Obama antes de la Cumbre de las Américas
Con la orden dada a su gobierno para que se ponga fin a las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba, el presidente Barack Obama ha enviado, en la víspera de la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, un mensaje claro, concreto y, sin duda, histórico hacia Cuba y la región: Los cambios con su gobierno serán posibles. Pero no hay que entusiasmarse excesivamente, pues éstos no vendrán solos. Hay que conciliar agendas e intereses.
Washington tiene claro que Cuba no es el único tema, aunque sí el primero. Por otro lado, las diferencias con el resto de la región persisten y son reales. Mientras Estados Unidos vive la crisis de sus excesos, que impactan globalmente al resto del planeta, en América Latina se vive la crisis de las carencias, la pobreza y la inequidad perpetua. Problemas no resueltos que, en muchos casos han generado la ola de gobiernos de izquierda en la región. Con este panorama, Obama se mostrará cauteloso durante la Cumbre, pero será firme en promover el tema del reforzamiento de la democracia. Seguramente lo hará mediante un llamado a respetar la Carta Democrática Interamericana de la OEA, adoptada el histórico 11 de septiembre de 2001 en Lima, pero que es un instrumento cuestionado por los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Aún así, el presidente estadounidense llegará a la Cumbre como un líder fortalecido entre los latinoamericanos por haber dado este paso trascendental con Cuba. Obama ha tomado la iniciativa y se ha anticipado a los presidentes latinoamericanos con medidas audaces que legitimizan su autoridad como líder mundial.
En general, la tónica del encuentro en Trinidad y Tobago podría ser de un Chávez celoso por falta de protagonismo, un Evo ausente y el resto de los mandatarios latinoamericanos sonrientes frente a un Obama aguardando respuestas menos intervencionistas del régimen de los hermanos Castro.