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Nueva esperanza para el Santo Tomás


El "elefante blanco", ironizaron sus críticos, cuando el doctor Belisario Porras concluyó su construcción en 1924. Lucía demasiado grande y lujoso para su tiempo. Pero Porras no era hombre de pensar en pequeño y proyectar en corto.
Peor ironía fue la que le jugó el destino en 1942 cuando, aquejado por una dolencia que le llevó a la muerte, no halló cama disponible en el hospital que fuera su obra.
En el discurso de inauguración, ante una multitud que colmó su patio anterior, Porras se refirió a su hospital como un "imperecedero monumento de amor", con el que pagaba "una inmensa deuda de gratitud, con el pueblo de mi país, y sobre todo con la parte más humilde de este pueblo que ha sido conmigo tan adicto, tan firme y tan fiel".
Setenta años después, su hospital se encuentra sumido en profunda crisis. Su vieja estructura ya no resiste un injerto más. Falta en ella hasta lo más elemental y los servicios que presta son a medias, por falta de equipo y espacio.
A finales de 1989, el Santo Tomás fue politizado y militarizado. Sus buenos médicos fueron despedidos y sus salas sirvieron como depósito de armas y refugio de milicianos y batalloneros. Milagrosamente se salvó de no haber sido convertido en campo de batalla por quienes pusieron en riesgo su integridad; pero con todo y haber conjurado el peligro, lo encontramos ahora sumido en el abandono.
Por fortuna, en medio de su actual crisis, pendiendo incluso de la suspensión del servicio quirúrgico por fuerza de las carencias más absolutas, renace hoy un rayo de esperanza para el hospital de los pobres, con la implantación de un nuevo modelo, tomado de la buena experiencia tenida con el Hospital del Niño y el San Miguel Arcángel de San Miguelito.
La idea es crear un patronato privado que se encargue de su administración, el cual estaría integrado por un representante del Club 20-30, otro del Club de Leones, otro del Club Rotario y el último del Club Kiwanis, a los que se sumarán tres representantes más de los trabajadores organizados, los comités de salud y la Contraloría.
El hospital tendrá patrimonio propio, consistente en su propia infraestructura, a la cual se sumarán donaciones e ingresos derivados de actividades de colecta de fondos y de prestación de servicios.
Para una entidad tenida a menos por todos los gobiernos, excepto su creador, el patronato puede significar la última esperanza de mejores días para el hospital de los pobres, orgullosa obra del caudillo tableño.



101 años de Panamá América

 
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