Nunca tantos hombres lloraron juntos
La marcha del 9 de Enero de 1964 fue algo tan espontáneo que no existió ni un solo antecedente de organización. Todo se hizo en el escaso tiempo que mediaba entre la finalización de la jornada matutina y el reinicio de las clases en la jornada vespertina como en la época se daba. Contamos con tan poco, que la única pancarta la diseño Rimsky, quién no tenía atributos de buen diseñador, por lo que de manera casi imprevisto, salimos al encuentro de la actitud tomada por los estudiantes zoneitas de la Escuela Secundaria de Balboa, quienes ocupados por los padres de familia, se oponían a la izada de nuestro Pabellón Nacional, tal cual habían acordado ambos gobiernos.
De algo estábamos seguros los que mayormente nos agitábamos en el movimiento estudiantil institutor, y era de la existencia de un aparato de inteligencia en la antigua Zona del Canal, que tan pronto ingresamos a ese territorio se hizo presente acompañándonos en todo el recorrido. Al llegar a las inmediaciones del Colegio de Balboa, luego de transitar lo que en otro artículo denominé la Senda Histórica, nos encontramos con un cordón de policías norteamericanos que no permitieron el acceso de los aproximados 150 estudiantes que realizamos la marcha. Se nos informó que sólo se permitiría el paso a una delegación para concretizar el único objetivo de nuestra acción: izar la bandera, cantar el Himno Nacional y retirarnos pacíficamente, tal cual como habíamos llegado. Sobre la marcha, la delegación fue el resultado de una consideración fundamental: estos compañeros no eran conocidos como destacados activistas del movimiento estudiantil, de manera que nos evitábamos que más tarde se señalara como que la manifestación era obra de estudiantes comunistas, como tradicionalmente los norteamericanos y aún sectores nacionales calificaban a estos movimientos. Nuestra intuición se cumplió en parte ya a través de RPC se transmitió un despacho de prensa, en el cual se sostenía que la manifestación fue obra de miembros del Partido Comunista, tan bien organizados que hasta camisas rojas llevaban, cruel difamación, porque se trataba de miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, conocidos como los camisas rojas que patrióticamente acudieron a socorrer a muertos y heridos, víctimas de un acto de barbarie que jamás se debió dar.
La delegación representaba a quienes por las consideraciones anotadas no podíamos estar donde originalmente habíamos soñado. Para el 31 de Diciembre de 1999 la historia fue distinta, ya no éramos 150 institutores sino miles de ellos, de todas las generaciones las que nos acompañaron y todos estuvimos presentes en el lugar previsto en 1964 (35 años después) con la excepción de aquellos que residen allende de nuestras fronteras (Jorge Mendoza, Toribio Espino y los que escapan a la memoria) y los que con tanto cariño y amor fraternal recordamos, porque se adelantaron en el único viaje en el que todos tenemos un pasaje reservado. A los compañeros Chombo Allen, Collado y Arjona la resignación de sus ausencias sigue siendo mayor que la alegría por decirles que hemos cumplido.
Cuando digo que tantos hombres lloraron no lo decimos como género, porque la presencia de las compañeras de siempre (Noris, Brenda, Rogelia, Natividad, Griselda, Amarilis, y otras más) fue la reafirmación del papel de la mujer panameña en esta lucha. Y qué decir del guía espiritual, el único docente que participó en la marcha del 9 de Enero, y que a través de la cátedra de Relaciones de Panamá con Estados Unidos nos permitió la toma de conciencia acerca de nuestros derechos como nación: el Profesor Carlos Arrieta de la Hoz ,quien igualmente se dio cita para concluir lo iniciado décadas atrás.
Hora después, y en el remanso de la residencia del hoy Dr. Rimsky Sucre en los Altos de Quarry Heights (otrora área exclusiva de Generales y Coroneles del Comando Sur), pudimos recuperarnos de la emoción de haber finalizado lo que quedó pendiente ese 9 de Enero de 1964, se inicia una amena conversación llena de recuerdos nostálgicos y de amenos recuerdos de nuestra época estudiantil, así como de profundas reflexiones sobre el futuro de ese bien por el cual tanta lágrima y sangre se derramó y a los que tantos contribuyeron.
Surge en la misma uno de los actos de mayor desprendimiento que he presenciado en mi vida, cuando el hoy Ing. Luis Vergara (Tito como es conocido), expresa que él sólo representó al grupo de institutores del 64, por lo que la condecoración otorgada por el anterior gobierno debió otorgársele al grupo como tal, por lo que su deseo y decisión es que la misma permanezca en el Instituto Nacional conjuntamente con una placa del nombre de todos aquellos que un 9 de Enero de 1964, escribimos una de la páginas más gloriosas de Panamá. Esto tendrá mayor significado que en la pared de su residencia, como un homenaje permanente a todos los participantes y como testimonio para las futuras generaciones a quienes corresponderán vigilar y luchar porque jamás se entronice otro enclave colonial en nuestra tierra.
Todo por la gloria institutora.
De algo estábamos seguros los que mayormente nos agitábamos en el movimiento estudiantil institutor, y era de la existencia de un aparato de inteligencia en la antigua Zona del Canal, que tan pronto ingresamos a ese territorio se hizo presente acompañándonos en todo el recorrido. Al llegar a las inmediaciones del Colegio de Balboa, luego de transitar lo que en otro artículo denominé la Senda Histórica, nos encontramos con un cordón de policías norteamericanos que no permitieron el acceso de los aproximados 150 estudiantes que realizamos la marcha. Se nos informó que sólo se permitiría el paso a una delegación para concretizar el único objetivo de nuestra acción: izar la bandera, cantar el Himno Nacional y retirarnos pacíficamente, tal cual como habíamos llegado. Sobre la marcha, la delegación fue el resultado de una consideración fundamental: estos compañeros no eran conocidos como destacados activistas del movimiento estudiantil, de manera que nos evitábamos que más tarde se señalara como que la manifestación era obra de estudiantes comunistas, como tradicionalmente los norteamericanos y aún sectores nacionales calificaban a estos movimientos. Nuestra intuición se cumplió en parte ya a través de RPC se transmitió un despacho de prensa, en el cual se sostenía que la manifestación fue obra de miembros del Partido Comunista, tan bien organizados que hasta camisas rojas llevaban, cruel difamación, porque se trataba de miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, conocidos como los camisas rojas que patrióticamente acudieron a socorrer a muertos y heridos, víctimas de un acto de barbarie que jamás se debió dar.
La delegación representaba a quienes por las consideraciones anotadas no podíamos estar donde originalmente habíamos soñado. Para el 31 de Diciembre de 1999 la historia fue distinta, ya no éramos 150 institutores sino miles de ellos, de todas las generaciones las que nos acompañaron y todos estuvimos presentes en el lugar previsto en 1964 (35 años después) con la excepción de aquellos que residen allende de nuestras fronteras (Jorge Mendoza, Toribio Espino y los que escapan a la memoria) y los que con tanto cariño y amor fraternal recordamos, porque se adelantaron en el único viaje en el que todos tenemos un pasaje reservado. A los compañeros Chombo Allen, Collado y Arjona la resignación de sus ausencias sigue siendo mayor que la alegría por decirles que hemos cumplido.
Cuando digo que tantos hombres lloraron no lo decimos como género, porque la presencia de las compañeras de siempre (Noris, Brenda, Rogelia, Natividad, Griselda, Amarilis, y otras más) fue la reafirmación del papel de la mujer panameña en esta lucha. Y qué decir del guía espiritual, el único docente que participó en la marcha del 9 de Enero, y que a través de la cátedra de Relaciones de Panamá con Estados Unidos nos permitió la toma de conciencia acerca de nuestros derechos como nación: el Profesor Carlos Arrieta de la Hoz ,quien igualmente se dio cita para concluir lo iniciado décadas atrás.
Hora después, y en el remanso de la residencia del hoy Dr. Rimsky Sucre en los Altos de Quarry Heights (otrora área exclusiva de Generales y Coroneles del Comando Sur), pudimos recuperarnos de la emoción de haber finalizado lo que quedó pendiente ese 9 de Enero de 1964, se inicia una amena conversación llena de recuerdos nostálgicos y de amenos recuerdos de nuestra época estudiantil, así como de profundas reflexiones sobre el futuro de ese bien por el cual tanta lágrima y sangre se derramó y a los que tantos contribuyeron.
Surge en la misma uno de los actos de mayor desprendimiento que he presenciado en mi vida, cuando el hoy Ing. Luis Vergara (Tito como es conocido), expresa que él sólo representó al grupo de institutores del 64, por lo que la condecoración otorgada por el anterior gobierno debió otorgársele al grupo como tal, por lo que su deseo y decisión es que la misma permanezca en el Instituto Nacional conjuntamente con una placa del nombre de todos aquellos que un 9 de Enero de 1964, escribimos una de la páginas más gloriosas de Panamá. Esto tendrá mayor significado que en la pared de su residencia, como un homenaje permanente a todos los participantes y como testimonio para las futuras generaciones a quienes corresponderán vigilar y luchar porque jamás se entronice otro enclave colonial en nuestra tierra.
Todo por la gloria institutora.