Nuevos magistrados
La República por años ha tenido la desventura de que el conjunto de magistrados no haya sido siempre conformado por los más indicados, desde el punto de vista de su capacidad como de su integridad. El desempeño de una función que requiere ciudadanos de muy intrínseca valía personal, en muchas ocasiones, ha sido a base de compadrazgo, amistad o del tizne político del momento. Ello ha permitido que no se haya nombrado a los más conocedores del derecho ni a los más merecedores de reconocimiento y confianza.
Años atrás el Dr. Camilo Pérez, catedrático y magistrado, llegó a decir públicamente que el organismo estaba plagado de garrapatas. Y sin ir muy lejos, aún estamos saboreando el acre sabor del desengaño cuando un magistrado solicitó se abriera una investigación sobre la conducta de uno o más de sus colegas, y una llamada Comisión de Credenciales de la Asamblea Nacional sepultó la denuncia. Vemos con buenos ojos que se le haya abierto las puertas con el nuevo sistema de escogimiento a los miembros del Poder Judicial. Aunque no dudamos de la capacidad de muchos abogados para ejercer el cargo, nos regocija pensar que podremos ahora contar con la posibilidad de tener de nuevos magistrados a gente de larga trayectoria y conocedora del derecho y de los vicios del sistema. En Uruguay los magistrados son elegidos por los jueces que bien saben quién es quién entre ellos.