default

Nueva ley antidiscriminación


Recientemente, la Asamblea Legislativa aprobó en tercer debate el proyecto de Ley contra la Discriminación que reglará lo que ya nuestra Constitución proclama y reconoce: la igualdad de todos los hombres y mujeres que nos cobijamos bajo la bandera panameña y a los que no se discriminará por razón de color, origen, nacionalidad, creencia, clase social, etc. El Istmo de Panamá se ha caracterizado, tal vez por su situación y configuración geográfica, o porque así Dios lo dispuso, en ser un centro de encuentro, no sólo para la flora y fauna, sino también para la máxima expresión de la creación, el género humano.
Los múltiples hallazgos arqueológicos de la época precolombina dan testimonio del constante tránsito de especies animales y de diferentes grupos humanos a través del Istmo. La época colonial hizo de nuestro país un centro distribuidor de hombres y mujeres provenientes de Europa, Africa y Asia que enriquecieron nuestra cultura con sus variadas costumbres y tradiciones que llega a su cenit, después de la construcción del ferrocarril, con las obras que abrieron las entrañas de nuestra tierra para beneficio del comercio mundial, el Canal de Panamá, especialmente con las migraciones procedentes de las Antillas.
Era común durante esos días, y lo es todavía hoy, ver en nuestras calles hombres y mujeres de todos los colores y latitudes; vestimentas nada comunes a nuestra cultura. Bello saris que identifican a la mujer procedente de la India y a sus hombres con el turbante, en especial a los que practican la religión sik. Judíos ortodoxos que visten todo de negro y que con su rápido paso parecen que quisieran evitar el contacto con los otros seres humanos que no son iguales a ellos; mientras que es más común ver a los comerciantes judíos usar el tradicional kipa que les recuerda que sólo existe un Dios sobre sus cabezas. Todavía es posible apreciar algunas chinas, ya mayores, utilizando sus anchos pantalones negros de algodón, como tampoco es extraño escuchar el seseo de los españoles en la mayoría de las mueblerías de Panamá. Ahora se nos hace más común ver a mujeres que profesan el Islam y que cubren sus cabezas con un velo llamado hiyab y del gran número de musulmanes provenientes de la India, fáciles de identificar por sus largas camisas y sus curiosos gorritos tejidos sobre sus cabezas.
A lo anterior hay que añadir a nuestros aborígenes; a las hermosas kunas con su tunnuet, (velo), sus narigueras, y otras alhajas que las embellecen, y del largo y colorido vestido de las guaymíes y de las chaquiras que lucen con orgullo en el cuello sus hombres y de los no menos bellos tatuajes con tinta vegetal con el que cubren sus cueros desnudos las hermosas chocoes y waunaán.
En fin, mi país es una bella policromía de colores, olores, sabores, modas, canciones, vestimentas, lenguas, costumbres, tradiciones, religiones, grupos humanos y todo, hasta ahora y gracias a Dios, todavía convivimos en paz y en armonía.
Pero, a lo poético de lo descrito anteriormente se suman absurdos letreros y prácticas oficiales, que no tienen sustentación legal alguna, que impiden a nuestros conciudadanos el ejercer plenamente sus libertades. Así, si un practicante de la religión sik, que tiene por motivos religiosos el no cortarse el cabello y la barba y debe colocarlo bajo un turbante, que también tiene una significación religiosa, desea obtener su pasaporte o su licencia, por arte de birli birloque, se le exige desprenderse del turbante como condición "sine qua non" para obtener el documento de marras. Otro tanto sucede con las mujeres islamitas que utilizan el hiyab, aunque curiosamente, lo que en ellas es considerado anormal, no lo es para la religiosa cristiana que accede a esas oficinas para igual trámite y que fundamenta el uso de su velo en consideraciones religiosas.
Pero la cosa va un poco más lejos y toca a todos los ciudadanos, pues es común ver en oficinas públicas letreros indicativos de prohibiciones de determinada vestimenta o calzado para obtener documentos como licencia de conducir, pasaporte, o una simple partida de nacimiento o para ir a visitar a un paciente en el hospital, discriminando a los ciudadanos. ¿Qué hace un pantalón corto para una licencia, cédula o una partida de nacimiento? Hasta ahora no he visto fotografía alguna en pasaporte o cédula que aparezca el ciudadano de cuerpo entero, y muchos menos si es en zapatilla, sandalia o zapato. ¿Será que las chancletas, zapato sin talón, similares a las sandalias tienen microbios específicos que no alcanzan a los zapatos?. Da la impresión que algunos de nuestros funcionarios han confundido su gestión con la de expertos Petronios en el arte de Dior, Channel, Rabanne, etc., en lugar de dar mejor atención a los sufridos ciudadanos que con nuestros impuestos cubrimos sus salarios y de quienes esperamos mejor atención.
A partir de los acontecimientos del 11 de septiembre, nuestra práctica discriminatoria contra todo aquel ser humano que proceda de los países musulmanes, o peor aún de países árabes, es notoria, por lo que hemos colocado a todos los practicantes de la fe islámica en un mismo cucurucho, el de los "terroristas", y ahora para que ingresen como simples turistas a nuestro país en tan difícil que se les puede aplicar aquel pasaje evangélico que dice: "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que...", y eso aunque sus familiares panameños soliciten su ingreso al territorio nacional. Vaya muralla china que nos estamos creando. Y si el que solicita la visa es del Africa negra, mejor que espere un par de años, tal vez es portador del SIDA y es mejor estudiar su caso con mayor detenimiento, casi detenidamente por siempre. Y sin ir muy lejos, si el pobre inmigrante tuvo la desgracia de nacer en Colombia, ya está calificado, o es traficante o es guerrillero y si es mujer... mejor dejémoslo ahí. Ante este intento legal de castigar a los discriminadores vale la pena preguntarnos. ¿Y ahora, quién le pone el cascabel al gato?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América