Nuevo misil intercontinental ruso
Con el cuento de la "única superpotencia mundial", "el fin de la historia y el "planeta unipolar", hemos olvidado la enseñanza de la historia. Hasta ahora, todos los imperios crecieron y perecieron.
En los tiempos de Ronald Reagan, parte de la intelectualidad norteamericana se dio al pesimismo. Decían que su país se había convertido en una "potencia de segundo orden", tras la derrota en Vietnam. Revertir ese mensaje fue la clave de su éxito. Y cuando asumió el poder centró todo los esfuerzos del aparato industrial de Estados Unidos, en recobrar su supremacía bélica y económica. En su empeño, es posible que hasta haya doblegado a Japón, manipulando resortes comerciales; los mismos que puede aplicar a China, cuando la situación lo aconseje. De cualquier modo, Reagan triunfó. La Unión Soviética se disolvió, el Muro de Berlín cayó y un nuevo orden mundial emergió de sus cenizas. No por gusto, el aeropuerto de Washington lleva su nombre. Ganó la Guerra Fría. En cambio, a Rusia le quedaron grandes las botas de Rasputín. Hoy sigue sumida en la crisis económica. La apertura del mercado sacó a la superficie sus peores vicios, el alcoholismo y la corrupción, seguido por el gansterismo rampante. Su orgullo quedó maltrecho. Vio hundirse al mejor de sus submarinos; y barcos noruegos -no los propios- lo sacaron hecho un sarcófago de las profundidades. Antes, siendo todavía Unión Soviética, la explosión de la central nuclear de Chernobil y la humillante derrota en Afganistán, a la que Estados Unidos venció con un dedo, los hundió más aún.
Desde que Vladimir Putin, actual primer ministro ruso, ex agente de la tenebrosa KGB, ha declarado su propósito de reverdecer la gloria de Rusia. Pero nadie le ha prestado atención. Aplastó a cañonazos la resistencia en Chechenia, aunque enfrenta una cruenta guerrillas y terrorismo. Otra señal es la reciente prueba exitosa de un nuevo cohete, llamado "Topol", que "superó el sistema norteamericano de defensa anti-misiles", según reveló el diario "Kommersant".
Se trata, obviamente de una nueva generación de cohetes que reemplazará a los obsoletos actuales, sin alterar los tratados de limitación de de esas armas. ¿Estamos en los umbrales de una nueva Guerra Fría? No, no lo creemos. Pero indica que, en adelante, Estados Unidos estará bien acompañado en su actual frenesí armamentista.
En los tiempos de Ronald Reagan, parte de la intelectualidad norteamericana se dio al pesimismo. Decían que su país se había convertido en una "potencia de segundo orden", tras la derrota en Vietnam. Revertir ese mensaje fue la clave de su éxito. Y cuando asumió el poder centró todo los esfuerzos del aparato industrial de Estados Unidos, en recobrar su supremacía bélica y económica. En su empeño, es posible que hasta haya doblegado a Japón, manipulando resortes comerciales; los mismos que puede aplicar a China, cuando la situación lo aconseje. De cualquier modo, Reagan triunfó. La Unión Soviética se disolvió, el Muro de Berlín cayó y un nuevo orden mundial emergió de sus cenizas. No por gusto, el aeropuerto de Washington lleva su nombre. Ganó la Guerra Fría. En cambio, a Rusia le quedaron grandes las botas de Rasputín. Hoy sigue sumida en la crisis económica. La apertura del mercado sacó a la superficie sus peores vicios, el alcoholismo y la corrupción, seguido por el gansterismo rampante. Su orgullo quedó maltrecho. Vio hundirse al mejor de sus submarinos; y barcos noruegos -no los propios- lo sacaron hecho un sarcófago de las profundidades. Antes, siendo todavía Unión Soviética, la explosión de la central nuclear de Chernobil y la humillante derrota en Afganistán, a la que Estados Unidos venció con un dedo, los hundió más aún.
Desde que Vladimir Putin, actual primer ministro ruso, ex agente de la tenebrosa KGB, ha declarado su propósito de reverdecer la gloria de Rusia. Pero nadie le ha prestado atención. Aplastó a cañonazos la resistencia en Chechenia, aunque enfrenta una cruenta guerrillas y terrorismo. Otra señal es la reciente prueba exitosa de un nuevo cohete, llamado "Topol", que "superó el sistema norteamericano de defensa anti-misiles", según reveló el diario "Kommersant".
Se trata, obviamente de una nueva generación de cohetes que reemplazará a los obsoletos actuales, sin alterar los tratados de limitación de de esas armas. ¿Estamos en los umbrales de una nueva Guerra Fría? No, no lo creemos. Pero indica que, en adelante, Estados Unidos estará bien acompañado en su actual frenesí armamentista.