Obligación cívica
Luego de haber transcurrido más de tres años de gobierno arnulfista, estamos seguros de que los recientes sondeos de opinión, sobre su gestión administrativa, no son más que una cruda y amarga realidad para todos los panameños. Creo, sin temor a equivocarme, que como ciudadano de este país, no sólo votaré en contra del actual gobierno en el futuro (tal como lo he hecho siempre), sino que me dedicaré a promover sus tristes obras, de modo que otros realicen acciones similares a las mías. Esto debo hacerlo por considerarlo una obligación cívica, la cual no busca otra cosa que tratar de librar al país en el futuro de semejante incapacidad administrativa. Para los partidos políticos, reales vehículos de difusión masiva de los que debe ser el interés común, esta obligación cívica va más allá.
El concepto de la organización partidista y sus deberes para con la población nacional, debe llevar sus génesis en lo que significa el bien común. Este concepto, aunque idealista, debe ser real, al menos al momento de señalar lo que conviene a cada uno de estos colectivos, dependiendo claro está, de las circunstancias en las que se encuentren en un momento dado. Es así como, a los partidos políticos de oposición se les facilita el principio de crítica a la administración del momento, algo casi imposible de lograr para los que son aliados al régimen. Con la salida de Alberto Vallarino de la escena política electoral, se reafirmaron tres cosas: Una, que el pre-candidato Martín Torrijos se afincará en las preferencias.
La segunda, que el gobierno se acercaría a la lona en popularidad y en perspectiva electoral futura.
La tercera, que existe un espacio en la mente de los panameños para un voto diferente del bipartidismo. La llamada Tercera Fuerza, la cual presenta, a este momento una realidad proyectada, superior al 20% de preferencias.
Otras cosas además han sucedido, así, Solidaridad anuncia entre líneas que es independiente de forma institucional (el partido de Alberto y su familia no favorecerá en el futuro nada que se parezca a la línea de la cúpula arnulfista).
Cambio Democrático sale del gobierno y alega públicamente que junto a su presidente Martinelli, es la tercera fuerza. El Partido Liberal Nacional amaga y no concreta su futuro apoyo al proyecto arnulfista, no se da ni se logra la jefatura del Ministerio del Canal (¿No acepta el compromiso?)
Surge con fuerza la figura de Guillermo Endara, favorecido en los sondeos de opinión, que lo consideran opuesto a la política de Moscoso y que, sumado a la buena o regular obra que realizó como Presidente de la República, alcanza altos niveles de popularidad.
Entre todo esto, el movimiento visible es el de los directivos del gobierno, quienes al planchar la figura de Alberto Vallarino, se consideran líderes del boicot y ahora intentan lo mismo con Guillermo Endara. En esta misma línea va Martinelli, quien presume que la candidatura de Endara no fructificará y él (Cambio Democrático) obtendrá la mayor parte del 20% de simpatía hacia la llamada tercera fuerza.
Si el Partido Solidaridad y el Partido Liberal Nacional postulan a Guillermo Endara no sólo sobreviven como colectivos políticos, sino que sepultan al arnulfismo y su futuro a corto y largo plazo, brindándole al pueblo la oportunidad de prescindir de los servicios arnulfistas por los próximos diez o quince años. La imposibilidad de obtener escaños dentro de los gobiernos locales por un período de cinco años, haría desaparecer la probabilidad del retorno arnulfista al poder en el año 2009. Todavía hay que ver la orientación que tomará el Partido Molirena con una postulación presidencial de Guillermo Endara. Somos de opinión de que la probabilidad de Endara a ser postulado está en manos del PRD y no del Partido Arnulfista. El PRD, como líder de la oposición y partido mayoritario del país, debe responder a su obligación cívica de no permitir la vuelta al poder de los actuales gobernantes.
La condición de un gobierno de unidad nacional basado en los resultados electorales y su representatividad gubernamental sería una fórmula ideal en principio, a la cual se le adscribirían otros elementos importantes.
Lo cierto es que todo indica que el PRD y su candidato ganarán sin apremio los próximos comicios electorales.
Los movimientos que se realicen en función de la aplicación de la política a futuro en la búsqueda de un buen gobierno, en estos momentos, son exclusivos del criterio al respecto de nuestros futuros gobernantes.
El concepto de la organización partidista y sus deberes para con la población nacional, debe llevar sus génesis en lo que significa el bien común. Este concepto, aunque idealista, debe ser real, al menos al momento de señalar lo que conviene a cada uno de estos colectivos, dependiendo claro está, de las circunstancias en las que se encuentren en un momento dado. Es así como, a los partidos políticos de oposición se les facilita el principio de crítica a la administración del momento, algo casi imposible de lograr para los que son aliados al régimen. Con la salida de Alberto Vallarino de la escena política electoral, se reafirmaron tres cosas: Una, que el pre-candidato Martín Torrijos se afincará en las preferencias.
La segunda, que el gobierno se acercaría a la lona en popularidad y en perspectiva electoral futura.
La tercera, que existe un espacio en la mente de los panameños para un voto diferente del bipartidismo. La llamada Tercera Fuerza, la cual presenta, a este momento una realidad proyectada, superior al 20% de preferencias.
Otras cosas además han sucedido, así, Solidaridad anuncia entre líneas que es independiente de forma institucional (el partido de Alberto y su familia no favorecerá en el futuro nada que se parezca a la línea de la cúpula arnulfista).
Cambio Democrático sale del gobierno y alega públicamente que junto a su presidente Martinelli, es la tercera fuerza. El Partido Liberal Nacional amaga y no concreta su futuro apoyo al proyecto arnulfista, no se da ni se logra la jefatura del Ministerio del Canal (¿No acepta el compromiso?)
Surge con fuerza la figura de Guillermo Endara, favorecido en los sondeos de opinión, que lo consideran opuesto a la política de Moscoso y que, sumado a la buena o regular obra que realizó como Presidente de la República, alcanza altos niveles de popularidad.
Entre todo esto, el movimiento visible es el de los directivos del gobierno, quienes al planchar la figura de Alberto Vallarino, se consideran líderes del boicot y ahora intentan lo mismo con Guillermo Endara. En esta misma línea va Martinelli, quien presume que la candidatura de Endara no fructificará y él (Cambio Democrático) obtendrá la mayor parte del 20% de simpatía hacia la llamada tercera fuerza.
Si el Partido Solidaridad y el Partido Liberal Nacional postulan a Guillermo Endara no sólo sobreviven como colectivos políticos, sino que sepultan al arnulfismo y su futuro a corto y largo plazo, brindándole al pueblo la oportunidad de prescindir de los servicios arnulfistas por los próximos diez o quince años. La imposibilidad de obtener escaños dentro de los gobiernos locales por un período de cinco años, haría desaparecer la probabilidad del retorno arnulfista al poder en el año 2009. Todavía hay que ver la orientación que tomará el Partido Molirena con una postulación presidencial de Guillermo Endara. Somos de opinión de que la probabilidad de Endara a ser postulado está en manos del PRD y no del Partido Arnulfista. El PRD, como líder de la oposición y partido mayoritario del país, debe responder a su obligación cívica de no permitir la vuelta al poder de los actuales gobernantes.
La condición de un gobierno de unidad nacional basado en los resultados electorales y su representatividad gubernamental sería una fórmula ideal en principio, a la cual se le adscribirían otros elementos importantes.
Lo cierto es que todo indica que el PRD y su candidato ganarán sin apremio los próximos comicios electorales.
Los movimientos que se realicen en función de la aplicación de la política a futuro en la búsqueda de un buen gobierno, en estos momentos, son exclusivos del criterio al respecto de nuestros futuros gobernantes.