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Obama, polígonos y el Tratado de Neutralidad


Barack Obama, al tomar posesión como presidente declaró que es objetivo primordial de su administración recuperar el liderazgo mundial de los Estados Unidos en el mundo, sustentándose en los valores que han hecho fuerte a su país, antes que en su poderío militar. El mensaje es que cambiará el método; pero no sus prioridades.

Muchos que gobiernan y otros que aspiran a gobernar, al especular sobre lo que América Latina y, particularmente Panamá puede esperar del presidente Obama, olvidan que, por razones más que lógicas, no estamos entre sus prioridades. Su primerísima y urgente tarea es superar la recesión de la economía norteamericana. Estabilizar económicamente su país es, además, requisito indispensable para reposicionar a los Estados Unidos en el campo internacional. Una nación económicamente debilitada y altamente cuestionada como resultado de las políticas de su predecesor, tendría mayores dificultades para superar los retos de Irak, Afganistán, el conflicto israelí-palestino o la construcción de un nuevo orden económico mundial.

En el campo de las relaciones bilaterales, quienes tienen la responsabilidad de dirigir nuestra política exterior se han concentrado, primordialmente, en la aprobación del Tratado de Preferencias Comerciales, pendiente en el Congreso norteamericano.

Solo la miopía del gobierno de turno explica que siguiera pronosticando una pronta aprobación del TPC. El Congreso saliente nunca estuvo dispuesto a aprobarlo. Durante la campaña electoral hubo claras manifestaciones en ese sentido, incluidas las de la entonces senadora, aspirante presidencial y hoy Secretaria de Estado, Hillary Clinton.

En las actuales condiciones, a los congresistas norteamericanos les preocupará, primero, proteger su mercado interno y, segundo, acomodarse con los lineamientos de la nueva administración en materia ambiental y derechos laborales. Por tanto, debemos esperar que se propongan cambios a los textos ya negociados, como condición previa a su consideración por el Congreso de los Estados Unidos.

Cuando Obama esté en condiciones de volver la mirada hacia América Latina, sus prioridades serán México (inmigración y fronteras), Brasil (potencia emergente), Colombia (narcotráfico), Cuba (relaciones post-Fidel), y Venezuela por ser un importante suplidor de petróleo. Después se ocupará del resto de los países, incluido Panamá. La geopolítica la mueven los intereses y no las emociones.

Pensando con sentido realista, nuestro tiempo de espera debemos aprovecharlo para diseñar una estrategia diplomática que no esté circunscrita al TPC. Ese un tema netamente comercial que se resolverá condicionado a la evolución de la crisis de la economía norteamericana. Pero aprovechando la dimensión moral que el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha anunciado que estará presente en las relaciones de su país con el resto del mundo, sería importante prepararnos para tratar de avanzar en dos aspectos pendientes y que debieran ser norte de nuestras relaciones bilaterales: la limpieza de los polígonos y la revisión y eventual, eliminación, por mutuo acuerdo, del Tratado de Neutralidad.

En cuanto al TPC, la incompetencia del actual gobierno ha sido antológica; en lo de los polígonos, su conducta obsecuente y casi servil; y nunca hemos sabido que siquiera se haya atrevido a pensar en voz alta sobre la revisión del Tratado de Neutralidad. Ahí lo dejamos, por ahora.

101 años de Panamá América

 
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