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Obispos no pierdan la calma


Vivimos la nostalgia de un Panamá ideológicamente campestre y nos cuesta creer, comprender o comprender para creer que el Panamá de hoy ha sido permeado por patrones culturales y valores o mejor dicho, contra-valores de sociedades que han subalternalizado la parte espiritual y valorativa del hombre, para sobrestimar un materialismo que cosifica la integridad y dignidad de ese valor fundamental de la naturaleza, que es el ser humano.
No nos llamemos a engaño, las soluciones de antaño para problemas de hoy, no tienen ningún espacio o utilidad. La sociedad de hoy es una que está apoderada por el síndrome de una crisis global, que desde la base económica o material, se transmuta en lo psíquico, generando así esa dantesca realidad que describiera la periodista Erika Guerra, como de suicidios cotidianos, crímenes violentos, descuartizamientos y cuantos otros execras, que no hacen parte del pacto humano de la armonía, la paz y la convivencia fraternal. Algunos estudiosos religiosos dirían que estamos en las trasuntas de la venida del anticristo, juicio que respetamos, pero que tomamos como una alegoría y que describe el ambiente de contravalores que sacude a nuestro país.
Hay que tener mucho cuidado con las soluciones propias de la violencia institucionalizada o de la fuerza bruta estatal. No se trata ahora de "militarizar" o de sencillamente enfrentar el crimen con la fuerza bruta. Históricamente esta medicina tiende a agravar la crisis mencionada. Estamos ante un problema que demanda soluciones macro sociales y científica que deben tener como objetivo estratégico o finalista, la dignidad del ser humano. En esta lucha todos tenemos responsabilidades. No es fácil, ya que de alguna manera todas estas contradicciones que se derivan de la cultura de los antivalores y del crimen tocan nuestras puertas. Hoy, de alguna manera, por las razones que fuera, la Iglesia Católica ha recibido un coletazo de esa cultura negativa. Los obispos no deben perder la serenidad y el buen talante. Hasta el Vaticano ha sido sacudido por fallas funestas. En la adversidad, como dirían los hermanos cristianos, las almas buenas crecen y vencen.

101 años de Panamá América

 
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