default

Nuevo proceso político venezolano


“La Casa de los Espíritus”, de la afamada escritora chilena, Isabel Allende es una obra llevada al cine que nos debe llevar a la reflexión. Un millonario hombre del campo chileno, se hace senador conservador de la República, en la búsqueda inocente de los eternos valores tradicionales de la sociedad. Lo sorprende, tal vez, el golpe de Estado más cruento que sufriere América Latina, con saldo de cientos de miles de desaparecidos y torturados, entre ellos, su hija, cuyo único pecado es ser una idealista más que se enamoró de uno de los jóvenes baluartes de la revolución de Allende.

Digo que invita a la reflexión en el plano familiar cómo una familia separada por valores políticos y sociales diferentes, termina hermanada por la humanidad, que es lo único a lo que se puede aferrar en medio de la carnicería a la que someten los militares a la sociedad chilena. Después de viejo, he venido a comprender, gracias a “La Casa de los Espíritus”, que la familia y los familiares son permanentes, mientras la política, no importa qué tan grandes sean las diferencias, es sólo circunstancial, temporal y hasta prescindible cuando se trata de la estimación de valores familiares.

Gracias a la mencionada obra, también he llegado a comprender cómo la izquierda pudo y puede ser tan imprudente como para retar a la derecha a romper con el orden constitucional de la manera como lo hizo Allende. Conozco muchos contemporizadores de la revolución de Allende y coinciden en que los desmanes y extremos a los que los socialistas llevaron la supuesta revolución fue la partera que dio a luz el golpe de Estado del fascismo.

Hugo Chávez quería tratar, una decena de años después, la misma receta para su desdichado país, con lo que denomina “el socialismo del siglo XXI”. Los venezolanos deben estar alertas, no sólo de las locuras megalómanas del tirano de turno, sino de cómo el péndulo de la política puede hacerlos caer peor, en las manos de un fascista de derecha. En su extrema miopía, Chávez nunca hubiera imaginado que éste tal vez hubiera sido la salida, para nada institucional, que sus compañeros de armas le hubieran deparado, si se hubiera atrevido a institucionalizar la trampa en las urnas.

No obstante, la lucha en Venezuela aún no ha terminado hasta que culmine el período de gobierno de Chávez, y éste entregue el poder a su sucesor, en elecciones democráticas, regidas por la Constitución que él sometió a la consideración del pueblo venezolano, y con el aval del Tribunal Supremo Electoral y la mirada atenta del instituto armado.

Mientras tanto, todos los venezolanos y todos los latinoamericanos, debemos dormir con un ojo abierto y el otro cerrado, hasta que el tirano haga mutis, y lo podamos echar al vagón de nuestros tristes recuerdos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América