Nueva estrategia antidrogas y CMA
El Centro Multilateral Antidrogas (CMA) es pieza importante, sino indispensable, de la nueva estrategia propuesta por el presidente estadounidense, Bill Clinton, para combatir el narcotráfico, que enfatiza en la vigilancia y la prevención.
Esa podría ser la respuesta inmediata del mandatario a los ataques que hace poco le formuló el presidente de la Cámara de Representantes, su acérrimo adversario republicano, Newt Gingricht, quien lo había acusado de hacer muy poco por combatir el flagelo entre los adolescentes norteamericanos.
También hace dos semanas, en San José, Costa Rica, el viceministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Werner Hoyer, en el seno de la XIV Reunión de Ministros del Exterior de la Unión Europea y Centroamérica, dijo que el narcotráfico produce 400 mil millones de dólares cada año, siendo superado en el mundo únicamente por el comercio de petróleo.
Con semejante generación de riqueza, dijo el viceministro alemán, el narcotráfico permea las estructuras sociales, económicas y políticas de las naciones, constituyéndose en un peligro para la estabilidad democrática; por lo que abogó por la cooperación internacional como condición sine qua non para combatirlo con éxito.
Y es precisamente en esa propuesta "La cooperación internacional", que se repite uniformemente en cada foro, donde encaja la iniciativa panameña del CMA como instrumento para vigilar el flujo de narcóticos por vía aérea y marítima por nuestro territorio.
A juicio del alto diplomático germano, "la aplicación de medidas conjuntas, la armonización de legislaciones, la estrecha coordinación de esfuerzos internacionales y el intercambio periódico de información" son elementos indispensables para combatir el flagelo.
De eso trata exactamente el CMA, de cooperación, coordinación e intercambio de información internacional. Así ha de entenderse el proyecto y así ha de ser estructurado por las naciones participantes.
Por su parte, el presidente Clinton contempla un presupuesto de 17 mil millones de dólares de los cuales 195 millones se destinarán a campañas de prevención entre los jóvenes. 50 millones en igual campaña en las escuelas, 163 millones para patrullas fronterizas y 74 millones para apoyar los esfuerzos multinacionales en el Caribe y la región andina. Quizás en las últimas partidas esté comprendida parte del aporte económico estadounidense al CMA que involucra sin embargo unos 300 millones de dólares cada año.
La iniciativa panameña cobra así plena vigencia. Pueda ser que sea debidamente entendida y aprovechada en su correcta concepción, como un aporte y oportunidad para combatir con ayuda de otras naciones el mal del siglo.
Esa podría ser la respuesta inmediata del mandatario a los ataques que hace poco le formuló el presidente de la Cámara de Representantes, su acérrimo adversario republicano, Newt Gingricht, quien lo había acusado de hacer muy poco por combatir el flagelo entre los adolescentes norteamericanos.
También hace dos semanas, en San José, Costa Rica, el viceministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Werner Hoyer, en el seno de la XIV Reunión de Ministros del Exterior de la Unión Europea y Centroamérica, dijo que el narcotráfico produce 400 mil millones de dólares cada año, siendo superado en el mundo únicamente por el comercio de petróleo.
Con semejante generación de riqueza, dijo el viceministro alemán, el narcotráfico permea las estructuras sociales, económicas y políticas de las naciones, constituyéndose en un peligro para la estabilidad democrática; por lo que abogó por la cooperación internacional como condición sine qua non para combatirlo con éxito.
Y es precisamente en esa propuesta "La cooperación internacional", que se repite uniformemente en cada foro, donde encaja la iniciativa panameña del CMA como instrumento para vigilar el flujo de narcóticos por vía aérea y marítima por nuestro territorio.
A juicio del alto diplomático germano, "la aplicación de medidas conjuntas, la armonización de legislaciones, la estrecha coordinación de esfuerzos internacionales y el intercambio periódico de información" son elementos indispensables para combatir el flagelo.
De eso trata exactamente el CMA, de cooperación, coordinación e intercambio de información internacional. Así ha de entenderse el proyecto y así ha de ser estructurado por las naciones participantes.
Por su parte, el presidente Clinton contempla un presupuesto de 17 mil millones de dólares de los cuales 195 millones se destinarán a campañas de prevención entre los jóvenes. 50 millones en igual campaña en las escuelas, 163 millones para patrullas fronterizas y 74 millones para apoyar los esfuerzos multinacionales en el Caribe y la región andina. Quizás en las últimas partidas esté comprendida parte del aporte económico estadounidense al CMA que involucra sin embargo unos 300 millones de dólares cada año.
La iniciativa panameña cobra así plena vigencia. Pueda ser que sea debidamente entendida y aprovechada en su correcta concepción, como un aporte y oportunidad para combatir con ayuda de otras naciones el mal del siglo.