Nuevas elecciones en Venezuela
Caracas (AIPE) - El 28 de mayo, el electorado venezolano deberá acudir nuevamente a los centros de votación, y elegir -entre otras instancias- al presidente de la nación, gobernadores de estado, alcaldes, y otros funcionarios a nivel regional y local. Será el cuarto proceso electoral en quince meses, y el gran número de cargos a ser llenados, así como la multitud de candidatos dispuestos a competir, la convierten en una verdadera "megaelección". No obstante, en el plano de la lucha por la presidencia participarán sólo tres postulantes: el actual presidente de la República, Hugo Chávez Frías; su antiguo compañero del golpe militar de febrero de 1992, Francisco Arias Cárdenas; y el otrora candidato del partido Acción Democrática en 1993, Claudio Fermín, quien combatirá ahora como "independiente", con muy escasa opción de victoria, respaldado por el movimiento Encuentro Nacional.
Un mes atrás, todo parecía indicar que Hugo Chávez se dirigía a lograr un triunfo cómodo en las elecciones de mayo; mas la sorpresiva decisión de enfrentarle por parte de su ex camarada y hoy serio rival, Arias Cárdenas, ha cambiado de modo relevante el escenario político venezolano. Los sondeos de opinión siguen indicando que el presidente Chávez goza del favoritismo de la mayoría, concentrada en los sectores más pobres de la sociedad, y pocos se atreven a pronosticar su derrota. Sin embargo, Arias es un adversario peligroso, pues no puede ser descalificado como "hombre del pasado" por Chávez, ni sometido a la oprobiosa acusación de haber pertenecido a los partidos tradicionales. En poco tiempo, Arias ha galvanizado a su alrededor el creciente sentimiento de rechazo al actual gobierno por parte de los sectores medios de la sociedad venezolana, y es probable que obtenga un resultado respetable, con posibilidades de cohesionar una oposición importante hacia el futuro en la Asamblea Nacional, a ser también electa en mayo. Además, la oposición seguramente triunfará en gobernaciones de gran peso en los estados Miranda, Carabobo, Zulia, Táchira, Falcón y Anzoátegui, entre otros.
Arias Cárdenas formó parte de la logia militar radical que insurgió contra el régimen democrático en 1992, y estuvo en la cárcel con Chávez, luego del fracaso del golpe; pero a diferencia de este último, Arias decidió incorporarse rápidamente a la política democrática, y resultó electo gobernador del importante estado Zulia en 1996. Según la opinión de muchos, su desempeño en ese cargo ha sido muy positivo, y su popularidad en esa región es indiscutible. La experiencia de gobierno en el Zulia ha mostrado que Arias Cárdenas, a pesar de su trayectoria previa de golpista, es una persona capaz de aprender y asumir las reglas del pluralismo y la democracia. De hecho, su discurso como candidato presidencial contrasta marcadamente con el de Chávez. Arias está enfatizando en su mensaje el respeto al Estado de Derecho, la defensa de la propiedad privada, la relevancia de las reglas democráticas y de la economía de mercado como únicas vías para modernizar a Venezuela y colocarla en posición de enfrentar los complejos desafíos del nuevo siglo.
No resultará fácil para Arias remontar, en tan poco tiempo, la cuesta de la popularidad de Hugo Chávez entre los grupos empobrecidos y marginalizados que constituyen la mayoría del electorado venezolano. Ahora bien, sería un error para él y sus seguidores concebir las elecciones de mayo como su única y decisiva batalla política. De hecho, se trata de un evento dentro de un proceso que debe continuar, y que abre para Arias la posibilidad de dar unidad y cohesión a una oposición democrática y modernizadora ante el populismo anacrónico de Chávez, quien hasta hace pocas semanas parecía reinar a plenitud y sin rivales en el panorama político nacional. Ahora la situación ha cambiado, en buena medida gracias a la incapacidad de Chávez para entender el mundo en que vivimos, a su demagogia y su compromiso con causas fracasadas como la revolución castrista en Cuba y el estatismo socialista de los años 60. Es posible que todavía buen número de venezolanos no se hayan convencido de que, por ese rumbo, se hundirán más en el abismo en que se encuentran; pero las cosas no tardarán en cambiar, y la existencia de una oposición democrática cohesionada abre una ventana de esperanza para una sociedad sumida en el desconcierto y la incertidumbre, que busca afanosamente una salida a su penosa decadencia.
Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar
Un mes atrás, todo parecía indicar que Hugo Chávez se dirigía a lograr un triunfo cómodo en las elecciones de mayo; mas la sorpresiva decisión de enfrentarle por parte de su ex camarada y hoy serio rival, Arias Cárdenas, ha cambiado de modo relevante el escenario político venezolano. Los sondeos de opinión siguen indicando que el presidente Chávez goza del favoritismo de la mayoría, concentrada en los sectores más pobres de la sociedad, y pocos se atreven a pronosticar su derrota. Sin embargo, Arias es un adversario peligroso, pues no puede ser descalificado como "hombre del pasado" por Chávez, ni sometido a la oprobiosa acusación de haber pertenecido a los partidos tradicionales. En poco tiempo, Arias ha galvanizado a su alrededor el creciente sentimiento de rechazo al actual gobierno por parte de los sectores medios de la sociedad venezolana, y es probable que obtenga un resultado respetable, con posibilidades de cohesionar una oposición importante hacia el futuro en la Asamblea Nacional, a ser también electa en mayo. Además, la oposición seguramente triunfará en gobernaciones de gran peso en los estados Miranda, Carabobo, Zulia, Táchira, Falcón y Anzoátegui, entre otros.
Arias Cárdenas formó parte de la logia militar radical que insurgió contra el régimen democrático en 1992, y estuvo en la cárcel con Chávez, luego del fracaso del golpe; pero a diferencia de este último, Arias decidió incorporarse rápidamente a la política democrática, y resultó electo gobernador del importante estado Zulia en 1996. Según la opinión de muchos, su desempeño en ese cargo ha sido muy positivo, y su popularidad en esa región es indiscutible. La experiencia de gobierno en el Zulia ha mostrado que Arias Cárdenas, a pesar de su trayectoria previa de golpista, es una persona capaz de aprender y asumir las reglas del pluralismo y la democracia. De hecho, su discurso como candidato presidencial contrasta marcadamente con el de Chávez. Arias está enfatizando en su mensaje el respeto al Estado de Derecho, la defensa de la propiedad privada, la relevancia de las reglas democráticas y de la economía de mercado como únicas vías para modernizar a Venezuela y colocarla en posición de enfrentar los complejos desafíos del nuevo siglo.
No resultará fácil para Arias remontar, en tan poco tiempo, la cuesta de la popularidad de Hugo Chávez entre los grupos empobrecidos y marginalizados que constituyen la mayoría del electorado venezolano. Ahora bien, sería un error para él y sus seguidores concebir las elecciones de mayo como su única y decisiva batalla política. De hecho, se trata de un evento dentro de un proceso que debe continuar, y que abre para Arias la posibilidad de dar unidad y cohesión a una oposición democrática y modernizadora ante el populismo anacrónico de Chávez, quien hasta hace pocas semanas parecía reinar a plenitud y sin rivales en el panorama político nacional. Ahora la situación ha cambiado, en buena medida gracias a la incapacidad de Chávez para entender el mundo en que vivimos, a su demagogia y su compromiso con causas fracasadas como la revolución castrista en Cuba y el estatismo socialista de los años 60. Es posible que todavía buen número de venezolanos no se hayan convencido de que, por ese rumbo, se hundirán más en el abismo en que se encuentran; pero las cosas no tardarán en cambiar, y la existencia de una oposición democrática cohesionada abre una ventana de esperanza para una sociedad sumida en el desconcierto y la incertidumbre, que busca afanosamente una salida a su penosa decadencia.
Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar