Nuevamente a clases
Repetitivamente, todos los años para la gran población inauguraremos el "primer día de clases". Ya de madrugada se ven grupos de hermanitos en la puerta de sus casas esperando el bus. En el resto de la ciudad de los tranques, el supertranque. Todo el mundo quiere llegar a la misma hora al mismo sitio a la misma velocidad. Resultado más super tranques por colisiones inevitbles. Hemos llegado al "choque del futuro". No podemos con el vértigo.
Primer día de clases del siglo XXI. Infantil, prekinder, kinder ese es el personal protagónico del primer día. Indiscutiblemente graciosos y graciosas las creaturas de todos los niveles y estratos económicos con sus retazos de uniforme, vestidos de mayores. Cuántas ilusiones, cuántas esperanzas. Recuerdo la anécdota de aquella familia de hermanos que acudieron a la casa del primer sobrino que iba a ir por primera vez a la escuela. Todos se congregaron esperando al pequeño personaje que ya se había levantado, bañado, vestido, desayunado y uniformado. Le hicieron calle de honor y el pelaíto todo estirado e imperturbable a los comentarios se dirigió al bus colegial. Cuentan que al segundo día cuando la mamá lo despertó, él preguntó que para qué, y la madre respondió: Para ir a clases. El respondió: ¿Otra vez?. Según él, aparentemente, la cosa era sólo el primer día.
Hoy una buena porción de padres y madres de familia encomiendan lo que más quieren, sus hijos e hijas, a unos señores y señoras, llamados maestros, con los ojos cerrados, llenos de confianza para que le transmitan lo mejor que ofrecen y han adquirido a lo largo del ejercicio tan difícil de la docencia.
Pero lo que no debemos olvidar es que los maestros y profesores no son fabricadores de milagros. No son custodios de tutelares. Ni empleados y empleadas domésticos de los padres de familia. Ni asalariados incondicionales. Son seres humanos limitados. Limitados por muchos contornos. Criticados tan acre e injustamente que adolecen de hipersensibilidad al extremo, que pareciera que están siempre a la defensiva. Y es que es duro. Ya que todo papá y mamá cree que el suyo o la suya es tan angelito. Es un pequeño genio. Y se olvidan los papás que ellos tampoco fueron la gran cosota y le han echado unos cuentos a sus hijos de que ellos eran los primeros, los mejores, etc. Hijo de gato caza ratón. Y aquel otro dicho, que se acuerde el cura cuando fue sacristán. Busquemos un balance realista.
Desde luego, se impone la distinción entre Instrucción y Educación y Formación. Lo digo esto, porque cuando las fuerzas vivas se reúnen para deliberar sobre soluciones a las múltiples deficiencias a las que estamos enfrentados en la sociedad, luego del brainstorming, de la lluvia de ideas cuando aterrizamos o queremos aterrizar siempre terminamos diciendo, todo se reduce a una palabra: "educación" y quedamos todos contentos, porque coincidimos al menos en la palabra. ¿Qué queremos decir con educación?. Techo sin goteras, aire incontaminado, bancas, limpieza, aulas ventiladas, luz, teléfonos, escritorios, tizas, borradores, micrófonos, bibliotecas, altos parlantes, banderas, astas, balcones seguros, llaves, candados, cerraduras, fumigación, baños, basureros, cafetería, ventas de refrescos, papel higiénico, aguas servidas, verjas de hierro contra ladrones. O más bien pretendemos decir, ¿enseñanza de la urbanidad, principios religiosos, la cívica, los buenos modales, el lenguaje menos vulgar y menos incorrecto, ya que el castellano puro nunca lo lograremos, moralismos, es decir, exaltación y defensa exagerada de los valores morales y dosis de moralina que se conoce como la moralidad inoportuna, superficial y falsa?
Lo que debe quedar claro es que el hogar es la primera escuela, la insustituible, allí es donde se educa y se trata de formar. La familia es la matriz del futuro ciudadano, la familia la matriz de las virtudes, de la fe y del conocimiento de Dios. La escuela y comenzar las clases son necesarias para la instrucción masiva, para el necesario contacto social, para que el ser se adapte a un experimento de la sociedad que viene a ser el ambiente escolar con la diversidad de personas, etnias, tamaños y sexos. Las escuelas no son correccionales ni hospitales de seres que vienen torcidos de sus hogares o de hogares disfuncionales. Las escuelas no hacen milagros. Tratan. Comienzo a creer que todas son buenas no por sus instalaciones, ni por el inglés que enseñen, ni por lo que cobren, ni por los curas, ni por las religiosas y por los superlaboratorios que tengan, sino por el personal dedicado con una auténtica vocación de educadores y de patria que puedan demostrar perseverantemente.
Escuela con profesores, el hogar en plena colaboración y una sociedad menos mercantilista pueden contribuir a lo que aspiramos cuando decimos educación. ¿Utopía?.
Primer día de clases del siglo XXI. Infantil, prekinder, kinder ese es el personal protagónico del primer día. Indiscutiblemente graciosos y graciosas las creaturas de todos los niveles y estratos económicos con sus retazos de uniforme, vestidos de mayores. Cuántas ilusiones, cuántas esperanzas. Recuerdo la anécdota de aquella familia de hermanos que acudieron a la casa del primer sobrino que iba a ir por primera vez a la escuela. Todos se congregaron esperando al pequeño personaje que ya se había levantado, bañado, vestido, desayunado y uniformado. Le hicieron calle de honor y el pelaíto todo estirado e imperturbable a los comentarios se dirigió al bus colegial. Cuentan que al segundo día cuando la mamá lo despertó, él preguntó que para qué, y la madre respondió: Para ir a clases. El respondió: ¿Otra vez?. Según él, aparentemente, la cosa era sólo el primer día.
Hoy una buena porción de padres y madres de familia encomiendan lo que más quieren, sus hijos e hijas, a unos señores y señoras, llamados maestros, con los ojos cerrados, llenos de confianza para que le transmitan lo mejor que ofrecen y han adquirido a lo largo del ejercicio tan difícil de la docencia.
Pero lo que no debemos olvidar es que los maestros y profesores no son fabricadores de milagros. No son custodios de tutelares. Ni empleados y empleadas domésticos de los padres de familia. Ni asalariados incondicionales. Son seres humanos limitados. Limitados por muchos contornos. Criticados tan acre e injustamente que adolecen de hipersensibilidad al extremo, que pareciera que están siempre a la defensiva. Y es que es duro. Ya que todo papá y mamá cree que el suyo o la suya es tan angelito. Es un pequeño genio. Y se olvidan los papás que ellos tampoco fueron la gran cosota y le han echado unos cuentos a sus hijos de que ellos eran los primeros, los mejores, etc. Hijo de gato caza ratón. Y aquel otro dicho, que se acuerde el cura cuando fue sacristán. Busquemos un balance realista.
Desde luego, se impone la distinción entre Instrucción y Educación y Formación. Lo digo esto, porque cuando las fuerzas vivas se reúnen para deliberar sobre soluciones a las múltiples deficiencias a las que estamos enfrentados en la sociedad, luego del brainstorming, de la lluvia de ideas cuando aterrizamos o queremos aterrizar siempre terminamos diciendo, todo se reduce a una palabra: "educación" y quedamos todos contentos, porque coincidimos al menos en la palabra. ¿Qué queremos decir con educación?. Techo sin goteras, aire incontaminado, bancas, limpieza, aulas ventiladas, luz, teléfonos, escritorios, tizas, borradores, micrófonos, bibliotecas, altos parlantes, banderas, astas, balcones seguros, llaves, candados, cerraduras, fumigación, baños, basureros, cafetería, ventas de refrescos, papel higiénico, aguas servidas, verjas de hierro contra ladrones. O más bien pretendemos decir, ¿enseñanza de la urbanidad, principios religiosos, la cívica, los buenos modales, el lenguaje menos vulgar y menos incorrecto, ya que el castellano puro nunca lo lograremos, moralismos, es decir, exaltación y defensa exagerada de los valores morales y dosis de moralina que se conoce como la moralidad inoportuna, superficial y falsa?
Lo que debe quedar claro es que el hogar es la primera escuela, la insustituible, allí es donde se educa y se trata de formar. La familia es la matriz del futuro ciudadano, la familia la matriz de las virtudes, de la fe y del conocimiento de Dios. La escuela y comenzar las clases son necesarias para la instrucción masiva, para el necesario contacto social, para que el ser se adapte a un experimento de la sociedad que viene a ser el ambiente escolar con la diversidad de personas, etnias, tamaños y sexos. Las escuelas no son correccionales ni hospitales de seres que vienen torcidos de sus hogares o de hogares disfuncionales. Las escuelas no hacen milagros. Tratan. Comienzo a creer que todas son buenas no por sus instalaciones, ni por el inglés que enseñen, ni por lo que cobren, ni por los curas, ni por las religiosas y por los superlaboratorios que tengan, sino por el personal dedicado con una auténtica vocación de educadores y de patria que puedan demostrar perseverantemente.
Escuela con profesores, el hogar en plena colaboración y una sociedad menos mercantilista pueden contribuir a lo que aspiramos cuando decimos educación. ¿Utopía?.