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Nushu, milenario lenguaje femenino


Hace más de un milenio y durante siglos, mujeres de algunas regiones de China, especialmente de la provincia de Hunan, fueron las creadoras y utilizaron una caligrafía sólo para mujeres; un modo de escribir críptico llamado nushu, compuesto por dos mil caracteres (algunos especialistas hablan de 6,000 caracteres); lenguaje que resultaba incomprensible para los hombres y cuyos hallazgos representan en la actualidad invaluables documentos para la historia de esa nación como para la historia del feminismo.
Este lenguaje femenino, se dice que fue inventado por la concubina de un emperador chino, con el cual ella y sus amigas podían comunicarse, el que plasmaban en diarios y en abanicos en los que escribían consejos, reflexiones íntimas, sentimientos, deseos, notas sobre guerras, etc., sin correr el peligro de ser descubiertas y castigadas.
Muchas de las mujeres que practicaban esta caligrafía ni siquiera sabían escribir el "han", o idioma chino oficial, porque a las mujeres se las mantenía analfabetas y cuidadosamente al margen de la vida intelectual, de tal modo que el nushu les otorgó el poder de la palabra escrita, lo que ocultaron celosamente para resguardar su invaluable medio de comunicación.
Al pasar los años, con el uso del lenguaje tradicional se fue perdiendo esta especie de código femenino, aunado al hecho de que en 1949, tras la revolución china, se inició un proceso de purga en el que las mujeres que usaban el nushu se enfrentaron a muchos problemas, incluso hasta el punto de que algunos le llamaban el lenguaje de las brujas, ya que muy pocas personas podían entenderlo.
A través de la historia, se observa que siempre que se producía un hecho o una situación en la que participaran las mujeres y que no tuviera una explicación lógica a los ojos de los hombres se le llamaba brujería, cosa del demonio, herejía, etc., y en no pocos casos las mujeres fueron condenadas a la muerte, no sin antes ser salvajemente torturadas.
En la actualidad sólo quedan unas diez ancianas octogenarias en toda China que conocen el nushu, razón por la que algunos/as investigadores/as están recogiendo y recopilando los escritos, para poder conservarlo como parte invaluable de su herencia cultural.
Uno de los documentos recuperados dice: "Los hombres se atreven a salir de casa para enfrentarse al mundo exterior, pero las mujeres no son menos valientes al crear un lenguaje que ellos no pueden entender". Otro señala: "Debemos establecer relaciones de hermanas desde la juventud y comunicarnos a través de la escritura secreta".
La creación de este lenguaje femenino demuestra una vez más, que en cualquier parte del mundo, las mujeres son poseedoras de una fuerza espiritual y solidaria que las impulsa a organizarse y que a pesar de todas las barreras y de los obstáculos que se le interpongan en el camino, ellas saben encontrar las vías hacia su liberación personal, intelectual y profesional.
Camilo José Cela sólo tuvo un hijo, fruto de su primer matrimonio. Ese hijo, Camilo José Cela Conde (hoy profesor en la Universidad de las Islas Baleares), recibió de sus padres, después del divorcio, una pintura por el afamado artista Joan Miró. Como en Europa esas pinturas se aprecian mucho, los medios españoles cubrieron con escándalo el paradero del cuadro, cuando, además de ser objeto de una disputa entre padre e hijo, se supo que el hijo lo había ofrecido a varias colecciones oficiales de Palma de Mallorca antes de que alguien lo sacara de territorio español.
Según los reportajes, un comerciante de arte barcelonés estafó a Cela Conde y sacó el Miró de España vendiéndolo apresuradamente por una pitanza de cien mil dólares a una galería italiana. Mal negocio: Hoy en día ese miró está avaluado en cerca de un millón de dólares. Parte de su rápida apreciación, naturalmente, se debe al hecho que una vez perteneció al famoso escritor. (Dicho sea de paso, ¿qué se hizo el valioso Murillo que tenía en su palacio el poderoso dictador panameño Manuel Antonio Noriega?)
El escritor Cela vivió sus últimos años, a pesar de sus achaques propios de la vejez, cómodamente. Manejaba un Rolls Royce, con el cual recorría su país. Era buscado por artistas de cine, profesores, políticos y académicos, y perseguido por reporteros. El rey Juan Carlos, su amigo, le otorgó el título de Marqués de Iria Flavia. Su segunda esposa le salió buena y le manejaba bien todos sus asuntos.
En 1989, en Estocolmo, durante una recepción de gala para todos los galardonados con el Premio Nobel ese año, la reina de Suecia se le acercó y le preguntó cómo se sentía. Con una sonrisa, Cela respondió: "jodido pero contento".
*Profesor en la Universidad de San Francisco, Estados Unidos.

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