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Nutrición y educación


Está más que probado que la educación primaria y preescolar tiene más impacto social como factor de cambio que la universitaria e incluso que la secundaria. Eso es explicable, entre muchas razones, por el hecho de que a temprana edad es que se sientan las bases para el aprendizaje humano y, sin ello, sería inútil todo esfuerzo para llevar educación en edad adulta, sin los sólidos cimientos de los primeros años.
El diálogo nacional en pro de la modernización de la educación ha concluido dejando un cúmulo de tareas por hacer. La elaboración de leyes y programas figura entre las iniciales. Hemos estimado que tomará años y acaso un par de generaciones para implementar las conclusiones, a lo que habrá de proceder bajo fórmulas flexibles, por lo cambiante del mundo de hoy, que obliga a navegar según el soplo del viento en tecnología y ciencias.
Pero mientras discutíamos de modernización, computadoras y globalización, nos olvidábamos de lo más elemental, el pobre estudiante sujeto de nuestros desvelos está desnutrido, incapaz de aprender nada a plenitud. Ese ha de ser el punto de partida y, si no lo atendemos, se desperdiciarán todos los esfuerzos y recursos porque el producto resultante, que es lo que finalmente cuenta, no llenará las expectativas que necesita el país.
Según cifras del coordinador nacional de nutrición del Ministerio de Salud, Francisco Lagrutta, el 40.3% de las mujeres en edad fértil (15-49 años) padece anemia. Ello es importante porque los hijos de madres en semejante estado nacerán igual, con deficiencias de arrastre durante los nueve meses de gestación, cuando se forma el cerebro y el sistema nervioso, vitales para el aprendizaje.
La anemia indica deficiencias de hierro, ácido fólico, vitaminas y complejo B, lo cual causa vulnerabilidad a las infecciones, bajo coeficiente intelectual y desgano.
Es posible que con un buen seguimiento de post parto, pueda remediarse parte de las deficiencias nutricionales congénitas. Lamentablemente, las cifras muestran todo lo contrario pues el 36% de los niños de edad preescolar (menores de cuatro años) muestra anemia nutricional al igual que el 47% de los estudiantes primarios. El problema no mejora sino que viene agravándose desde 1992 cuando el mal alcanzaba a 18% de los estudiantes de primaria. ¡Se ha pues más que doblado en siete años!
La desnutrición es consecuencia usual de la pobreza. Y como es lógico, en la población urbana pobre es de 11.5%, en la rural más del doble, el 27.7%; y el 50.1% entre la indígena contra el 17.5% entre la no indígena.
La solución está en crear una estrategia nacional de nutrición, sobre todo para los más pobres. Los programas escolares para ese propósito son ideales. No es sólo cuestión de un vaso de leche y una galleta nutricional.
Es menester dar un mayor seguimiento a la problemática y crear mecanismos de verificación constantes. Unicamente así tendremos alguna oportunidad de mejorar la educación algún día.c

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