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O Chávez o Hayek


Managua (AIPE)- Durante su visita a Nicaragua, la semana pasada, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías -el "hijo espiritual de Fidel Castro", como fuera catalogado en Le Monde, conocido diario izquierdista francés-, tuvimos oportunidad de escuchar de viva voz del mandatario sureño algunas de sus más profundas y caras convicciones. De entre todas las "perlas" del pensamiento chavista hubo una que me llamó poderosamente la atención. Dijo Chávez: "El neoliberalismo es el camino... al infierno". El término "neoliberalismo" es usado por la izquierda como una palabra-código que le sirve para, solapadamente, manifestar su desprecio por la economía de mercado, la libertad individual y la democracia representativa.
Hugo Chávez no se atreve abiertamente -todavía- a proponer el socialismo, ni ningún otro esquema colectivista de gobierno, como la alternativa deseable para Venezuela, sino que se escuda en la bandera de una supuesta "revolución bolivariana" que le permite ocultar sus verdaderas intenciones de, eventualmente, dar al traste con la economía de mercado, la libertad individual y la democracia representativa; es la misma táctica de quienes en el pasado se escondieron aquí en Nicaragua bajo el manto de la llamada "revolución sandinista" que, como se comprobó posteriormente, tenían intenciones y propósitos similares.
Unos días antes de la visita del "hijo espiritual de Fidel Castro" me tocó releer, de pura coincidencia, la obra Camino de servidumbre de Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974. Por supuesto que me resultó inevitable comparar el pensamiento de Hayek con el de Chávez.
En el libro del economista austriaco -escrito en sus "horas libres" entre 1940 y 1943-, está contenido, a mi juicio, el más claro y devastador análisis que se haya escrito hasta ahora de las consecuencias no intencionadas del socialismo.
Friedrich Hayek, que en su juventud fuera atraído por esa ideología, dedicó ese libro "a los socialistas de todos los partidos", ya que sabía que ellos abrigaban en su corazón un deseo sincero de crear una mejor sociedad. Pero la profunda capacidad observadora y analítica de Hayek lo llevaron al convencimiento que la implementación de las políticas socialistas -de manera no intencionada, pero irremediablemente segura-, llevarían a cualquier sociedad a las más férreas y abominables dictaduras. Por eso decía Hayek: "¿Acaso hay tragedia imaginable más grande que la que en nuestro esfuerzo deliberado por conformar nuestro futuro de acuerdo con elevados ideales, produzcamos, sin desearlo, exactamente lo opuesto a nuestro objetivo?".
La historia de la segunda mitad del siglo XX se encargó de confirmar hasta la saciedad la validez del pensamiento hayekiano. Ese mismo medio siglo demostró, además, que los países que incorporaron como parte de su sistema de vida y de gobierno todo aquello que Chávez y la izquierda latinoamericana y mundial aborrecen con apasionada y visceral convicción, son los que han logrado mejorar las condiciones de vida de todos sus ciudadanos dentro de un ambiente de libertad y de respeto a los derechos humanos.
No obstante, todavía quedan muchos socialistas -que aquí se autollaman sandinistas-, que se resisten a aprender de la historia. Es el caso, por ejemplo, de un sandinista que este fin de semana escribiera en un diario local que: "

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