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Objetividad, ni en dólares


En la Facultad de Comunicación Social, especialmente en nuestro Escuela de Periodismo, se nos insiste que una de las cualidades que se debe proyectar en la "mejor de las profesiones" (y una de las más peligrosas y letales, agregaría yo), es la objetividad.
El mensaje explícito que hay en esa palabra, pareciera desvirtuar cualquier intento, consciente o no, de que el periodista plasme no el hecho noticioso en sí, sino sus criterios personales. Me atrevo a comentar, y ojalá mis profesores no lean este artículo, que en la narración de cualquier acontecimiento va incluida la percepción personal del que narra, lo que disminuye el margen de supuesta objetividad pura que algunos exagerados exigen.
Gracias a nosotros, los comunicadores, y al tecnicismo evolucionado en las comunicaciones, el mundo conoce los acontecimientos al instante, por distante que éstos sean.
Las noticias bélicas acaparan la atención, razones obvias. Sin embargo, hay un belicismo que si bien no mata, sí deja en el camino algunos heridos, me refiero a las "guerras comerciales" que se dan entre diversos países, pese a los elaborados textos de los "acuerdos de paz previos", (léase OMC o TLC o acuerdos regionales).
Dentro del marco de la Organización Mundial del Comerico (OMC), se han suscrito acuerdos mercantiles multilaterales y bilaterales entre naciones que por sus vínculos históricos y coincidencias culturales, presuponían un real acoplamiento en el terreno económico. No obstante, en algunos casos, esto no ha resultado así, sino más bien fuentes de conflictos en cuanto a la forma en que las dos partes involucradas le dan el giro interpretativo a los puntos previamente acordados con toda la "objetividad" que involucra realizar acuerdos económicos que cuantifican dólares.
Estos conflictos, que no tienen porqué darse en este tipo de acuerdos con puntualizaciones específicas, nos confirman la capacidad creativa de nuestras respectiva burocracias para, donde no los hay, formarlos.
Un caso que me llama la atención, lo constituye el actual conflicto entre Honduras y República Dominicana, en relación a las exportaciones de cigarrillos que el primero hace al segundo, y que es reconocido como un mercado importante de este producto en el área del Caribe.
La fuente primaria de estos conflictos entre ambos países la constituyen las adiciones que República Dominicana ha estado realizando unilateralmente a los términos de los acuerdos iniciales violando, aparentemente, normas de la OMC, que afectan tanto en lo económico (creando tributos adicionales), como en los procedimientos operativos, haciéndolos más complicados, como en el caso de adherir las estampillas al llegar el producto al país dominicano. Ello implica abrir las cajas y cartones para luego volver a cerrarlas. He leído, reiteradamente, que Panamá, miembro de la OMC, está en negociaciones bilaterales con fines de acordar diversos tratados de libre comercio. Uno de ellos con República Dominicana.
Pido a nuestros negociadores que lean los textos y las letras chiquitas, en la misma forma como nuestros profesores nos exigen que hagamos con "objetividad"

101 años de Panamá América

 
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