas ideas, y mantener unida a nuestras filas; hacer una oposición seria, equilibrada, coherente, combativa, vigilante de las conquistas nacionales y vigilantes de la independencia nacional - que algunos senadores y congresistas decrépitos del norte nos quieren escamotear -, y respetuosa del orden constitucional.
Donde el pueblo atisbe titubeos, vea que asome una actitud cómplice de la oposición con una sola medida antipopular del gobierno arnulfista, que perciba componendas y arreglos de conveniencias personalistas o de grupos tras bastidores, las próximas oportunidades de volver al poder se desvanecerán como se desvanecieron los altos puntos que teníamos en las encuestas electorales, por la ausencia y desarrollo de una línea clara y firme.
Con la nueva dirección escogida el domingo pasado hay capacidad y experiencia para desarrollar una buena estrategia de oposición. Y, como dijéramos arriba, tienen conciencia de que no estamos solos en ese campo, pues hay otros partidos que nos disputarán y competirán por ganarse el reconocimiento de ser ellos la real oposición. Además esos partidos conocen, en especial los demócratas cristianos, a los arnulfistas y no se aliarán con ellos en nada (de sus antiguas relaciones dicen haber sacado un doctorado), y no le darán tregua durante los próximos años. La nueva dirección sabe que tenemos acompañantes que han aprendido de esas lecciones anteriores, que no son mancos y que se preparan para tratar de ganarnos ese mandado. Por eso se preparan para cambios en sus estructuras y en los contenidos de sus programas, como también en sus nomenclaturas y símbolos, y no descartan la posibilidad de llegar a un entendimiento con el PRD, lo cual no sería negativo.
Terminado nuestro Sexto Congreso, la suerte está echada; con la experiencia de las elecciones del 2 de mayo pasado, se habrá aprendido la lección de que en política o se es oposición o se es gobierno y que no se debe tratar de ser todo lo contrario, pues la derrota nos esperará, nuevamente, a la vuelta de la esquina. Ojalá que estas ideas sean las acertadas y que los azares, los egoísmos o la mala fe y las chambonadas, no se interpongan a estos propósitos.